El empresario que contra viento y marea, enarbola la bandera del Pueblo de Baja California

El empresario que contra viento y marea,  enarbola la bandera del  Pueblo de Baja California

Es Adolfo Solís un hombre sin duda destacado. Un hombre que no se limitó a sentarse en colegios y tribunales frente a doctores y magistrados, sino uno que conociendo el sentir de los Baja Californianos, decidió contra toda oposición, luchar junto con ellos palmo a palmo contra la homologación del IVA. Un exitoso hombre de negocios con un pasado precario y víctima de un hecho delictivo que marcó su vida, que se convirtió en lo que es gracias a una mujer que supo ser padre y madre a la vez… esta es la historia de su vida.

Impecablemente vestido, de traje oscuro, corbata negra, y cabello engomado “echado para atrás”, así llega invariablemente Adolfo Solís, a dar entrevistas sobre la lucha social más importante de su vida y de los bajacalifornianos: el amparo colectivo contra la homologación del IVA.

Nadie imaginaría que este hombre de negocios exitoso, abogado fiscalista al frente de “Grupo Farías”, con dos doctorados y dos maestrías a cuestas, se enfrentaría al tú por tú con la federación por la vía legal, buscando revertir la medida impositiva a favor del pueblo fronterizo logrando recaudar oficialmente cerca de 58 mil firmas (25 mil firmas quedaron fuera) en una figura legal sin precedentes que aún permanece en tribunales.

Sus amigos incluso, trataron de persuadirlo, y el gobierno (aunque veladamente) trató de “comprarlo”, ofreciéndole un cargo público para que se desistiera de la causa, pero no cedió.

“Tuve ofrecimientos para diputaciones y les dije que no. Tuve ofrecimientos para dirigir cámaras y a todos les dije que NO. Y como esto se trata de convicciones, hago un compromiso con la sociedad de que no voy a llegar a ningún cargo, porque lo que hago lo hago por convicción”, asegura enfático.

Lucha frontal sin cortapisa

¿Cómo es que te decides a encabezar una lucha frontal contra las autoridades con las que anteriormente trabajaste?, le pregunto, haciendo alusión a la labor que desempeñó en sus tiempos mozos en la Secretaría de Hacienda.

“Hay tanta agudeza de desigualdad en la sociedad”, me dice” hay tanto desprecio hacia el gobernante y tanta promesa incumplida que la sociedad está cansada.

Pero una de las cosas que me he dado cuenta es que hay ciudades en las que sólo falta una chispa para detonar un gran movimiento y eso fue lo que sucedió en Tijuana”, agrega.

“Lanzamos un mensaje. Estamos haciendo movimiento más consolidado. Yo estoy convencido de que el siguiente movimiento social que se dé en la frontera va a ser de la misma forma: pacífico, buscando los causes legales y buscando proteger a la ciudad”, concluye sobre el particular, aunque se queda pensando… y nos confiesa una razón más de peso que lo impulsó en esta lucha: su pasado

De nieto de campesinos a hombre de negocios…

Sentado en la sala de juntas del corporativo que encabeza, Adolfo se remonta a su natal Aguascalientes, tiempo en que vivió carencias y aprendió la importancia del trabajo y el estudio.

“Yo conozco la pobreza, la carencia y lo que es usar el transporte público. Conozco lo que es estudiar en escuelas públicas y crecer en familias que tienen problemas de trabajo”, nos confiesa Adolfo, quien agrega que sus abuelos eran campesinos y que todos tenían que entrarle al trabajo para subsistir.

“He visto cómo se siembra y se cosecha. Me ha tocado desgranar el maíz, la mazorca, para generar ingresos para nuestra familia”, agrega.

Haber vivido estas carencias en carne propia, hacen de este empresario de 42 años convertido en un referente en temas fiscales, asumir la convicción: de que debe ayudar mediante sus conocimientos a que la ciudadanía abra los ojos y exija sus derechos.

