Ivette Nava-Pérez, mi mayor fortaleza es mi fe

Ivette Nava-Pérez, mi mayor fortaleza es mi fe

 

Por Ivette Nava-Pérez

 

Nací en San Diego, pero crecí en Tijuana con mis papás y hermanos. Fui a escuelas católicas en ambos lados de la frontera, pero en SD estudié mi carrera de diseño.

Cuando me entero que tengo cáncer, tenía mi negocio de distribución y un puesto los sábados en donde vendía mis productos, que nunca dejé; también seguía con mis servicios de diseño.

La noticia del cáncer llega después de un accidente.

Ese choque fue una bendición disfrazada. Una noche empecé a tocarme en donde tenía moretes y sentí una bola en el seno que no había sentido antes. Pensé en acostarme sin mencionarle nada a mi esposo para no preocuparlo, porque Él había perdido a su papá de cáncer 6 años antes, y a su hermana le habían detectado cáncer de seno, y además, porque estaba casi segura de que sería algo relacionado con el accidente, o por lo menos es lo que yo deseaba.

A los 2 días fui a hacerme una mamografía y ahí empezó mi proceso. Al principio fue muy difícil asimilar mi diagnóstico de carcinoma mamario ductal invasivo con metástasis.

Sanando de raíz

Lo que más me costó trabajo fue estar de acuerdo con la decisión de tratamiento/operación que me recomendaban, y abandonarme por completo a la voluntad de Dios. Cuando entendí que hiciera lo que hiciera, si mi destino iba a ser otro así sería, empecé a sanar de raíz.

 

“La vida es un instante entre dos eternidades”

-Santa Teresita del Niño Jesús

Eso me costó mucho más, que el efecto de cualquier quimioterapia o radiación, y comunicarle la noticia a nuestras hijas.

Mi familia, amigos y conocidos jugaron un papel muy importante en mi proceso de sanación. Mi esposo me acompañó a todas mis quimioterapias, y nunca faltó la visita de amigas queridas que llegaban a relevarlo.

Sin su apoyo no hubiera sido lo mismo, les estaré eternamente agradecida por tanto amor y muestras de cariño.

Un buen consejo para desterrar el miedo

Al principio de mi diagnóstico una conocida me dijo que imaginara una película de mi vida proyectando mi futuro, y que cada vez que me invadieran pensamientos negativos la viera, y no le diera cabida al miedo. ¡Eso me ayudó bastante! No puedo decir que no sentí miedo, sobre todo al principio con tanta incertidumbre, pero

lo que más me ayudó a salir adelante fue mi fe en Cristo y la Virgen.

Aprendí que cada día es una oportunidad para empezar de nuevo, siempre agradeciendo.

 

Soy otra mujer después del cáncer.  Dios me dio la fortaleza para no temerle a la muerte.  Ahora vivo con más intención. Estoy más alerta a mí porque todos tenemos talentos que debemos compartir. Para mí ¡el cáncer fue una bendición!

 

Mi consejo para alguien que este luchando contra un cáncer es que la actitud con la que enfrenten su enfermedad hace una gran diferencia, manténganse siempre positivas, sonriéndole a la vida.

 

*La autora es diseñadora gráfica, esposa y madre de dos hijas.

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