¡No me odies por ser bonita!  Síndrome de la amapola alta

¡No me odies por ser bonita!

Síndrome de la amapola alta

POR MARU LOZANO

Evitar que las más destacadas florezcan, es decir, se es odiada por notable, eso significa este síndrome.

Dicha actitud aparece desde los libros de Heródoto, en un relato de Livio y en las reflexiones de Aristóteles.

En época romana, el gobierno tomaba un palo y lo pasaba por encima de las amapolas del jardín, cortando así las amapolas más altas en señal de inhibir aquellos posibles enemigos, ¡los más destacados!

Esta forma de pensar y proceder ha pasado de generación en generación, y por eso se llama “Síndrome de la Amapola más Alta” o “Tall Poppy Syndrome”.

¿Eres la más guapa, inteligente, talentosa, creativa, con habilidades espectaculares? ¿Te sucede que: te detestan por ser así?

Tal fenómeno social que aún en este siglo se vive, hace que las personas con mérito, eminentes o destacadas, sean criticadas, menospreciadas y atacadas por los que están en el poder.  ¿Ejemplos de víctimas?  Están Eleanor Roosevelt, Martin Luther King, Mandela, Gandhi, entre otros que fueron dañados por atreverse a proyectar diferente a los demás.

Esto nos puede pasar en todos los campos como en la empresa, en la escuela, en las asociaciones, incluso ¡en la casa!  Pero, ¿qué hace que destruyamos lo mejor de la sociedad?  Simplemente el miedo.  El pavor de los controladores que, como autoridades, matan el crecimiento y nulifican las ideas de hacer las cosas de manera diferente.

¿Qué resultado existen cuando nos cortan?

Las que padecen “el recorte”, son empujadas a la mediocridad, son desplazadas y silenciadas a través de la crítica constante y del acoso psicológico, amenazando y presionándolas gracias al poder que se ejerce.

No nada más quien está en posición “poderosa” o de jerarquía ventajosa puede hacer esto, también un igual, un compañero, una pareja, un hijo, un “otro” cualquiera, podría aprovechar la debilidad y baja auto-estima, para evitar que sobresalga alguien, a manera de agresión.

Debemos cambiar nuestro chip interior, y dejar de permitir que se premie la medianía, para dar paso al talento y la genialidad que tanta falta hace hoy día, porque ya hay fosas llenas de amapolas altas.

 

¿Qué hacer si eres la víctima?

  • Estar conscientes de que el ecosistema está cercado con ese muro de contención para que no predomines.
  • Buscar los atajos, lugares y situaciones que permitan nuestra innovación y desarrollo.
  • Analizar las posibilidades, recursos materiales y humanos con los que podrías contar para replegarte y florecer.
  • Si tu síndrome de la alta exposición genera inseguridad y amenaza, no te dejes cortar, aprovéchate y ve para otro lado.
  • Si te exigen demasiado o minimizan tus logros, genera para los realmente necesitados.
  • Nunca asumas “bajo perfil” pensando que no podrías vivir de otra manera. Con tu talento, ¡claro que puedes!
  • No confundas humildad con mediocridad y conformismo.
  • No creas que eres soberbia, ¡eres habilidosa!
  • La cercanía aumenta la tiranía. Si te alejas, difícilmente se puede actuar sobre ti. No des tu atención física, virtual, emocional ni espiritual.

 

Es obvio que el síndrome de la amapola alta habla más del emisor que del receptor cocinando un caldo que saca vapores tóxicos irrespirables, frustrándonos a todos y orillándonos a la quietud.

Lo correcto es destacar y permitir que se destaque.  Sumar, ganar-ganar, adiestrar y dejarse adiestrar también.  Arriesgarse al éxito de manera colectiva es lo que deberíamos todos fomentar para lograr que, desde casa, se siembre y coseche en campos virtuosos.  Invitemos a todos a destacar genuinamente sin imponer límites engañosos, porque definitivamente, para todos sale el Sol.

Comentarios

comentarios

Deja una respuesta