Resiliencia que inspira

Detrás de la mujer fuerte que hoy inspira a otras, existe una historia marcada por profundas heridas, miedo y una lucha emocional que continúa todos los días. Desde esa verdad —lejos de la perfección y profundamente cercana a la empatía— Diana Lomap decidió convertir su dolor en acompañamiento para mujeres que buscan reconstruir su vida después de la violencia

POR ANA PATRICIA VALAY

 

“Cuando decides alejarte de la violencia, el camino apenas comienza; las secuelas no se van, luchas con ellas todos los días”, dice Diana Lomap con una honestidad que desarma. Sin discursos prefabricados. Sin aparentar perfección. Sin tratar de romantizar el dolor.

Lo dice como alguien que aprendió a seguir adelante en medio de traumas, recuerdos y memorias tatuadas en el cuerpo. Porque aunque hoy refleja fortaleza, sonríe, recibe reconocimientos y encabeza una fundación, hay días —confiesa— en los que basta una pesadilla para despertar nuevamente con miedo, ansiedad o recuerdos que siguen presentes.

“La gente piensa que porque ya hablaste o porque ya saliste de ahí significa que ya estás bien. Y no. La verdadera batalla empieza cuando te encuentras sola”.

Y es justamente desde ahí donde vive su resiliencia: a pesar del dolor, ha decidido levantarse día con día, aun cuando las heridas siguen existiendo, para inspirar y ayudar a otras mujeres.

 

LA NIÑA QUE APRENDIÓ A SER FUERTE

Diana creció viendo violencia dentro de casa. Era apenas una niña cuando entendió que algo no estaba bien. Recuerda haber visto a su madre sufrir y, casi sin darse cuenta, convertirse ella también en una especie de apoyo emocional para ella.

“Éramos solamente mi mamá y yo”, recuerda.

Hablar de esa etapa todavía le duele. Se nota en las pausas. En la voz que por momentos se quiebra. Porque aunque el tiempo pasa, hay memorias que duelen y permanecen guardadas en nuestro cuerpo.

“Te estoy hablando de cuando tenía cinco o seis años… nadie merece vivir eso y mucho menos una niña”.

Aun así, en medio de esa historia tan compleja, Diana asegura que aprendió a convertir el dolor en fortaleza.

“No quiero romantizar la violencia”, aclara. “Pero sí me ayudó a ser la mujer que soy ahora”.

Con el tiempo entendió también algo que hoy intenta transmitir a otras mujeres: la violencia nunca afecta solamente a quien la vive directamente; también marca a los hijos.

“Uno crece normalizando cosas que no deberían ser normales”, explica. “Y luego, cuando eres adulta, muchas veces no te das cuenta de que estás viviendo violencia porque creciste viendo eso”.

 

“TE DA VERGÜENZA DECIR QUE FUISTE VÍCTIMA”

A lo largo de la conversación, Diana toca un tema del que pocas mujeres hablan abiertamente: la vergüenza.

Esa sensación silenciosa que muchas veces acompaña a quienes viven violencia.

“Te da vergüenza decir que fuiste víctima”, dice con total franqueza. “Y creo que eso es algo que tenemos que trabajar muchísimo”.

Por eso insiste en que nadie debería juzgar a una mujer preguntándole por qué no se fue antes.

Porque detrás de cada historia hay miedo, dependencia emocional, manipulación, amenazas, violencia económica, aislamiento y, muchas veces, hijos de por medio.

“Hay mujeres que se quedan por miedo, o porque no tienen con quién dejar a sus hijos, o porque sienten que están completamente solas”.

Diana sabe perfectamente de lo que habla porque también lo vivió.

Y quizá por eso su manera de abordar el tema está tan lejos del juicio y tan cerca de la empatía.

“No quiero que otras mujeres pasen por lo que yo pasé”.

No lo dice desde el protagonismo. Lo dice desde la memoria. Desde esa mujer que alguna vez necesitó ayuda y sintió que no había nadie ahí.

