“El año nuevo comienza en agosto”

Por Cecilia Castellanos

Ahora que terminan las vacaciones y comienza el nuevo ciclo escolar, surgen emociones encontradas: la ilusión de ver a tus hijos entrar por primera vez al kínder, o la zozobra de verlos luchar por integrarse, después de la universidad, a su vida profesional.

Hay tantas tareas pendientes al terminar las vacaciones, y tan poco tiempo para integrarnos de nuevo a nuestra vida cotidiana, que parecería que en lo último que podemos pensar es en hacer un alto y preguntarnos

¿Cuál será mi objetivo de vida en esta nueva etapa? ¿Qué nuevos retos se me presentan? y ¿Quién soy yo frente a estas interrogantes?

No tenemos respuestas concretas para comprometernos a vivir nuestro presente. Estamos acostumbrados a darle mayor importancia a esa lista de propósitos que anunciamos para la llegada del año nuevo.

Parece que sin darnos cuenta, existimos queriendo planificar todo, con un programa que depende de una rutina, donde las horas y los días determinan cada paso que damos.

En agosto comienza el año y cuesta mucho alterar los planes que hemos establecido, y aceptar lo que nos toca vivir.

 Hemos olvidado que la fórmula para comenzar el nuevo año no se encuentra en tener lo que deseo, sino en desear y disfrutar lo que ya tengo.

Necesitamos tomar decisiones y confiar en nosotros mismos para gestionar ese tiempo de vida, y responder a las interrogantes que se presentan en los primeros párrafos de este mensaje.

Hace algunos años una amiga me mando por correo electrónico una historia. Hablaba de unas mil canicas. La historia completa la puedes encontrar en internet, aquí sólo compartiré contigo algunos fragmentos combinados con mis reflexiones.

Un párrafo de la historia comenzaba así: “Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar sesenta horas a la semana para sobrevivir. Qué triste que por eso se perdiera la presentación teatral de su hija…”

Cuando terminé de leer la historia, también me puse a hacer cuentas.

 Si la persona promedio vive unos setenta y cinco años, podemos decir que son 75 agostos que la persona promedio habrá de tener en toda su vida.

Al igual que el relato, me puse a pensar todo esto en detalle. No sé cuántos años tengas tú, pero en el tiempo que leí la historia, a mí me quedaban 25 agostos para renovar y disfrutar mi sentido de vida.

Me fui a buscar 25 canicas y las puse en un vaso de vidrio transparente. Desde entonces, cada agosto he tomado una canica y la he arrojado al patio de mis vecinos, lo que me permite enfocarme más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida.  “No hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra, para ajustar y adaptar tus prioridades en esta vida.”

María Robinson decía: “Nadie puede volver atrás y comenzar de nuevo, pero cualquiera puede comenzar hoy mismo y hacer un nuevo final”.

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