Pionera, visionaria; una mujer adelantada a su tiempo, María Luisa Riedel Betancourt imaginó para Tijuana una atención médica a la altura de las grandes ciudades cuando hacerlo parecía una osadía. Sus cuatro hijas abrazaron y engrandecieron ese legado que, seis décadas después, conserva su excelencia, innovación, calidez y una visión profundamente humana.
POR ANA PATRICIA VALAY
Durante seis décadas, incontables historias de generaciones enteras de tijuanenses que forjaron y que hoy sostienen esta pujante y dinámica ciudad fronteriza se han cruzado con el Hospital del Prado.
Ahí dieron su primer respiro miles de tijuanenses. Ahí hubo abrazos después de una buena noticia, manos que se apretaron mientras pasaba el miedo y familias que confiaron lo más valioso que tenían: la vida de alguien que amaban. Por sus pasillos han transitado pacientes de ambos lados de la frontera e incluso figuras universales como la Madre Teresa de Calcuta.
Historias extraordinarias. Historias cotidianas. Historias que quizá nunca serán contadas, pero que explican por qué el Hospital del Prado forma parte también de la memoria de Tijuana.
Y detrás de todas ellas hubo, primero, el sueño de una mujer visionaria, perseverante y profundamente enamorada de la administración hospitalaria.
UNA MUJER QUE VIO EL FUTURO
“La idea y el sueño fue de la señora María Luisa Riedel Betancourt, mi madre”, recuerda María Eugenia Aubanel Riedel.
Tenía apenas 17 o 18 años cuando comenzó a trabajar como asistente en el entonces Hospital Civil de Tijuana. Ahí aprendió desde muy joven a resolver y a encontrar alternativas cuando los recursos escaseaban.
“De la necesidad le salió el amor por la administración de hospitales. Ella amó su trabajo desde un principio”.
Ese amor también la llevó a prepararse. Estudió enfermería, técnicas quirúrgicas, esterilización de equipos y todo aquello que le permitiera conocer a fondo el funcionamiento de un hospital.
En 1947, junto con su esposo, el Dr. Gustavo Aubanel Vallejo, fundó la Clínica Aubanel. Casi dos décadas después, María Luisa estaba lista para emprender su propio sueño: Hospital del Prado.
Era 1966 y una mujer recorría los bancos de Tijuana decidida a conseguir el financiamiento para construir un hospital. Le recomendaron hacer departamentos. Le advirtieron que podía quedarse sin dinero. También cuestionaron el lugar elegido: aquella zona era entonces la periferia de una ciudad que apenas comenzaba a crecer.
Pero María Luisa tenía carácter, liderazgo y una certeza difícil de doblegar.
“Yo es lo único que sé hacer y yo sé administrar hospitales.”
Y su determinación quedó resumida en otra frase:
“Si usted no me presta el dinero, alguien más lo va a hacer”.
María Luisa consiguió el financiamiento y, en apenas nueve meses, levantó la primera etapa: 12 habitaciones, salas de operaciones y terapia intermedia.
El 14 de septiembre de 1966, aquella mujer que se negó a renunciar a su visión abrió las puertas del Hospital del Prado.
CUATRO MUJERES, UN MISMO LEGADO
Sus cuatro hijas crecieron viendo a esa mujer trabajar. La vieron exigir, aprender, innovar y cuidar cada detalle.
Y entendieron que recibir un legado no era suficiente.
Había que prepararse para engrandecerlo.
María Luisa, María Eugenia, Carolina y Patricia abrazaron el proyecto de su madre como propio. Cada una desde su talento. Cada una desde una vocación distinta. Con los años, se convertirían en cuatro pilares del Hospital del Prado.
María Eugenia, química de profesión, creó el departamento de Laboratorio así como el gabinete de Rayos X, ultrasonido y un microscopio que no quería abandonar. Pero su madre vio en ella otras capacidades y comenzó a prepararla para la administración. Con los años, asumiría la presidencia del Consejo de Administración.
Patricia eligió la medicina y abrió camino como pionera de la cardiología intervencionista. Su extraordinaria trayectoria la llevó a cuidar el corazón de la Madre Teresa de Calcuta. Años después fundó el Instituto Cardiovascular Madre Teresa del Hospital del Prado, que hoy dirige.
