POR DAVID SOTELO FELIX
No cabe duda de que amar inspira dar. Cuando realmente quieres a alguien haces todo lo que está en tu poder por procurar su bienestar. Quieres que esté seguro, sano, feliz y cómodo. Monitoreas sus estados anímicos, su lenguaje corporal y hasta sus mensajes para saber si algo le hace falta y hacer algo al respecto. Además, no te duele hacerlo. El esfuerzo, tiempo o gasto lo ves como algo natural y propio de tu amor hacia esa persona.
Hasta aquí no habría problema alguno. Simplemente observamos la naturaleza del impulso amoroso y cómo este nos lleva a hacer por el otro. Pero ¿qué pasa cuando solo uno en la relación está preponderantemente dando y el otro casi únicamente recibiendo? Ahí entramos a terrenos insanos que vale la pena reconocer para poder corregir.
Servir, ser atendido o hacer equipo
Con qué mentalidad, creencias y experiencias llegan tú y tu pareja a la relación determina en gran medida cómo será el matrimonio, pues esto crea las expectativas que tendrán y exigirán dentro de la relación. ¿En cuál grupo te encuentras tú?
- Servir
Tienes la creencia de que te toca dar, resolver y proveer en casi todos los sentidos: material, emocional y hasta sexualmente. Te haces cargo, asumes responsabilidades y liderazgo. Pareciera que alguien te asignó el papel de preocuparte por los dos.
- Ser atendido
Llegas a la relación con la expectativa de recibir principalmente. Tu enfoque está centrado en lo que mereces obtener de tu pareja. Algo así como: “yo pongo mi presencia y tú todo lo demás”. Delator de esta postura es molestarse cuando se le indica que también le toca dar o hacer por el otro.
- Hacer equipo
Cuando se entiende que los cimientos de la relación son la reciprocidad y el compañerismo. Existe una visión auténtica de igualdad, donde ambos construyen acuerdos y responsabilidades juntos.
Si fuiste sincero, probablemente ya identificaste tanto a tu pareja como a ti mismo en alguno de estos grupos. Y quizá también comenzaste a notar qué necesitan replantear para construir una relación más sana y satisfactoria.
El equilibrio entre dar y recibir
Lograr un equilibrio entre dar y recibir debería ser la meta de toda relación. Pero ¿cómo detectar cuando esto no sucede y qué hacer para cambiarlo?
- Hablen con honestidad
Aclárate qué necesitas de tu pareja para sentirte feliz en la relación. Piénsalo, anótalo y compártelo. Invita también a tu pareja a expresar claramente qué necesita de ti.
- Dense tiempo para cambiar
Una vez hablado, den espacio para que comiencen los cambios y mejoras. Un mes puede ser suficiente para notar diferencias importantes.
- Revisen avances
Establezcan una fecha para conversar sobre lo que han observado y sentido. Reconozcan avances e indiquen con tacto aquello que aún necesitan mejorar.
En algunos casos, la mediación de un terapeuta de pareja puede ser fundamental para lograr una comunicación más clara y productiva.
Cuando el amor se convierte en resentimiento
Si no se establece un equilibrio entre dar y recibir, la relación puede convertirse en una bomba de tiempo. Uno de los mayores venenos para un matrimonio es sentir que a uno “le tocó la peor parte”.
Si eres dado a excederte en el servir, terminarás agotado y resentido. Por otro lado, si te acostumbras únicamente a recibir, también puedes terminar sintiéndote limitado, controlado y hasta despreciado por una pareja instalada en el reclamo constante.
La supuesta comodidad de solo recibir suele pagarse muy caro. Vivir con un(a) mártir controlador(a) no es agradable.
*El autor es psicoterapeuta de adultos y parejas en su consulta privada.
Consultas
664 331 1070