POR ADRIANA REID
Hay momentos en los que la vida se parte en dos.
Un día todo parece seguir su curso y, al siguiente, una llamada telefónica, una noticia, una pérdida, un desastre natural o un despido cambian el panorama por completo.
No solo cambia nuestra realidad; cambia también la manera en que interpretamos el mundo.
Lo interesante es que el mayor reto rara vez es el acontecimiento en sí. El verdadero reto comienza cuando aparecen las conversaciones que sostenemos con nosotros mismos.
«¿Y ahora qué voy a hacer?»
«¿Por qué me pasó esto?»
«No voy a poder salir adelante.»
«Todo estaba bien… ¿por qué tuvo que cambiar?»
Nuestra mente intenta recuperar el control buscando respuestas inmediatas y, cuando no las encuentra, llena los espacios con miedo, culpa, incertidumbre o escenarios catastróficos.
Es una respuesta profundamente humana.
Nuestro cerebro está diseñado para buscar seguridad y predecir lo que viene. Cuando aquello que considerábamos estable desaparece, nuestro sistema nervioso interpreta el cambio como una amenaza. Por eso la respuesta instintiva y habitual es sentir ansiedad, tristeza, enojo o incluso sentirse completamente perdido.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre sentir esas emociones y permitir que las voces internas definan nuestra identidad o nuestro futuro.
El significado que le damos a lo que vivimos
Una pérdida no significa que hayas perdido tu valor.
Quedarte sin empleo no significa que hayas perdido tu capacidad.
La muerte de un ser querido no significa que el amor haya desaparecido de tu vida.
Un desastre natural puede destruir una casa, pero no necesariamente la fortaleza que has construido dentro de ti.
Con frecuencia queremos regresar a la vida que conocíamos, cuando quizá la verdadera invitación consiste en descubrir quién podemos llegar a ser a partir de este nuevo escenario.
No elegimos muchas de las circunstancias que vivimos, pero sí podemos observar las historias que nuestra mente comienza a construir alrededor de ellas.
Para tu caja de herramientas
Te dejo estas preguntas:
- ¿Qué me estoy diciendo sobre lo que está pasando?
- ¿Estoy describiendo la realidad o anticipando el peor escenario?
- ¿Qué parte de mí necesita sentirse segura en este momento?
- ¿Qué pequeño paso puedo dar hoy, aunque todavía no vea el camino completo?
Reconstruirte también es posible
La autosuficiencia emocional no consiste en evitar el dolor ni en aparentar fortaleza. Consiste en desarrollar la capacidad de sostenernos a nosotros mismos mientras reconstruimos nuestra vida desde un lugar más consciente.
A veces la vida cambia sin pedir permiso.
Y aunque al principio, entre el estado de shock y la crisis, nos cuesta trabajo percibirlo, también podemos darnos cuenta de que, junto con la tristeza, surge nuestra fuerza interior; esa que nos sostiene y que, si nos damos permiso de reconocerla, ha estado ahí desde siempre.
Cuando aprendemos a escuchar nuestras voces internas con curiosidad, en lugar de creerlas automáticamente, comenzamos a recuperar el poder de elegir cómo responder, incluso en medio de la incertidumbre.
Porque quizá el cambio más importante no sea el que sucede afuera, sino al que le damos espacio dentro de nosotros.
Si este tema resonó contigo y deseas iniciar un proceso de mayor autoconocimiento y crecimiento personal, te invito a formar parte de la siguiente generación de Mi Encuentro Conmigo.
Para recibir más información, escribe a [email protected] con el asunto «Encuentro».
*La autora es coach emocional, consultora y conferencista. Si te interesa explorar más sobre tu autosuficiencia emocional, te espero dentro de nuestra membresía ReprogrAmandoAndo. Visita bio.site/AdrianaReid.