“Yo no fui”…

“Yo no fui”…

De Mentiras y Niños

 

POR MAYRA MEDINA DE HIJAR

 

Si la verdad “nos hará libres”, entonces ¿qué nos pasa si mentimos? En una ocasión, una sabia mujer me dijo lo siguiente: “Si me mientes no lo sabré, pues lo que me digas lo tomaré como verdad. La que sabe que lo que acabas de decir es una mentira, eres tú, entonces: ¿quién le miente a quién?”

 

La sinceridad

El valor de la sinceridad se adopta dentro de casa y gracias a la vida diaria. En la más simple actividad y hasta el más complejo de los sucesos, se debe expresar con claridad y de manera abierta en el hogar este valor; aprovecharlo al máximo y comprenderlo.

Una forma de estimular el valor de la sinceridad con los niños, es la práctica de juegos en familia, donde se ponga a prueba la verdad de la palabra, y la acción dada por cada participante. Esto no reemplaza para nada, lo que todos los días fomentamos en ejemplo frente a ellos.

 

Razones para mentir

En teoría, nada justifica a la mentira; no debería haber razones que la sostuvieran. Sin embargo, sí podemos comprender los motivos que llevan a los niños a mentir. Algunos ejemplos son:

  • Cuando han dicho la verdad y no les hemos creído.
  • Cuando creen que mintiendo protegen emocionalmente a otra persona, principalmente a los padres, para que no se enojen o se preocupen, o para obtener un beneficio.
  • Para encubrir algo que consideren que hicieron mal.
  • Para evitar regaños o castigos, o por creer que los dejaremos de amar.
  • Cuando no quieren hacer algo, y mienten para evitar enfrentarse a la realidad.
  • Para atrapar nuestra atención. Muchas veces suelen exageran sus relatos y fantasear con la anécdota, pues gustan de vernos al filo del asiento, sintiéndose importantes y tomados en cuenta, mientras les dure la creatividad que desbordan.
  • Por diversión. En este caso es recomendable explicarle que mentir sólo para su propio entretenimiento, lo puede llevar a perder la confianza de los demás, algo así como la historia de “Juanito y el lobo”.

Mentiras piadosas

La forma en que los adultos enfrentamos la verdad frente a los niños es de suma importancia. No olvidemos que somos el ejemplo a seguir, por ello hay que entender que muchas veces por comodidad, por diplomacia, por prisa, por no herir sentimientos, mentimos frente a ellos, y peor aún, obligamos a que sean partícipes de nuestra mentira, cuando en realidad simplemente deberíamos ser claros; en una palabra, PRUDENTES.

La mayoría de las mentiras se erradicarían si nos acostumbráramos a decir un “si” o un “no”, seguidos de un “gracias”. Sin embargo hay situaciones en donde la posibilidad de mentir piadosamente frente a alguien más, nos da la oportunidad de reflexionar con los niños sobre lo que ellos consideran correcto o no. Por ejemplo: cuando está de por medio el bienestar de una tercera persona y nuestra verdad puede perjudicarlo, entonces ahí se puede aprender mucho sobre la sinceridad, y poner sobre la mesa otro valor: la lealtad. (Recomendación para este punto: película ¨Perfume de Mujer¨- escena del juicio escolar)

 

¿Qué hacer cuando el niño reconoce, voluntariamente, que ha mentido?

Hay que reconocerle su valor para enfrentar la verdad, entendiendo que no es fácil tomar esa decisión, y por ello agradecemos; aprovechando y destacando que fue valiente y muy honesto, para finalmente apoyarlo y respetar las opciones que tenga para responsabilizarse. No hay que darle las soluciones nosotros, ni juzgarle, al contrario, debemos preguntarle qué hará al respecto, y de ser requerida nuestra opinión, darla con reserva.

Y por último, ¿qué no hacer?

Si no estamos seguros de que ha mentido, no se le debe acusar a la primera. Pero si por algo ya lo acusamos o recriminamos sin saber, entonces hay que reconocer nuestra falta, y admitir de frente a ellos que también nos equivocamos.

 

Para reflexionar…

Muchas veces la mentira surge de un entorno duro en donde el niño se puede sentir obligado a decir la verdad, por las exigencias o altas expectativas que depositamos en ellos, orillándolos a mentir para escuchar lo que nosotros queremos oír.

Podemos presionar a l@s niñ@s, exigirles resultados y tener altas expectativas sobre ellos, pero esto sólo los abrumará, y mentirán con tal de no decepcionar a alguien.

Si aún así detectas que tu hijo miente mucho, o huye de la realidad sin causa aparente o sin ninguna de las razones descritas arriba, entonces busca ayuda profesional en este tema; habrá que determinar el papel que juega la mentira en la adaptación al entorno que el niño vive, ya sea en la escuela o en su propia casa.

 

*La autora es Licenciada en Psicología Familiar. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja. Tanatología.

 

www.psicofamiliaypareja.com

www.facebook.com/psic.mayra.medina

 

Comentarios

comentarios