¿Están nuestros hijos construyendo identidad en casa… o aprendiendo a depender de aprobación externa?

POR ALBA RODRÍGUEZ

Este artículo está dedicado a los niños y niñas, esos grandes maestros que nos enseñan lo esencial de la vida con su alegría, curiosidad y sinceridad, y que, al mismo tiempo, nos muestran cuánto influyen en ellos nuestras palabras, nuestras miradas y nuestro amor. La infancia es el terreno donde se forma la autoestima y, como padres y adultos responsables, tenemos la oportunidad —y el deber— de construir un hogar que afirme su identidad, no que la condicione a la aprobación del mundo.

Desde una mirada profunda y espiritual, es importante recordar que la identidad no nace de la comparación ni del rendimiento. Nuestra identidad es un regalo. Somos valiosos porque fuimos creados por Dios con un propósito. Cuando un niño crece entendiendo que su valor no depende únicamente de lo que logra, sino de quién es y de Quién lo creó, su autoestima se vuelve más estable y resiliente frente a los errores.

¿Qué dicen los expertos?

La autoestima infantil es la percepción que el niño tiene de su propio valor y capacidad. No se trata de sentirse “mejor que otros”, sino de sentirse suficiente y competente.

Investigaciones en desarrollo infantil, como las de Daniel J. Siegel y la teoría de mentalidad de crecimiento de Carol Dweck, muestran que una autoestima sana se construye cuando el niño desarrolla una narrativa interna positiva y realista sobre sí mismo.

Un niño con autoestima saludable se siente seguro para intentar cosas nuevas, reconoce que puede equivocarse sin dejar de ser valioso y sabe que es importante por quién es, no solo por lo que logra. Los expertos coinciden: la autoestima no se impone, se cultiva mediante apoyo, reconocimiento, conexión emocional y autonomía.

Cómo fortalecerla en casa

El hogar es el espacio más poderoso para construir autoestima.

  1. Elogia el esfuerzo, no solo el resultado.
    En lugar de reforzar únicamente el éxito, enfócate en el proceso. Por ejemplo, en vez de decir “Eres muy inteligente”, prueba con “Me gusta cómo perseveraste en esto”. Esto fortalece la idea de crecimiento y capacidad, no la necesidad de perfección.
  2. Valida sus emociones.
    La autoestima también se forma cuando el niño siente que sus emociones son tomadas en serio. Frases como “Te escucho”, “Entiendo cómo te sientes” o “Tiene sentido que estés así” enseñan que su experiencia interna importa.
  3. Fomenta independencia.
    Permitir que tomen decisiones acordes a su edad —como elegir su ropa o colaborar en casa— desarrolla autonomía. No se trata de exigir, sino de transmitir: “Confío en ti”.
  4. Evita etiquetas y comparaciones.
    Un comentario repetido puede convertirse en identidad. En lugar de decir “Siempre haces todo mal”, es preferible afirmar: “Esto no salió como esperábamos, ¿qué podemos intentar diferente?”. El error no define quiénes son.
  5. Ama más allá de la conducta.
    Nuestros hijos necesitan saber que los amamos independientemente de cómo se porten o de sus calificaciones. El comportamiento se corrige; la identidad se afirma. Su valor no sube cuando sacan un 100 ni baja cuando fallan.
  6. Haz preguntas que fortalezcan la autoconciencia.
    Preguntas como “¿Qué es lo que más te gusta de ti?”, “¿De qué te sentiste orgulloso hoy?” o “¿Qué crees que se te da mejor?” ayudan a conectar con sus fortalezas y a construir una narrativa interna positiva.

Un recordatorio esencial

La autoestima no es fija; se construye día a día en pequeños momentos: una mirada que valida, una palabra que afirma, un error acompañado con paciencia. También es clave modelar la autoaceptación. Cuando los adultos decimos “Me equivoqué, pero puedo intentarlo de nuevo”, enseñamos resiliencia y autocompasión.

Tal vez el mensaje más importante que podemos sembrar es este: nuestros hijos fueron creados por Dios con un propósito, amados desde el inicio, y llevan dentro una grandeza que necesita ser reconocida y guiada.

La verdadera autoestima nace cuando un niño comprende que su valor no depende de comparaciones, calificaciones o aplausos externos, sino de una identidad firme que permanece incluso en la imperfección.

Este Día del Niño, recordemos su grandeza.
Pero, sobre todo, ayudémosles —cada día— a descubrir y recordar la suya.

Feliz día a ellos…
y también a ese niño interior que vive en cada uno de nosotros.

*La autora es psicóloga.

Espera un momento…

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