¿Con quién te desquitas cuando te enojas?

¿Con quién te desquitas cuando te enojas?

TU PERSONA-RECETAS PARA LA VIDA

 

Cuidado, puede ser que sin darte cuenta, al que más lastimes sea a ti mismo.

 

Por Becky Krinsky

Estoy enojada con mi mamá, y para que se joda, voy a engordar 10 kilos. Mi padre nos abandonó cuando yo tenía 10 años, ahora que pague sus consecuencias: me estoy drogando y tomado todo el alcohol que puedo. ¡A ver qué siente!; mi hermano no me hace caso, voy a romper el  reloj  que me regaló; mi esposo me golpeó, por lo tanto voy a ayunar hasta que me desaparezca de este mundo; mi maestra me reprobó, no voy a estudiar para que vea lo que es no saber nada; me fue mal en los negocios, estoy enojado y frustrado, no me voy a superar. La lista puede seguir y seguir, porque razones por las que otros nos hacen enojar sobran.

Por más ilógico que estos comportamientos suenan, son más comunes de lo que uno cree. Mejor no hay que juzgar, porque algún día podremos caer también. Sería más sano entender qué sucede con la mente, cuando las cosas llegan a doler tanto, que hacen que uno se comporte como una persona irracional.

¿Autocastigarse por el enojo es la solución?

¿Por qué lastimarse a uno mismo sería una conducta  que alivia el enojo o el dolor que otros provocan? Pareciera ser que  lastimar o cobrar venganza es una forma de calmar el malestar. ¿Qué ridículo y casi increíble verdad? ¿Qué no basta con el daño que uno recibe de otras personas? por si esto fuera poco, la persona con cicatrices emocionales,  se latiga nuevamente causándose doblemente dolor.

En terceras personas se percibe la redundancia y el comportamiento ilógico que se está desarrollando, pero cuando uno está perdido en el enojo, uno se ciega y se pierde en  un razonamiento ilógico.

El enojo evade la realidad

El enojo es un mal que contamina y confunde al carácter. Cuando una persona se enoja le abre la puerta a un sinfín de malestares que dejan nada bueno. Dicen en algunas culturas, que el enojo es la puerta del inferno.

Entonces ¿qué se puede hacer cuando uno se encuentra ante una situación, en que lo único que cree poder hacer, es vengarse, llenarse de culpa o castigarse?  Las expectativas, y el querer controlar  la vida, imposibilita la superación e impone una visión distorsionada de la realidad.

Hacerse daño a sí mismo o castigarse por creer que se  hace un acto de justicia, es un grave error. El enojo impide toda posibilidad de felicidad o de alegría, evade la realidad y erróneamente da un sentimiento de empoderamiento, al que yo llamaría BERRINCHE. Como resultado, la persona corrompe todas las relaciones personales, se aisla y además multiplica su sufrimiento.

Por supuesto que no se debe de ignorar el dolor, sin embargo tampoco se le tiene que aumentar con más auto-criticismo, vergüenza o culpa. Hay que balancear los sentimientos,  sin exagerarlos o minimizarlos.  Sobre todo, no hay que dejar que el negativismo llene el alma y la envenene.

 

La receta

  • Transformando la frustración en motivación

Ingredientes

  • 1 taza de conciencia y aceptación – reconocer que hay veces que las cosas no salen bien.
  • 1 taza de meditación – introspección personal, creando un dialogo interno positivo, sin critica.
  • 2 racimos de reparación – plan para sobreponer, cambiar y mejorar.
  • 1 pieza de determinación – acciones concretas, preparación mental y buena disposición.
  • 1 pizca de fe y confianza – ver la vida con bondad, abundancia y propósito.

 

Recomendación del chef

No te enojes, ya que tú eres el único que vas a perder. Aprende a ser flexible para que te puedas adaptar a la adversidad.

 

Como transformar la frustración en motivación:

  1. Mantén tus expectativas reales. Vive en tiempo presente, no esperes ni te descuides por soñar. Enfócate en hacer lo mejor cada momento. Pero no te limites a obtener sólo lo que esperabas. Ábrete a las posibilidades de descubrir las oportunidades que la vida te presenta.
  2. Piensa en positivo y en abundancia. Encuentra los aprendizajes y los errores de cada situación. Experimenta y libérate del miedo o el control. Confía en tus capacidades y muestra seguridad.
  3. Deja fluir, y fluye. No asumas lo que otros piensan de ti, aclara todo. No exijas, porque la vida no te debe nada. Piensa, habla y sé una persona positiva y agradecida, así te conviertes en un magneto que atrae lo bueno.

La persona que logra transformar su enojo y frustración,  gana no sólo el mérito de ser mejor, sino que también cosecha el camino para su felicidad, paz y abundancia.

 

 

 

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