POR LULÚ GARDNER
Cuando hablamos de autismo, las primeras imágenes que suelen venir a nuestra mente están relacionadas con la infancia. Sin embargo, el autismo no termina ahí; acompaña a la persona a lo largo de todas las etapas de su vida.
Lamentablemente, a medida que pasan los años, muchos de los servicios de apoyo —académico, familiar y terapéutico— comienzan a disminuir, dejando a muchas personas sin el acompañamiento que aún necesitan.
ESCUCHAR MÁS ALLÁ DE LA INFANCIA
Hablar del autismo en la adultez debería ser una oportunidad para comprender más profundamente sus experiencias. Necesitamos aprender a escuchar, ya que, en muchos casos, quienes han hablado por ellos han sido sus padres o terapeutas, y sus propias voces no siempre han sido tomadas en cuenta.
En los últimos años, ha surgido un movimiento importante que busca dar visibilidad a estas experiencias, brindándonos la oportunidad de aprender, reflexionar y transformar la forma en que acompañamos.
Hoy comparto con ustedes la experiencia de Kaomi Iriel Cárdenas Hernández, una joven con autismo diagnosticada recientemente. Escuchar el autismo en primera voz nos invita a ser más empáticos, más conscientes y, sobre todo, más inclusivos.
Lulú Gardner es fundadora de Cadee e Inlabore.
TESTIMONIO EN PRIMERA VOZ
De niña y adolescente, antes de descubrir mi diagnóstico, me gustaba creer que yo era de otro planeta. Y tenía sentido: por eso no comprendía a los “humanos”.
En el fondo de mi corazón, me aislé de los demás y del mundo. Crecí sintiendo que no pertenezco aquí.
Pero ahora, en el camino de descubrir que soy autista, estoy aprendiendo a reconocer que, aunque suena divertido pensar que soy extraterrestre, recordar mi humanidad me hace sentir mejor. Se siente más amable con mi corazón.
No soy un alienígena que por accidente nació en el cuerpo de un humano, habitándolo como un recipiente en un planeta desconocido, destinado a vivir ajeno a este mundo.
Cada día me recuerdo que soy humana, que la Tierra es mi planeta y que tengo derecho de habitarla y de habitar mi vida.
Estoy aprendiendo a sentirme parte de este mundo.
Estoy sanando ese sentimiento de no pertenecer. Estoy aprendiendo que pertenezco a la sociedad y a la comunidad en la que vivo. Este también es mi mundo y tengo derecho de formar parte de él, de tomar decisiones y de participar.
Pertenezco a mi propio cuerpo y a mi propia vida. Y merezco ser quien soy y vivir siendo yo misma.
Kaomi Iriel Cárdenas Hernández