El estudio, el mayor legado que le dejó su madre…

Para Adolfo y sus dos hermanos, no fue fácil desprenderse de su padre. “Me hizo mucha falta”, confiesa. El tenía sólo seis años cuando el matrimonio se disolvió y fue su mamá, Juanita, la que los sacó adelante siendo ambas figuras a la vez.

“Para mi madre habían dos reglas. La primera: nunca dejes de estudiar. Y la segunda: Nunca olvides la primera regla”, puntualiza.

Ella puede estar orgullosa hoy en día de que sus tres hijos terminaron un doctorado.

¿Qué le dirías a tu madre Adolfo, si la tuvieras enfrente?, le pregunto.

“Le diría que la amo, que aunque piensa que no la escucho siempre estoy atento a lo que me dice, y que la mejor inversión de ella fue darnos estudio”, me responde.

A las reglas de su madre Adolfo le ha añadido una más a sus hijos (que son cinco) que es la de que tengan las mejores calificaciones.

“Aquel que no estudia está condenado al fracaso”, subraya.

Adolfo Solís Farías, quien fue primer lugar toda la primaria y hasta el segundo de secundaria, considera que una de las claves de su éxito es su hábito por la lectura, y agradece a Dios su mente privilegiada que califica de “fotográfica”.

Su ascenso fue inminente. A los 19 años ya trabajaba para la Secretaría de Hacienda que lo envió a 13 ciudades del país, entre éstas Tijuana.

Y a pesar de que después trabajó en Guatemala y en Hong Kong ya con el Banco Mundial, regresó a esta ciudad para quedarse. Aquí se enamoró del clima de la ciudad y de sus mujeres. Se casó y formó una familia. Para él, Tijuana fue tierra de oportunidades.

“… además, Tijuana es una ciudad multicultural, y también es una ciudad con múltiples oportunidades”, comenta el abogado fiscalista.

Pero no todo sería miel sobre hojuelas…

Su secuestro y replanteamiento de vida….

Fue a finales de 2005 cuando Adolfo Solís conoció el lado más oscuro de nuestra querida Tijuana en una época en que los delitos en materia de secuestro se incrementaban. Estuvo 25 días en cautiverio. Salió libre, pero nadie fue detenido.

“Para mí es una pierna rota que se quedó en el pasado y de la que no me puedo lamentar día y noche, pero lo que sí te puedo decir es que es una nueva oportunidad de vivir”, nos adentra Adolfo en el tema más escabroso de su vida.

“Es una nueva oportunidad de ver las cosas. Yo hoy no me lamento. Yo hoy no siento coraje, no siento enojo hacia quienes hicieron esa actividad ilícita. Yo aprendí que los que obran mal tarde o temprano cometen un error, y a eso le apuesto” concluye, no sin antes contarnos cómo es que esto cambió su vida para bien.

“Esos 25 días le hacen a uno reflexionar, le hacen a uno cambiar, le hacen a uno reconstruir su vida, y ahora ya no pienso que voy a hacer a los cincuenta años, que voy a hacer a los sesenta años. Ahora lo que pienso es lo que soy hoy y lo que puedo hacer por mi familia, por mis hijos y por cada uno de los que están a mi alrededor”.

Así, Adolfo Solís se levantó de esta difícil experiencia y vive ahora con pasión su día a día, ya sea en su bufete de abogados, en los juzgados o ante los reflectores y la lente de una cámara dando su punto de vista como experto en temas fiscales. O tal vez en su casa leyendo y escribiendo (uno de sus hobbies preferidos), o tocando el saxofón y siendo el esclavo de sus hijos (como el mismo de autonombra) al lado de su esposa Ariana, en los fines de semana.

Un hombre destacado al que una mujer, que tuvo que ser padre y madre a la vez, logró impulsar en el estudio y quien ahora encabeza esta lucha en Baja California que busca dejar un precedente y demostrar que unidos somos y seremos: una mejor región fronteriza.

 

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