 

LA BATALLA QUE NADIE VE

Hay algo profundamente poderoso en escuchar a Diana mostrarse sin poses, auténtica, real; hablar desde la vulnerabilidad y no desde la aparente perfección, porque ella misma reconoce que sanar no es lineal.

“Yo no vendo perfección. Quiero enseñar una realidad”.

Y esa realidad incluye experiencias traumáticas, ansiedad, miedo y secuelas emocionales que siguen presentes incluso después de haber salido de la violencia.

“Las secuelas no se van. Es una batalla constante”.

Porque el cuerpo y la mente también recuerdan lo que un día dolió.

Se sincera incluso de lo difícil que puede ser construir relaciones sanas después de atravesar experiencias tan dolorosas. De lo importante que es tener una pareja empática. De aprender a no vivir siempre desde el miedo.

“Hay días en que simplemente no quieres que nadie te toque, y la persona que está contigo tiene que entender que no son cambios de humor: son traumas”.

Pero no queda ahí; también habla de esperanza. De terapia, de apoyo emocional, de comunidad. De aprender poco a poco a darse amor a sí misma.

“Con suerte, cada día va siendo menos difícil”.

 

UNA FUNDACIÓN NACIDA DESDE EL CORAZÓN

Hace un año, Diana decidió crear Fundación Lomap, que significa Lucha y Orientación para Mujeres hacia el Amor Propio, un proyecto enfocado en acompañar a mujeres víctimas de violencia y ayudarlas a encontrar una salida segura.

La fundación trabaja con apoyo psicológico, acompañamiento legal y alianzas con espacios de resguardo para mujeres y sus hijos.

Pero más allá de ayudar a una mujer a salir físicamente de un entorno violento, Diana quiere ayudarlas a reconstruir su vida.

“Hay mujeres que llegan diciendo: ‘yo no sé hacer nada’. Entonces estamos buscando alianzas para que aprendan un oficio, para que puedan trabajar y salir adelante”.

Porque sabe que muchas veces la violencia también viene acompañada de dependencia económica.

Y sabe también que el verdadero reto comienza después.

“No es solamente salir de la violencia. Es todo el camino que sigue después”.

 

“SOLO TÚ PUEDES HACERLO, LEVÁNTATE”

Cuando se le pregunta qué consejo daría a una mujer que hoy está viviendo violencia, Diana responde desde el corazón.

“Búscate una muy buena amiga”.

Alguien que no juzgue. Que ayude. Que acompañe. Que sostenga emocionalmente en el momento más difícil.

También recomienda guardar silencio y no alertar al agresor antes de salir del entorno violento.

“Nunca le adviertas que lo vas a dejar”.

Habla con crudeza porque conoce los riesgos.

Y aunque reconoce que cada mujer abre los ojos a su propio tiempo, insiste en que nadie merece vivir con miedo, malos tratos o violencia normalizada.

“Lo que más necesita una mujer al principio es apoyo para levantarse”.

Hoy, Diana Lomap sigue luchando todos los días contra sus propios demonios, como ella misma los llama. Pero decidió transformar ese dolor en algo que pudiera ayudar a otras mujeres a sentirse menos solas.

Y es justamente eso lo que vuelve tan poderosa su historia.

No la perfección.
No los premios.
No los reconocimientos.

Sino la valentía de seguir adelante y decir: “Sí, sigo luchando… pero aquí estoy”.

 

EN BREVE

Una palabra que te define: Resiliencia.

Algo que sigues aprendiendo a sanar: “Ser una buena esposa”.

¿Qué nunca debería normalizar una mujer? La violencia y los malos tratos.

Una frase para los días difíciles: “Solo tú puedes hacerlo, levántate”.

¿Qué representa esperanza para ti? Lomap.

 

APOYA LA CAUSA

Toda persona que desee sumarse al trabajo que realiza Fundación Lomap puede hacerlo ingresando a su página web y dando clic en el botón “Apoya la causa”, donde es posible realizar donativos o adquirir pulseras con causa para seguir apoyando a mujeres que buscan reconstruir su vida después de la violencia.

 

CONTACTO

Ayuda para Víctimas

Fundación Lomap

PÁGINA WEB: https://fundacionlomap.com/

 

 

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