¿Qué hay en una botella de vino de Baja?

¿Qué hay en una botella de vino de Baja?

POR CATADORA DE LA BAJA

PRIMERA DE DOS PARTES

 

Lo que hay es un líquido proveniente de la fermentación del jugo de la uva cuya composición química está dada por agua en un 75-88%, alcoholes entre un 10-15% etílico, glicerol; ácidos tartárico, láctico, málico, acético, succínico; vitaminas como la tiamina, la riboflavina, ácido ascórbico, componentes fenólicos, minerales y por supuesto las sustancias volátiles y aromáticas. Sin embargo, el néctar de Baco es mucho más que los mil constituyentes químicos; es el espíritu de la viña encerrado en una botella, porque cuando sale, es capaz de inspirar igual a poetas que a escultores.

 

El vino y la religión

En el vino encontramos simbolismos, destacando el cristiano, en donde en la última cena Jesús pasa a sus discípulos el cáliz con vino símbolo de su sangre, y que hoy se sigue levantando desde misa de 6 am.

 

El vino es historia

La conquista de América además del aspecto comercial fue también una conquista espiritual por lo que era necesario contar con la sangre de Cristo para replicar el acto litúrgico, así que la vitivinicultura del continente americano entra por México, y de ahí se expande al sur hacia Perú, Chile, Argentina, y al norte, hacia la Alta y la Baja California.

Es sabido que en el continente americano existían vides silvestres a la llegada de los europeos: Vitis rupestris, Vitis labrusca, Vitis berlandieri llamadas cimarronas por algunos misioneros como Miguel del Barco por lo que la vitis vinífera específicamente la cepa o varietal Misión logró una adaptación inmediata.

Misioneros jesuitas, posteriormente dominicos y franciscanos plantaron vides y elaboraron el vino para la misa y para su consumo personal, y sólo así entiendo

el cómo estos hombres valientes, a pie y apenas con algunas mulas, lograron hacer la fundación de las misiones de la Alta y la Baja California.

No cabe duda que el que circulara por sus venas la sangre de Cristo les dio esa entereza y coraje para tremenda obra de trascendencia histórica, y gracias a la cual hoy tenemos vino.

 

La riqueza de la multiculturalidad

La constante llegada de españoles, italianos, rusos va enriqueciendo el viñedo bajacaliforniano con variedades como palomino, moscatel, rosa del Perú, tempranillo, nebbiolo y barbera, y personajes como Porfirio Díaz, en su afán de afrancesamiento, permitió la importación masiva de vides.

Así, cabernet sauvignon, pinot noir, chardonnay, syrah, viognier, petit verdot…fueron apareciendo en la escena y con ello se fue nutriendo y tapizando el paisaje de nuestros valles vinícolas, con sus altibajos históricos también.

Escuelas diversas representadas por los enólogos y winemakers de la región hacen también que la variedad en la elaboración de estilos y técnicas del hacer el vino  de BC sea tan variopinta:  escuela española, francesa, italiana, chilena, suiza dan fé de esto.

 

La agroindustria y el enoturismo

La agricultura de la vid, ha desarrollado en nuestra región la agroindustria y el enoturismo; el espectáculo natural de un viñedo es único, ver cómo de estar dormida la viña se convierte en maravillosos racimos de fruta que darán origen al vino es fascinante.

Plantaciones, podas, floración, vendimias, control de plagas asi como el trabajo de bodega: cosecha, selección, despalillado, fermentación alcohólica, descube, prensado, fermentación maloláctica, crianza, envejecimiento… es el trabajo de mucha gente que merece todo nuestro respeto. Por eso, cuando alguien ligeramente dice esta casa hace malos vinos, desconoce lo que encierra una botella de vino.

Puede ser que el vino tenga un defecto o que haya sido mal tratado después de su embotellado, y que en efecto le llegue en mal estado a la mesa, pero créanme, ningún enólogo quiere hacer vinos malos. El tema del cuidado del vino, es tema a tratar en otra oportunidad por la envergadura que esto representa.

Botella, corcho, etiqueta, contraetiqueta, cápsula, diseño y mucha creatividad visten también una botella de vino de BC.

 

La ruta del vino

El territorio donde crece la vid hace del paisaje una belleza y que en torno a su ciclo biológico se celebren fiestas como la de la flor o la vendimia y que de esta integración de recursos naturales con recursos culturales se haya creado un producto turístico: La Ruta del vino que comienza con la puerta norte, es decir los valles de Tecate con presencia de vinícolas en los valles de Tanamá y San Valentín para unirse con la que conglomera a la mayoría de proyectos: el corazón de la ruta con los valles de Guadalupe, San Antonio de las minas una extensión al este con Ojos Negros y al sur con los valles de Santo Tomàs, San Vicente, Ejido Uruapan llamada la antigua ruta del vino.

Esto hace que el consumo de vino recreativo tome un papel protagónico, y que haya mayor apreciación del líquido, así como el desarrollo de una cultura emprendedora local.

Hoy el vino de Baja es una expresión de desarrollo regional, que en el pasado estaba desvinculada de sus pobladores, y que poco a poco se va tejiendo conjuntamente.

 

El vino es el espíritu de la viña encerrado en una botella, porque cuando sale, es capaz de inspirar igual a poetas que a escultores.

 

Comentarios

comentarios

Deja una respuesta