¿Qué más hay en esta botella de vino de Baja?

¿Qué más hay en esta botella de vino de Baja?

¿Qué más hay en esta botella de vino de Baja?

POR ANA LAURA MARTÍNEZ GARDOQUI

SEGUNDA DE DOS PARTES

 

La edición pasada, hablamos un poco de la historia del vino en el continente ameriano y específicamente en la Baja. Tocamos también el tema del simbolismo religioso que tiene y ha tenido, y de la importancia de la multiculturalidad,  pero eso no es todo lo que hay detrás de una botella de vino; aún hay más en este recorrido, y les invito a compartirlo conmigo. Iniciaremos con algo no muy agradable:

Impuestos el 16% de iva y el 25% del ieps…  sin comentarios en este ingrediente, lo que sí hay que ser socialmente más activos para que los funcionarios entiendan que el vino no debe ser tratado como artículo de lujo, si de verdad se quiere incorporar a la cultura cotidiana de la población.

Pasemos a la salud, en una botella de vino hay paradojas como la francesa que sustenta que a pesar que los galos consumen importantes cantidades de grasa animal en mantequillas, embutidos, quesos, pasa algo que los protege, y lo asocian al consumo de vino tinto. Si bien estoy de acuerdo con ello, falta agregar a la fórmula consumo de verduras, ejercicio, y aceite de oliva que es cotidiano para los franceses.

También algunos componentes del vino como los fenólicos entre ellos el resveratrol tienen propiedades antioxidantes, reconocidas porque actúan de forma positiva sobre los radicales libres.

El noble fermentado de Baja es una verdadera sinestesia, no solo por la riqueza de los estímulos sensoriales e intelectuales proporcionados por el líquido, sino también por que quien degusta lo hace parte de la complejidad de este mundo. Es un misterio el que se nos rebela en cada botella que degustamos.

 

La magia que encierra con los rituales

Hay una ritualidad en potencia en la botella, que nos pide respeto a ser tratado como se merece. En la copa adecuada, a la temperatura que piden sus cualidades para ser expresadas y realzar su valor.

Ya lo decía Alejandro Dumas, el vino es la parte espiritual de la comida.

También hay leyendas como la egipcia de la diosa Isis, que al comer una uva quedó embarazada, o la griega de Dionisio el dios griego del vino y la fertilidad, quien al tintinear las copas para evocar el sentido del oído, habría dado origen al acto de brindar.

 

SABÍAS QUE…

¿2 mil parras de uva Misión y 100 olivos provenientes de San Ignacio es lo que trajo el padre Josè Loriente a la fundación de la Misión de Santo Tomás?

Hoy después de experimentos, unos afortunados y otros no tantos son 7 las variedades que ocupan más de la mitad de la superficie del viñedo bajacaliforniano y son: cabernet sauvignon, chenin blanc, merlot, tempranillo, nebbiolo, grenache y chardonnay.

Sueños, trabajos, desvelos, precauciones y preocupaciones también están en una botella de vino de BC. Ya que hay factores como los climáticos, financieros, tecnológicos e incluso sociales que habrá que ir solucionando.

La producción de vino nacional representa menos del 1% del vino elaborado a nivel mundial, en nuestra región participamos con el 90% de ese 1% nacional, es decir con el .9%.

En la región también cooperamos a elevar el consumo per cápita pues el indicador nacional es de 260 ml.

En la región es más frecuente consumir el vino como complemento alimenticio y no como bebida alcohólica, que en otras regiones del país aún tiene este connotación.

Hay 3 casas grandes comerciales que tienen el 82% de la producción del vino de la región con 821 mil cajas; 3 casas medianas con el 12%, y 120 mil cajas y el resto son pequeñas y micros que se reparten el otro 6% contando con un centenar de estos proyectos, por lo que el vino de Baja se considera aún de pequeña escala.

El vino es el alimento más entrañable en la cultura y en la historia de la humanidad, es lo más saturado de simbolismo.

 

 

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