Los hombres también lloran;  que demuestren sus sentimientos

Los hombres también lloran;

que demuestren sus sentimientos

 

POR DRA. GRACIELA JIMÉNEZ

 

Una de las principales consecuencias de la situación que actualmente vivimos, es la pérdida del empleo y la disminución del ingreso, provocando en el hogar: tensiones, discusiones, y problemas en la comunicación.

Como culturalmente el peso del proveedor lo tiene en su mayoría el hombre, es visto como signo de debilidad el demostrar que la están pasando mal, por lo que NO demuestran sus sentimientos.

Para algunos, mostrar preocupación, tristeza, o reconocer que tienen problemas, son sinónimos de debilidad o pérdida del control, pues en algunos hogares todavía prevalece la dinámica del jefe de familia que se encarga de proveer y cubrir las necesidades de la casa, por lo que casi no pasa tiempo en el hogar, pues no debe descuidar sus responsabilidades laborales.

Levantarse temprano, alistarse, desayunar algo rápido y despedirse de carrerita de la pareja y los hijos, así como trasladarse al trabajo en medio del agobiante tráfico, donde pasará la mayor parte de su día, será un sacrificio que ese hombre hará todos los días para brindar lo mejor a su familia, y sentirse orgulloso de que ello traerá recompensas.

 

PERO, ¿QUÉ PASA CUANDO TODO ESTO CAMBIA, Y NO HAY TAL RECOMPENSA?

¿Qué pasa cuando de repente todo cambia, y como ahora, nos golpea una pandemia que modifica las reglas del juego, sacudiendo nuestros planes? Lo cierto es que desde que se dio el contagio en nuestro país, se han perdido miles de empleos. Un día la persona vive su rutina, y al otro, ya no puede mantener su estilo de vida.

La incertidumbre laboral y las repercusiones económicas son estresores suficientes para que todos en la familia lo resientan, pero mientras algunos se adaptan, otros viven en una tormenta.

“Una casa es indestructible cuando está sostenida por un padre valiente,

una madre prudente y un hijo obediente”

Confucio

 

¿QUÉ ES LO IDEAL HACER?

Lo ideal sería platicar los problemas, compartir con la familia sobre la situación económica, planear juntos para tomar decisiones relacionadas con el ahorro y los gastos, y evitar el endeudamiento. Pero la realidad no es tan sencilla, sobre todo para los hombres.

Desde la infancia, en algunos hogares se enseña que el hombre es una figura de autoridad y poder, que NO siente nada, y NO debe demostrar sentimientos, porque denotan debilidad. Por ello se les prohíbe llorar y solicitar ayuda, porque ello sería un atentado en contra de su hombría.

Al pequeño se le bombardea con frases, como: “los valientes no lloran”, “la tristeza es una debilidad”, “si no te muestras fuerte, no eres lo suficiente hombre”.

Este tipo de modelos de crianza, va moldeando una persona fría o distante, que no busca ayuda, y cree superar todas las adversidades por sí mismo.

 

Pero, esta manera de pensar predispone y magnifica la situación, colocando al caballero en desventaja, pues se muestra firme, aunque por dentro esté devastado, sin saber cómo solucionar el problema.

Durante esta época, el riesgo de padecer una depresión mayor, así como trastornos de ansiedad, genera cambios que la persona no reconoce, pero que el resto de la familia, sí nota, cómo:

–     Estar enojado la mayor parte del tiempo.

  • Mostrar poca tolerancia a la frustración.
  • Presentar constantes arrebatos de furia.
  • Encontrarse cansado la mayor parte del día.
  • Tener desinterés por convivir con la familia.
  • Abandonar pasatiempos o actividades recreativas.
  • Presentar cambios en la manera de comer.
  • Tener un sueño no reparador.
  • Ser presa de constantes malestares físicos, cómo dolor de cabeza o muscular.
  • Preocuparse demasiado por situaciones cotidianas.

 

Estos problemas, muchas veces vienen acompañados por el aumento en el consumo así alcohol, así como de sustancias prohibidas, porque algunos hombres, en lugar de platicar sus problemas o pedir ayuda, deciden refugiarse en la bebida o en dichas sustancias.

Esto agrava la situación, provocando que la persona explote fácilmente, que descuide su arreglo y sus actividades, que disminuya el tiempo con la familia, y empeore la relación de pareja y con los hijos.

 

Entonces, ¿qué hay que hacer?:

  • Platicar los problemas.
  • Establecer horarios.
  • Realizar actividades en conjunto con la familia.
  • Guardar espacios para actividades recreativas.
  • Evitar consumir sustancias cuando uno no se encuentra bien emocionalmente.
  • Evitar decir o actuar, cuando uno no está bien emocionalmente.
  • Mostrar sentimientos con la familia.
  • Solicitar ayuda.

 

Lo cierto es que para algunos hombres, buscar ayuda o mostrar un poco de sus sentimientos, resulta difícil, por temor a perder su lugar dentro del hogar. Por ello, si usted o alguien cercano presenta cambios en su estado de ánimo o comportamiento, o si ha incrementado el consumo de alcohol o sustancias prohibidas, busque ayuda. Recuerde que la peor ayuda, es aquella que uno no busca.

 

*La autora es médico psiquiatra.

Comentarios

comentarios

Deja una respuesta