“Cuando las cosas son como soy”

“Cuando las cosas son como soy”

SOPLÓN

 Por Maru Lozano

Como padres siempre creamos expectativas sobre los hijos, pero cuando alguna situación se torna diferente, el caos y el desequilibrio descontrolan.  Nuestro soplón es un joven estudiante del primer año de Universidad que también tiene que lidiar con el balance propio.

 

¿Por qué no eres lo que tus padres esperaban?

Porque decidí revelarles que soy homosexual, y tal cual, así me lo dijeron: “No eres lo que yo formé, ni para esto te eduqué…”

 

¿Cómo te sientes ante esa respuesta?

Sabía que mi mamá iba a llorar, sabía que mi papá se iba a enojar.  Lo que no sabía es que mi hermano menor iba a decirme que sentía vergüenza de mí; me sentí con mil kilos de encima.

 

Pero ¿cómo fue que te decidiste por esta orientación sexual?

Eso es lo que me choca, que todo mundo se va a eso directamente.  Mira, es más sentir el apoyo incondicional de alguien de mi mismo sexo. No creas que me volví tan activo, simplemente es percibir que soy importante, y me interesa alguien que no es precisamente una mujer para contarle mis cosas, para acompañarnos, para celebrar triunfos, etc.  Tengo muchas amigas mujeres que son divinas, y de ellas tomo muchas vivencias para saber tratar a mi pareja.

 

La inclinación

¿Nunca te gustaron las mujeres?

Me fascinan las mujeres, soy como un imán para ellas.  Fue una ocasión que un maestro de la preparatoria me hizo sentir que yo valía la pena.  En una exposición que tuve que presentar, yo estaba muy nervioso porque era de los maestros más estrictos, y que él me felicitara y aprobara mi trabajo con la calificación máxima, me encantó.

 

¿Qué pasó después?

Me di cuenta que sentía más felicidad cuando el director o algún maestro valoraban mi persona.  De pronto el prefecto me preguntó que por qué no convivía con los otros alumnos, le dije que yo casi no tenía amigos o que se me hacía difícil conectar con ellos.  En esa preparatoria yo era nuevo, y en un trabajo en equipo me tocó estar con dos compañeros y me abrigaron, y noté lo bien que me sentía con ellos.

 

¿De chico no jugabas con amigos?

En realidad, mi mamá nunca dejaba que saliéramos, y los fines de semana era convivir con la familia, los primos, ir de compras y eso.  En la escuela yo prefería estar sentado comiendo mi lunch, viendo nada más a todos.  No fui cerrado, si alguien se me acercaba, platicaba y compartía perfectamente; usualmente eran las niñas las que estaban conmigo.

 

El despertar

¿Qué crees que despertó en ti la atracción similar?

La compañía y aceptación incondicional.   Cuando tu papá, tus tíos, tus primos sólo te ridiculizan, te comparan por las calificaciones, logros deportivos, etc.  pues te vuelves selectivo, y abres los brazos a quien te valora por lo que eres.  A mí siempre me gustó la pintura.

 

¿Tú no tenías actividades extra escolares de niño?

No.  Mi mamá iba por nosotros a la escuela, y sólo a mi hermano lo llevaba al fútbol; a mí nunca me gustó.  Le pedía que me llevara a pintura y no quiso, pero mira, ahora estoy en Artes aquí en la Universidad.  Recuerdo que mis papás siempre me hicieron a un lado, ellos siempre pensaron más en mi hermano, y hasta en otros primos, que en mí.  Cada vez que había un evento en la escuela, las palmas eran para mi hermano, aunque yo nunca di problemas; siempre lo festejaban más a él.

 

¿Cómo era entonces la relación familiar?

Pues como en todas las familias, pero mi papá siempre me ninguneó, nada de lo que yo hiciera le agradaba, me pegaba muchísimo, sentía que se desquitaba conmigo porque en el trabajo nunca fue tan brillante; mi mamá es la que tiene dinero de sus rentas y compra lo que quiere, mi papá por su parte, cambia de trabajo muy seguido y hasta le molesta que yo sí hablo inglés ¿tú crees?

 

¿Vives con ellos?

No, cuando decidí estudiar mi carrera, mi papá se opuso terminantemente, me criticó y me vine a Tijuana, yo soy de Ensenada.  Aquí trabajo de mesero en un antro y en las mañanas estudio.  Para mí fue una gran oportunidad ser aceptado en la Universidad así que no la iba a desaprovechar.  Mi mamá me ayudaba económicamente, y a ella la veía de repente.

 

¿Cómo fue que les dijiste lo otro?

Una navidad fui a darles el abrazo, me quedé a dormir ahí en casa y al día siguiente en el desayuno les dije que extrañaba a la familia pero que me entristecía que no me preguntaran por mis cosas.  Yo quería ser parte de ellos, pero les dije que estaba saliendo con alguien y que me hacía feliz.  Ellos pensaron que vivía con él, pero no, ni me dejaron terminar porque le estaba dando mal ejemplo a mi hermano, y que le estaba faltando al respeto a la casa.  Mi papá me corrió y me pidió que ni lo dijera en la familia, ni me volviera a presentar.  Mi mamá lloró, y me preguntó que en qué falló.  Desde entonces ya no me ayuda.

 

¿Y ahora?

Pues ahora estudio, soy de los mejores en la facultad. Mi sueño es graduarme y ser alguien importante a través de la expresión artística, poner el nombre de México muy en alto y montar mi academia.  No incluyo a nadie de mi familia en mis planes porque no deseo ser discriminado, pero si me buscan o me los encuentro, sería el hombre más feliz del mundo.

*Maru Lozano es Lic. en Educación, Gestalt, docente y capacitación empresarial.

 

 

              

           

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