Un sueño le mostró una escena que todavía no existía. Sofía Sotomayor decidió convertirla en realidad y, desde entonces, ha hecho de su capacidad para convocar una manera de multiplicar la ayuda. Este 6 de octubre, “200 Mujeres y Rotarios por un Mundo sin Polio” celebrará su novena edición con una meta: recaudar 25 mil dólares.

POR ANA PATRICIA VALAY

Hay sueños que se desvanecen apenas abrimos los ojos. El de Sofía Sotomayor no.

Aquella noche se vio en un salón lleno de mujeres. Ella estaba frente al atril y detrás había una enorme manta: “200 mujeres contra la polio”. No sabía por qué estaba ahí ni qué sucedía exactamente. Pero la imagen fue tan clara que, al despertar, no pudo dejarla atrás.

“Todo el día decía yo: como que esta es una señal de que algo debo hacer”.

Hizo una llamada, puso una fecha y colgó. Entonces aterrizó de golpe en la realidad: “Bueno, ¿y ahora qué hago?”. El sueño le había mostrado el destino, pero no el camino.

Y Sofía comenzó a construirlo.

Llamó a amigas, comadres, primas, vecinas, rotarias; buscó espacios en radio, televisión y periódicos. Quería reunir a 200 mujeres. Llegaron 238 y aquella primera edición recaudó casi cinco mil dólares para la lucha contra la polio.

Más de una década después, aquel sueño sigue vivo.

UNA META QUE SIGUE CRECIENDO

El próximo 6 de octubre, “200 Mujeres y Rotarios por un Mundo sin Polio” llegará a su novena edición en Hotel Quartz, con un desayuno social, música, convivencia, rifas y un conversatorio con líderes rotarios internacionales.

La meta es recaudar 25 mil dólares. Al momento de la entrevista, Sofía ya llevaba 17 mil.

Pero su manera de convocar dice mucho de ella:

“Yo no te estoy pidiendo dinero. Te estoy dando la oportunidad de que contribuyas a salvar un niño con una vacuna y de hacer historia”.

Porque Sofía entendió hace mucho que ayudar sola tiene límites; hacer que otros quieran ayudar multiplica las posibilidades.

EL DON DE MULTIPLICAR

Durante 20 años en Rotary ha trabajado con jóvenes, subvenciones y distintas causas y, a través de proyectos rotarios en los que ha participado, ha contribuido a recaudar más de dos millones de dólares.

Su vocación comenzó mucho antes, con una abuela que le enseñó que, cuando las necesidades propias están cubiertas, dar también es una responsabilidad.

También aprendió que los dones no son para esconderlos. De niña adelantó grados escolares y destacó académicamente.

“Ese es un don que Dios me dio y es una responsabilidad”.

La vida pondría a prueba esa convicción. Vivió un matrimonio violento, vio lastimada su autoestima y tuvo que reinventarse para sacar adelante a sus tres hijos. Años después enfrentó la enfermedad y muerte de su hijo mayor, médico anestesiólogo, a los 42 años.

Durante casi tres años lo acompañó. Y en medio de aquel dolor, fue él quien también quiso sostenerla:

“Disfrútame. Disfrutemos este tiempo juntos”.

Palabras que Sofía convirtió en una manera distinta de mirar incluso aquello que no podemos cambiar.

ESTAR EN EL LUGAR DE DAR

Por eso su gratitud tiene historia.

“Estamos en el lugar de dar y no de pedir. Y eso es una bendición tremenda”.

Hoy sigue organizando, consiguiendo recursos, tocando puertas. Tal vez ya no carga las sillas de ruedas que ayuda a entregar, pero sigue ahí.

Y cuando se le pregunta qué quisiera dejar en los demás, responde con una palabra: congruencia.

“Que sean congruentes con lo que dicen y con lo que hacen. Si dices que tienes fe, tienes que realmente sentirla; no nada más decirlo”.

Para Sofía, hacer el bien también es una manera de vivir en paz. “Yo creo que cuando uno está en paz es feliz. Y eso lo irradias”.

El 6 de octubre volverá a encontrarse frente a un salón lleno de personas.

Como aquella noche.

Quizá nunca sepamos si primero existió el sueño o si, por un instante, Sofía alcanzó a mirar la vida que todavía no había construido.

Lo importante es lo que hizo al despertar:

convertir aquella visión en una oportunidad para que muchos otros también pudieran hacer el bien.

Espera un momento…

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