Hermosas, Famosas y Sabrosas

Hermosas, Famosas y Sabrosas

Por Dionisio del Valle

Son las uvas, hijas legítimas y naturales de esa planta madre, obstinada y generosa, llamada vid. La familia es grande, quizás unas cuatro mil variedades diferentes de las cuales sólo unas cien se han convertido en estrellas deslumbrantes, aunque en realidad con la gran mayoría de ellas se puede producir la más humana y universal de todas las bebidas, esa a la que llamamos vino. Algunas son aristocráticas y elegantes, otras discretas pero encantadoras a la vez. Unas más, no tan agraciadas, pero resistentes y tenaces como nada. Todas, eso sí, con una historia que contar. Muchas nacidas en lugares lejanos en los que jugaban un papel más bien discreto, hasta que alguien descubre sus “talentos” y se las lleva para convertirlas en actrices de primera línea.

A mí me gustaría compartir algunas de esas historias con ustedes. Hay casos que parecen los de aquellas luminarias de Hollywood, que empezaron como meseras en un cafetín de Los Ángeles ¡y terminaron circulando por la alfombra roja! (o blanca, o rosada, en este caso). Además les voy a decir que en nuestro querido y vapuleado país, varias de estas chicas famosas y sabrosas se han quedado a vivir. No me lo van a creer, pero hay uvas a las que nomás no les gusta viajar. Las invitan a visitar tal o cual lugar con la intención de producir un vino, ya no digamos igual al de su pueblo, pero aunque sea más o menos parecido y la cosa termina en un desastre. Caen enfermas y dan vinos que no tienen nada que ver con los que se elaboran con ellas en su lugar de origen.

Dicho de otra forma, les entra una nostalgia que no hay levadura ni vitamina que las reanime.

Pues sucede que algunas de las chicas de las que vamos a hablar en este espacio han llegado a México haciéndose las interesantes, más escépticas que un ateo en la catedral y a los dos años ya tienen tiempo compartido en el viñedo de fulano, a los tres ya solicitaron la nacionalidad mexicana y a los cinco ya se trajeron a toda la familia. Claro que no es un proceso fácil. Luego, como en ocasiones pasa, no todos los que andan haciendo vino las tratan igual y las uvas, mis amigas, como no pueden mentársela al wine maker por obvias razones, responden entregando al susodicho unos vinos que no salen ni en rifa. Todo se paga en la vida, decía mi abuelita.

¿Se animan a recorrer el camino de los vinos por esta sinuosa carretera? Si dicen que sí, pues vayan limpiando las copitas con un trapo húmedo y luego les dan una pasadita con otro seco pa’ dejarlas rechinando de limpias. Se me van a comprar una botella de vino bajacaliforniano y se relajan un ratito con la intención de disfrutarlo mientras chismeamos de la uva en turno. Si no les late, se brincan a la siguiente página y tan amigos como siempre.

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