Donde hay vida siempre hay miedo

Por Cecilia Castellanos

Hace unos días observaba como una mamá interactuaba con su pequeño hijo. El chiquillo no quería echarse a la alberca y repetía afligido que tenía miedo. Fue una sorpresa agradable apreciar la actitud de la madre como respuesta a ese miedo del hijo. Firme y con ternura le dijo al chiquillo: “si quieres disfrutar este día y jugar con tus amigos, lo que necesitas primero, es hacerte amigo de tus miedos. Este momento es tuyo y yo no lo puedo vivir por ti”.

El consejo de esa madre me dio un motivo para reflexionar sobre las situaciones que hoy en día nos está tocando vivir. Situaciones de mucha violencia, inseguridades, problemas económicos, problemas de salud, etc., y pensamos que frente a nosotros existe un sinfín de complicaciones, cuando la única complicación real es que le damos un poder equivocado al miedo, y entonces éste paraliza nuestra capacidad de decidir.

Donde hay vida siempre hay miedo, decía Osho.

Todos experimentamos miedos, no importa la edad, el género o la cultura donde nos criaron. El miedo es un recurso que permite prevenir a nuestro cuerpo de algún peligro.

Sin importar quién sea o cómo sea, todos sentimos miedo. La diferencia está en qué actitud tomamos ante ese miedo que estamos sintiendo.

Muchas veces, nuestra ansiedad se sale de control, por situaciones que sólo ocurren en nuestra mente, y entonces el miedo que es una reacción necesaria para nuestra supervivencia, se vuelve contra nosotros y en lugar de salvarnos, nos limita para poder protegernos ante una situación real de riesgo.

De acuerdo a la técnica del tapping Lo que necesitamos es aprovechar ese miedo, identificarlo, reconocer que estamos asustados, y ver claramente el origen del miedo. No es malo tener miedo. Lo malo es dejar que el miedo domine tu vida.

Una vez que tenemos el miedo identificado, el siguiente paso es simplemente reflexionar un poco sobre si realmente la situación es tan grave como parece. La gran mayoría de las veces no lo es.

El tapping nos sugiere relativizar las situaciones que en momentos nos provocan miedo. Cada vez que pase algo alarmante a tu alrededor, detente un momento y piensa en todas las cosas que has vivido, y que en su momento también te hicieron sentir que se te caía el mundo encima. Recuerda cómo terminaron.

En la mayoría de las veces terminan bien, tal vez pasaste algunos malos momentos, pero los superaste y seguiste adelante con tu vida, y te diste cuenta que al final no fue tan grave como parecía.

 

Vivir con miedo es limitador

Una vez escuché a un maestro decir que “Vivir con sentido común, evitando peligros inminentes, usando nuestro análisis para tomar una decisión, es perfectamente válido, pero vivir con miedo es absolutamente limitador, es lo más cercano a cortarle las alas a un ave, es vivir sin poder demostrar el potencial que tenemos”.

 

El estar pensando constantemente en lo que nos falta, en las tragedias que pueden suceder o en las situaciones que no existen, no nos permite motivarnos y generar soluciones y opciones para disfrutar cada momento de nuestra vida. No se trata de temer porque nuestra vida terminará algún día, lo que nos debería de dar miedo es no haber hecho nada con ella.

 

 

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