¿Cuál es tu intención al celebrar la Navidad?

 

Por Cecilia Castellanos

 

Hace tiempo escuchaba una conversación entre mi amiga y su hija de cinco años, en esa conversación, mi amiga le decía a su hija, que para que el niño Jesús le pudiera traer juguetes nuevos, era necesario que escogiera todos los juguetes con los que ya no jugaba y estaban en buen estado, y que los metiera en una caja con el propósito de llevárselos a los niños pobres en Navidad para que ellos también tuvieran juguetes.

La pequeña niña con gran concentración comenzó a escoger juguetes y los introdujo en la caja que mamá le indicó. Al terminar, se quedó observando los juguetes por un buen rato y luego pregunto a su mamá: “Mami ¿por qué el niño Jesús no les trae juguetes nuevos a los niños pobres?”

Al recordar esta anécdota, se avivó en mí la necesidad de volver a preguntar a quienes me rodean: ¿Cuál es su intención al celebrar la Navidad?

 

Diciembre de Contradicciones

La mayoría de las personas a quienes les hice la pregunta, coinciden con sentimientos de desánimo y desesperanza, sienten que el año ha sido bastante pesado, y lo que más quisieran es poder tener tiempo y espacio para descansar.

Diciembre es un mes lleno de contradicciones, por un lado se promueve el amor, el desapego, la generosidad, y por otro se incita a consumir a costa de endeudarnos, para demostrarle a los otros cuánto los queremos, y con la fantasía de que un objeto los hará felices.

Nuestras emociones están a flor de piel, y nuestra sensibilidad nos mueve a abrir el corazón, a dar gracias y manifestar nuestro amor hacia otros; o nos invade la tristeza, y los miedos nos obligan a cerrar el corazón, y así no sentir, apartándonos de nosotros mismos y de los demás, porque estos días nos conectan con nuestras heridas del pasado.

Unos desean compartir desde el corazón, y otros prefieren escapar de fiesta en fiesta, excediéndose en la comida o la bebida, perdiendo la conexión real con ellos mismos y con los otros.

La historia de los pueblos y su variedad de culturas, nos muestran que la humanidad ha necesitado instaurar festividades que incorporan sus propias tradiciones para celebrar en comunidad. En la mayoría de las culturas, se celebran más o menos de la misma manera: comida típica, vestuario, música, baile y algún que otro ritual que ponga de manifiesto el sentido de la fiesta.

 

¿Y el sentido de la celebración?

Y nos quedamos sólo con los actos: comer, beber y comprar regalos, con los símbolos: el arbolito de Navidad, las luces, los adornos y a menudo nos olvidamos de la esencia, dejando en nosotros un sabor amargo, deudas, y un vacío interior cuando pasan las fiestas. No siempre nos acordamos de qué nos regalaron, pero sí tenemos presente “con quién conviví y lo bien que me la pasé”.

De nuevo pregunto: ¿Cuál es la intención al celebrar la Navidad? Sería maravilloso poder tomar conciencia y responder honestamente ¿Qué sentido tiene? ¿Qué simboliza para cada uno? ¿Qué queremos transmitir con lo que hacemos?

Frecuentemente nos perdemos en acciones que están muy lejos de coincidir con lo que queremos simbolizar, y mucho más lejos de lo que en verdad queremos sentir y compartir. Estamos tan enfocados en el cómo lo vamos a celebrar y con qué lo vamos a celebrar, que se nos olvida qué es lo que estamos celebrando, y siendo honestos, al final de todas estas celebraciones lo que verdaderamente queda en nosotros, es el significado de la celebración.

 

Conspiración de Amor

En este último año, con tantas disconformidades, conspiraciones, refugiados en todos los rincones del planeta, gobernantes en guerra, niños que no buscan juguetes sin comida y techo donde protegerse, te invito a unirnos y llevar a cabo una conspiración de amor. Vamos concretando con la familia, los amigos, los vecinos, los del facebook, todos, vamos a apostarle a la compasión permanente, al amor indestructible, al ser humano que llevas dentro.

Hagamos un ejercicio de conciencia.  Es necesario superar el miedo y abrir nuestro corazón. Comencemos con el amor a nosotros mismos y el amor a los demás, sin exigirnos más de la cuenta ¡cuidándonos!, pero dándonos la oportunidad de compartir con el otro desde de una manera diferente a la “consumista”, disfrutar desde el espacio de la conciencia, dándonos la oportunidad de sentir con mayor intensidad todo, y aprender a estar ahí con atención plena.

Tal vez tu pienses que estoy pidiendo un milagro, y yo pienso que los milagros existen para los que creemos en ellos, como dice Alicia Bajac: “Las fiestas se concretan con actos, pero se manifiestan con símbolos y se sienten con el alma”.

 

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