Barbera

Barbera

Por Dionisio del Valle

Como muchas de las miles de variedades que existen en el mundo, mis orígenes se pierden en el oscuro laberinto del tiempo, sin embargo, mi acta de nacimiento oficial descansa en los vetustos registros de la catedral de San Evasio, de la ciudad de Casale Monferrato en la provincia piamontesa de Alessandria, en documentos que datan del ya lejano siglo XIII, época en la que fui bautizada con el nombre de Barbera.

 

No soy tan famosa como mi hermana la Nebbiolo pero sí la más popular en mi región y la más plantada en Italia, después de mis primas Sangiovese y Montepulciano. Unas por otras. Cuento con tres denominaciones de origen que son Barbera d´Alba. Barbera d´Asti y Monferrato pero me gusta andar por toda la península, en lugares alejados de casa, como Publia, Campania y Sicilia.

 

Me siento muy bien si los suelos son arcillosos y calcáreos, aunque en realidad soy una uva muy adaptable porque soy muy fuerte y resistente, poco exigente con el clima y por lo general doy buenos rendimientos. A los productores de mi tierra les ha costado mucho trabajo dejar atrás los métodos de producción tradicional para entrar al competido mundo del vino moderno.

 

Tomemos en cuenta que soy una variedad que se caracteriza por una alta acidez y taninos más bien discretos por lo que los cambios que se han dado me han hecho, digamos, más refinada y elegante.

 

Es curioso pero mi fama empezó a crecer poco después de superar los estragos causados por la invasión de la filoxera durante los primeros años del siglo XIX. Fui una de las variedades que más rápido se adaptó a los pies de las plantas americanas y que nuestros agricultores utilizaron a manera de injertos para salvarnos de una muerte segura.

 

De hecho otras variedades de la región, en son de broma, dicen que a partir de entonces me puse los jeans y me entró un segundo aire que dio como resultado una admirable expansión de mis viñedos, primero en mi tierra, Monferrato, y luego en todo el resto del Piamonte. Como la mayoría de las otras variedades europeas, tuvimos que esperar el final de la Prohibición o Ley Seca en Estados Unidos a mediados de los años treinta del siglo pasado para poder viajar con plenos derechos a la Unión Americana.

 

Fue algo parecido a la santa inquisición pero contra todas las bebidas con contenido alcohólico, sin embargo, como ven, no hay mal que por bien no venga y a partir de la modernización de los métodos para elaborar vino conmigo, mi capacidad de adaptación a las nuevas condiciones post filoxéricas y, finalmente, a mi nueva experiencia en tierras americanas, he ido ganando terreno en las preferencias de los buenos aficionados. De hecho ahora la mayoría de los productores de este lado del mundo me dejan madurar un poco más antes de cosecharme, incrementando así mis niveles de azúcar, lo que permite balancear mi acidez, la que no deja de ser buena consejera en estos climas cálidos y muy soleados.

 

Con la madera nueva me viene un aroma que recuerda las ciruelas y evoca los olores de algunas especies finas. Fuera de Italia, es en Estados Unidos donde he tenido más éxito, allá existen unas cinco mil hectáreas plantadas con las parras que me dan vida.

 

Pero les voy a confesar algo, cada día me gusta más la península de Baja California y para muestra un botón: el vino AM Back, del enólogo mexicano Hugo D´Acosta, expiación líquida que nos recuerda sus mejores Barberas elaborados en la Bodega Santo Tomás hace ya más de veinte años. Un vino portentoso, de expresivas notas frutales y aromas especiosos que transitan del pimentón a la nuez moscada y una casi imperceptible nota de canela. He decidido ser una mexicana de familia numerosa, así es que no dejen de seguirme la pista cada vez que visiten los valles de Ensenada.

 

Aunque los vinos más famosos del Piemonte están elaborados con la variedad Nebbiolo, los de uva Barbera han venido aumentando su fama y popularidad gracias a su extraordinaria calidad.

 

 

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