Lo que mi hermana quería que supieras

Por Cecilia Castellanos Barone

 

Después de concluir mi escrito sobre la maternidad y con la intención de entregarlo a Paty, la editora en jefe de la Revista Mujer Actual, me encontré con la necesidad de revisar qué más había escrito yo sobre este tema, y ante mis ojos apareció un ensayo titulado “Lo que quería que supieras”. Lo escribió hace algunos años mi hermana Marcela.

Después de leer y meditar las vivencias que mi hermana ahí compartía, tomé la decisión de renunciar a lo que pretendía ser mi colaboración, y compartir contigo lo que mi hermana “quería que supieras”.

 

“¿Qué se siente tener un hijo?”, me preguntaba una amiga mientras ella esperaba la llegada de su primer hijo.

En ese momento recordé el nacimiento de cada uno de mis hijos, y quise decirle que muy pronto olvidará el malestar del embarazo y el dolor del parto, ya que nada de eso importará en el momento en que por primera vez tenga entre sus brazos a su hijo recién nacido; que si bien es cierto que de hoy en adelante dormirá mucho menos, siempre recordará ese momento y lo llevará grabado en su corazón.

Quise decirle que el cansancio y el agotamiento en esas noches de desvelo, desaparecerán el día que ese pequeñito la vea a los ojos y le sonría; que no le cabrá el corazón de gozo cuando se dé cuenta que antes de entender sus palabras, ese bebé entenderá perfectamente su amor; que cuando alguien le pida los brazos y él busque sólo los de mamá, sentirá que ha probado el cielo.

Quise decirle que se volverá experta en reconocer por qué llora su hijo, en curar heridas con un beso, en quitarle miedos sólo con un fuerte abrazo. Que se le hará un nudo en la garganta el primer día que lo deje en maternal y querrá llorar cuando vea que se le olvidaron sus líneas en su primer festival escolar; que no dormirá el día que se encuentre enfermo y le prometerá a Dios cualquier cosa por imposible que parezca, con tal de que se lo alivie.

Quise decirle a esa mamá que la palabra “sacrificio” ya no tendrá una connotación negativa, sino que se convertirá en un privilegio, en un honor y en una forma de vida; que su corazón saldrá lastimado cada vez que su hijo salga lastimado; que algún día va a querer cambiar todo el dolor, el odio, las injusticias y la discriminación que hay en el mundo, no sólo por su hijo sino también por cada niño que viva en este mundo.

Quise explicarle del horror que sentirá cuando su hijo se le separe en el supermercado; que sentirá que su corazón se acelera y que el tiempo no avanza mientras recorre los pasillos llamándolo por su nombre y que lágrimas inundarán sus ojos cuando lo vea aparecer corriendo hacia ella; lo abrazará con todas sus fuerzas y le dará gracias a Dios por que se encuentra a salvo entre sus brazos.

Que en sus encuentros de béisbol contendrá la respiración cada vez que su hijo esté al bat, y sin importar las veces que lo ponchen le asegurará que la próxima vez bateará un cuadrangular.

Quise hablarle de lo mucho que amará a su esposo cuando lo vea abrazar y besar a su hijo, y que su amor de pareja crecerá conforme su hijo vaya creciendo.

Quise decirle lo duro que será ver a su hijo cometer errores, sobre todo los mismos que uno ha cometido, y que tendrá que dejarlo aprender de ellos como uno aprendió. Que en su etapa de adolescente, la odiará un día y al día siguiente la amará, pero que no importa lo que pase, él siempre será su hijo y ella siempre será su madre.

Quise decirle lo doloroso que será verlo partir para que vaya en busca de sus sueños, para que empiece a vivir su propia vida, y cómo querrá en ese momento regresar el tiempo para que vuelva a ser su pequeño.

Mi corazón se estremeció al pensar en todos los sentimientos tan maravillosos que ella experimentará al ser madre, en el amor inagotable que sentirá a partir de ese momento, en saber que eres capaz de darlo todo, hasta tu propia vida por esa criaturita indefensa que significa todo para ti. 

Quise decirle tantas cosas, y sin embargo sólo le respondí que tener un hijo es el regalo más grande y maravilloso que pueda existir en este mundo, y que la primera vez que lo tienes en tus brazos te das cuenta que ya nada será igual.

 

Marcela Castellanos de De la Vega

 

Mi Madre y mis cinco hermanas han sido mis grandes maestras, a través de ellas he experimentado los gozos y penas que conlleva la maternidad; me han ayudado a comprender la frase: “Cuando un hijo está feliz, hay una madre que toca el cielo.”

 

Mi madre y mis hermanas no son perfectas: son mujeres, son guerreras y son felices.

 

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