Redacción Mujer actual
No es una pregunta inocente ni surge por casualidad. Aparece de pronto, en medio de un día cualquiera, quizá después de un regaño, una discusión entre hermanos o en un momento en el que uno de ellos siente que la atención no fue para él.
“¿Quieres más a mi hermano o a mí?”
Una frase breve que incomoda, desarma y suele dejar a madres y padres buscando una respuesta inmediata. Sin embargo, lejos de hablar de competencia, esta pregunta revela una emoción profunda: el miedo a perder su lugar y la necesidad de sentirse seguro dentro de su propia familia.
Los niños no preguntan para competir, preguntan para sentirse seguros
Desde la psicología del desarrollo infantil se sabe que este tipo de cuestionamientos no buscan provocar conflicto, sino confirmar algo esencial: que el amor sigue ahí.
John Bowlby, creador de la teoría del apego, explicó que durante la infancia temprana los vínculos primarios funcionan como una base de seguridad emocional. Cuando esa base parece moverse —aunque sea de forma momentánea— el niño necesita comprobar que el amor permanece intacto.
Cuando la comparación surge entre hermanos, lo que está en juego no es quién es más querido, sino cómo se percibe el afecto. El tiempo, la atención o los cuidados pueden sentirse como equivalentes al amor, especialmente cuando los niños aún no comprenden que éste no se divide.
Para un niño, menos atención puede sentirse como menos amor
La American Academy of Pediatrics señala que la rivalidad entre hermanos es una etapa común del desarrollo y que suele intensificarse cuando existen cambios en la dinámica familiar o diferencias en las necesidades de cada hijo.
Esta pregunta no es una demanda racional, es un llamado emocional. Expresa inseguridad, temor a ser desplazado, deseo de validación y necesidad de reconocimiento individual. Por eso, la forma en que se responde puede fortalecer o debilitar la seguridad afectiva del niño.
Responder de manera automática, minimizar la inquietud o recurrir a frases rápidas como “los quiero igual” puede no ser suficiente.
Daniel Siegel, psiquiatra infantil y autor de No-Drama Discipline, explica que los niños necesitan sentirse emocionalmente comprendidos, no sólo tranquilizados.
El amor no se gana ni se pierde frente a un hermano
Elegir a uno de los hijos, incluso en tono de broma, o justificar diferencias diciendo que uno necesita más atención puede reforzar la idea de que el amor se mide.
UNICEF ha advertido que la percepción de favoritismos puede generar inseguridad emocional y afectar la relación entre hermanos a largo plazo.
Cómo responder sin generar competencia
Implica separar el amor de la atención momentánea. El amor no cambia, aunque las circunstancias sí.
Frases como “no hay un hijo más querido que otro” o “los amamos de maneras distintas porque son personas distintas” ayudan a construir una base emocional más sólida. Alfred Adler, pionero en el estudio de la dinámica fraterna, explicó que cada hijo busca un lugar único dentro de la familia y necesita sentir que ese lugar es valioso.
TIP: Qué hacer cuando surge esta pregunta
Escuchar sin corregir de inmediato, nombrar la emoción que el niño expresa y reafirmar que el amor no se compara ni se reparte. UNICEF sugiere fomentar la cooperación entre hermanos y crear espacios donde cada uno se sienta visto y reconocido.
Acompañar esta pregunta con empatía transforma un momento incómodo en una oportunidad de conexión. Les recuerda que no necesitan competir para ser amados y que el amor que reciben en casa es seguro, constante y permanece, incluso cuando hay dudas, diferencias o silencios. Ese amor es el que los sostiene hoy y el que les dará confianza para vincularse con el mundo mañana.