Carolina llevó aquel espíritu pionero a la comunicación. En 1985 fundó Síntesis TV, un proyecto independiente que abrió camino y dejó huella en la televisión regional. Pero su propia historia nunca la alejó de la que comenzó en casa: hoy, como socia-consejera, sigue siendo uno de los pilares del Hospital del Prado.
María Luisa, “Chachi”, dejó a un lado el magisterio y se hizo cargo de la Gerencia de Hotelería del Hospital. Fue integrante del Consejo y contribuyó a importantes proyectos médicos y altruistas. En 2024 trascendió y su huella aún permanece.
Cuatro mujeres. Cuatro caminos.
Una misma decisión: hacer suyo el legado y llevarlo más lejos.
El resultado está a la vista: un Hospital del Prado consolidado, en constante evolución, que seis décadas después continúa creciendo sin desprenderse de los valores que le dieron origen.
María Eugenia lo resume desde un lugar mucho más íntimo:
“Ella fue mi gran maestra.”
UNA VOCACIÓN POR EVOLUCIONAR
La visión de María Luisa Riedel, la mujer que dio vida al emblemático Hospital del Prado, nunca dejó de mirar hacia adelante.
Cambiaron los tiempos, los procedimientos y la tecnología, pero permaneció aquella convicción de acercar a Tijuana lo más avanzado de la medicina, sin perder la calidez en la atención.
De aquellos primeros quirófanos, el Hospital del Prado transitó hacia nuevas especialidades, procedimientos de alta complejidad y tecnología de última generación. Hoy, más de 600 procedimientos realizados con el sistema Da Vinci dan cuenta de esa evolución.
También mira hacia quienes tomarán la estafeta. Como sede de formación para futuros médicos de IBERO Tijuana, comparte con una nueva generación el conocimiento y la experiencia construidos durante seis décadas.
La tecnología cambió. La voluntad de estar un paso adelante, no.
Y algo esencial tampoco cambió: ninguna tecnología sustituye la calidez de quien cuida.
Porque un hospital se construye todos los días. En las manos de una enfermera. En la experiencia de un médico. En sus técnicos, administrativos y colaboradores. Hoy, su personal, conformado por 240 personas, son las que sostienen una filosofía de calidad, seguridad, innovación y calidez.
LO QUE PERMANECE
Sesenta años después, mucho ha cambiado.
Cambió Tijuana. Cambió la medicina. Cambiaron los quirófanos y la tecnología.
Pero hay cosas que permanecen.
Los valores de aquella mujer permanecen en sus hijas y en generaciones de médicos, enfermeras y colaboradores que han cuidado a quienes cruzan esas puertas.
Y permanecen, literalmente, en aquellas magnolias que una vez sembró.
Las plantó con sus propias manos junto al hospital. Sus hijas lo recuerdan y todavía las cuidan “como oro”.
Tijuana creció. Y aquel hospital que alguna vez parecía quedar demasiado lejos terminó abrazado por la ciudad.
Las magnolias también crecieron.
Quizá ahí esté la imagen más poderosa de un legado: sembrar algo con tanta visión, amor y entrega que otros decidan hacerlo suyo, cuidarlo y llevarlo todavía más lejos.
Eso hicieron sus hijas. Eso hicieron quienes han sostenido esta historia durante seis décadas.
Porque lo que aquella mujer visionaria sembró sigue vivo.
Y sigue floreciendo.
HOSPITAL DEL PRADO HOY
60 años
de trayectoria en la atención médica de Tijuana y la región.
240 colaboradores
forman parte actualmente de la institución.
16 especialidades y subespecialidades
integran su oferta de atención médica.
+600 cirugías robóticas
realizadas con tecnología Da Vinci.
Urgencias 24/7
para atención continua.
UNA HISTORIA EN FECHAS
1932 El Dr. Gustavo Aubanel funda la primera clínica junto con el Dr. José de Jesús Rosas
1947
María Luisa Riedel Betancourt y el Dr. Gustavo Aubanel Vallejo fundan la Clínica Aubanel.
1966
Abre sus puertas el Hospital del Prado.
Contacto:
Página web
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