“TEN COMPASIÓN”

Veo a tanta gente sin hogar, vagando; buscando un refugio…

Pienso entonces si la vida es injusta o es una forma en que Dios nos recuerda su mandato:

“Ama a tu prójimo como a ti mismo”; así nace en mí el valor de la Compasión

 

Por Alejandrina Seaman

La palabra Compasión se deriva del latín, y su significado literal es “sufrir juntos”. Es una emoción humana que se manifiesta al momento de ver sufrir a otra persona o grupo de personas, y es combinada con el deseo de querer hacer algo para resolver o aliviar el dolor del otro.

En nuestro mundo existen millones de personas que se encuentran en desgracia, miles que viven sin tanto pesar, y muchas otras que desgraciadamente no se dan cuenta de que existen aquellas que están sufriendo.

La condición del ser humano es vivir exclusivamente para uno mismo, no volteamos a ver ni siquiera a nuestro vecino, que quizá pueda estar pasando por un mal momento; si veo que me puso mala cara “¿por qué tendría yo que echarle la mano?, ¡ni siquiera me sonríe!”, podríamos decir. Sin embargo, la compasión nos dice que debemos ir mas allá de lo que nuestros ojos ven. Debemos aprender a mirar con el corazón, y a entender que estamos en este mundo para ayudar a cargar la cruz del otro, o por lo menos, a no echarle más carga haciéndonos los orgullosos y huraños con los demás.

 

COMPASIÓN: ¿CUESTIÓN CULTURAL?

Es increíble como en otras culturas le dan mucho valor a la Compasión;  por ejemplo, los budistas lo han tomado como una actitud espiritual propia, en la que todo ser vivo merece esa piedad cuidadosa (como le llaman ellos), ayudándoles a elevarse más allá de lo terrenal.

En el contexto cristiano, la Compasión significa compartir; ser empáticos con el otro, o como decía el Apóstol Pablo: “Reír con los que ríen, llorar con los que lloran”. Por otra parte, muchos asocian la Compasión con sentir lástima por el otro, pero sin el acto solidario; aquella acción que nos mueve a hacer algo por el otro, y sin la cual, este valor carecería de algún sentido.

Así que ser Compasivos no es sólo decir: ¡pobrecito, cuanto lo siento!, sino en la medida de lo posible, ofrecer un apoyo, echarle la mano; dar una palabra de aliento.

Muchos pensarían que sólo con dinero se puede apoyar y no es así.  Hay muchas maneras de poner un granito de arena y ayudar a aligerar la carga que llevan otros en este mundo.

Yo te invito este mes a que no te ciegues a la realidad. Quizá a ti no te hace falta nada. Quizás creas que tu vida está resuelta, y si es así, con mayor razón tienes una tarea muy grande: ¡Ayuda!, ¡comparte!, ¡da desinteresadamente!;  recuerda que lo que sembramos cosechamos; todo a su tiempo.

La vida da muchas vueltas. Quizá algún día estemos en el lugar del que necesite misericordia y compasión de otros. Hazlo hoy por ellos, que mañana Dios lo hará por ti. ¡Hasta la próxima!

Para comentarios alexaseaman@hotmail.com

 

 

 

 

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