Los jóvenes no se quieren casar: ¿miedo al compromiso o amor a la libertad?

Los jóvenes no se quieren casar: ¿miedo al compromiso o amor a la libertad?

Por David Sotelo Felix

En efecto, a los jóvenes parece ser que les interesa cada día menos: no sólo el matrimonio y el tener la tradicional familia, sino también una relación de pareja comprometida, que no parece resultarles tan atractiva. Pero antes de esgrimir nuestros más contundentes argumentos y juicios conservadores para descalificar esto como una señal más de la inmadurez y la “falta de valores” de la actual generación, veamos con detenimiento que es lo que les ha tocado ver y vivir, a los jóvenes varones y mujeres del nuevo milenio.

1. Una generación sobreprotegida y ¿sobrevalorada? Como nunca, la atención, cuidados, protección y estimulación de la juventud actual ha resultado en las más altas y hasta fantasiosas expectativas de sí mismos, y de lo que se puede y “debe” lograr en todos los ámbitos: académico, cultural, social, físico y económico. En muchos casos, desde una actitud de egocéntrico merecimiento, exigen que sus necesidades, deseos y caprichos sean cumplidos. Otros, sufren en silencio sus demandas perfeccionistas de sí mismos. El fin parece ser el mismo: “venimos a recibir, lograr, y a tener más, que a dar, vivir y ser.”

2. Una generación sobre estimulada o “video killed the radio star”. Los videojuegos primero y el Internet después (y no olvidemos los gadgets que cada día nos hacen a ti y a mi, menos) trajo como resultado un incremento vertiginoso en la rapidez y frecuencia con la que la mente humana podía ser estimulada más allá de situaciones extraordinarias de laboratorios, medicamentos y drogas psicotrópicas. Si de por sí, el niño y adolescente tienen el desafío psicológico de aprender a posponer la gratificación inmediata para lograr metas de mayor dificultad y que implican un esfuerzo sostenido a través de un tiempo considerable (por ejemplo cursar una carrera universitaria), ahora vivimos en una realidad en la que la saturación sensorial inmediata es la regla y no la excepción.

3. Una generación consumista y encapsulada en sí misma. Junto al adoctrinamiento mediático de vivir para lo inmediato, está el vivir para uno mismo. Una única bandera, un territorio delimitado por los confines de su piel. Todo lo que haga tiene que tener un sentido y propósito de servirse a sí mismo, de avanzar los propios intereses y de “no perder el tiempo” (y menos el dinero) en asuntos ajenos al más estricto “yo”.
¿Resultado? Una generación de jóvenes, hombres y mujeres, que no solo han sido programados para pensar principalmente en sus intereses y permanecer en un estilo de vida un tanto infantil de gratificación inmediata, sino además, y hay que decirlo, han sido testigos de muchos matrimonios infelices, relaciones de pareja disfuncionales, padres y madres frustradas e insatisfechas en algún sentido. ¿Qué quieres que piensen?, ¿Qué van a concluir muchos, pero muchos de ellos? Pues esto: ¿“Casarme”? ¡Ni loco(a)!”

Podremos ver los puntos anteriores con preocupación o hasta con horror, y lamentarnos: ¿qué hemos hecho con nuestros hijos?, o fácil y defensivamente pensar “los míos no son así”. O podremos también pensar que todo esto es parte de un ciclo multi generacional en el que del extremo conservador de unir las vidas casi irreflexivamente, como sucedía seguido en tiempos pasados, ahora se atraviese una turbulenta época de merecimiento egoísta, aunque quizá más pronto de lo que imaginamos, se recupere el compromiso, como el encuentro de dos seres que sabiendo vivir perfectamente uno sin el otro, deciden vivir y darse el uno al otro porque se dan un valor agregado que solos faltaría,…quizá.

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