Detrás del director de la Orquesta de Baja California hay una historia de vocación, disciplina y liderazgo, construida con la convicción de que la música no sólo forma grandes intérpretes, sino también mejores seres humanos.
Todo comenzó con un piano en casa de su abuela. «A mi mamá y a mi tía, cuando eran jovencitas, les dieron clases de piano para que fueran el mejor partido», recuerda entre risas. Fue él quien terminó cautivado por aquellas teclas. «Se dieron cuenta de que podía sacar melodías de oído y me metieron a clases de piano.» Tenía apenas siete años.
Además de aprender a leer partituras, su maestra reunía a sus alumnos para tocar a cuatro manos. «Desde esa temprana edad empecé a aprender a tocar música con otras personas, no nomás solo en el piano», recuerda.
Después llegaron los primeros ensambles: una flauta, un violín, un violonchelo y él al piano. «Empezamos a hacer música de cámara y ahí me di cuenta de que me gustaba decir cómo quería que salieran las cosas», cuenta. Sin proponérselo, en esos primeros encuentros también comenzó a descubrir el camino que años más tarde lo llevaría a la dirección de orquesta.
En su casa había un plan muy claro para el futuro.
«La expectativa era estudiar, trabajar, casarte, tener hijos y mantener a tu familia», recuerda. Por eso, al terminar la preparatoria decidió estudiar Comercio Exterior y Aduanas. Parecía el camino lógico.
La sonrisa aparece de inmediato cuando revive esa etapa.
«Sí, estudié Comercio Exterior… ¡hasta trabajé en Banca Cremi, que ya ni existe!», dice entre risas.
Pero mientras avanzaba en la carrera comprendió que su vida iba en otra dirección.
«Me di cuenta de que ese no era el camino que tenía que seguir.» Aun así, nunca pensó en abandonarla. «Siempre he sido de la idea de que lo que empiezo, lo termino.» Así que concluyó sus estudios mientras iniciaba, al mismo tiempo, su formación profesional en música en San Diego State University.
Con los años entiende que aquella decisión también terminó definiéndolo. No porque ejerciera esa profesión, sino porque le confirmó que la música no era sólo una afición; era el lugar donde quería construir su vida.
Más allá de la frontera
Con la decisión tomada, Armando dejó atrás la idea de una carrera convencional para dedicarse por completo a la música.
Primero estudió Composición Musical en San Diego State University y después Dirección Orquestal en el Conservatorio de Música de San Francisco. «Como a los 19 años me di cuenta de que quería ser director de orquesta», recuerda.
De regreso en Baja California comenzó a colaborar con la Orquesta de Baja California, mientras impartía clases y seguía buscando oportunidades para dirigir. Fue entonces cuando la gerente de la Orquesta de Baja California le mostró una convocatoria para director titular en Chihuahua.
«Mandé mis papeles porque ya faltaban tres o cuatro días para que cerrara… y me escogieron.»
Así inició una etapa que marcaría profundamente su carrera. Durante doce años estuvo al frente de la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua. «Fui muy feliz», dice con la misma naturalidad con la que recuerda aquella etapa. Pero más allá del repertorio y los conciertos, hubo un aprendizaje que ninguna escuela podía ofrecer como: “Mediar situaciones complejas de las personas dentro y fuera de la orquesta”
Dirigir para transformar
En 2016 regresó a Tijuana para convertirse en Director Titular de la Orquesta de Baja California. A esa responsabilidad se sumó posteriormente la Coordinación General del Sistema Estatal de Música, un proyecto impulsado por la secretaria de Cultura de Baja California, Alma Delia Abrego Ceballos, y el subsecretario Alfredo Álvarez Cárdenas, consolidado durante el gobierno encabezado por Marina del Pilar Avila Olmeda, con el propósito de ampliar el acceso a la formación musical de niñas, niños y jóvenes en todo el estado.
Su visión del liderazgo es clara. «Estás para servir al proyecto, no para servirte de él.» Esa convicción acompaña su labor tanto al frente de la Orquesta como en la formación de nuevas generaciones.
«No nomás estamos formando músicos; estamos formando buenos seres humanos y ciudadanos.» En esa frase se resume una trayectoria construida con disciplina, vocación y la certeza de que la música puede transformar vidas.
EN BREVE
Una palabra que define su vida: Tranquilidad.
El mejor consejo que ha recibido: «Entre más grande estás, menos sabes». Una lección de humildad.
Un valor que nunca negociaría: La integridad moral.
Un compositor favorito: Johann Sebastian Bach.
Un libro que destacaría: Los hermanos Karamázov, de Fiódor Dostoievski.
Platillos que le encantan: El mole, Chiles en Nogada y Pizza.
La felicidad es…. más interna.
Un sueño pendiente: Dirigir la tetralogía de El anillo de Nibelungo, de Richard Wagner.