Empresario binacional, socio de R.L. Jones Customhouse Brokers y líder que apostó por lo local cuando el mundo apostaba por lo global. Su instinto y visión lo recompensaron con la expansión de la firma en múltiples ciudades, un equipo de más de 600 colaboradores y una presencia clave en la región fronteriza.

POR ANA PATRICIA VALAY

Hay trayectorias que no se construyen a partir de un plan perfecto, sino de la capacidad de escucharse, reconocer los propios talentos y tomar decisiones aun cuando el miedo está presente. La historia de Eduardo Acosta —“Lalo”, como le dicen los amigos— pertenece a ese tipo de caminos, guiados por el trabajo constante y una lealtad profunda a los valores aprendidos en casa.

Aunque nació en Nogales, Arizona, creció en un hogar donde el español fue su primer idioma. Hijo de padre mexicano nacido en Arizona y madre originaria de Sinaloa, fue el mayor de cuatro hermanos y desde joven entendió que el progreso no llega por inercia, sino como resultado del esfuerzo y la constancia.

Un primer sueño y la honestidad de soltarlo

Durante la preparatoria pensó que quería ser médico, no por vocación, sino porque lo asociaba con estabilidad. Por ello, primero estudió Bioquímica en la Universidad de Arizona, aunque con el tiempo apareció una certeza incómoda: no disfrutaba la vida de laboratorio.
Aunque terminó la carrera y presentó el examen correspondiente, el resultado confirmó lo que ya intuía: no era falta de capacidad, sino de afinidad.
Lejos de dramatizarlo, decidió cerrar ese ciclo con responsabilidad. Saber cuándo soltar, entendió, también es una forma de madurez.

El inicio desde abajo

Sin un rumbo profesional definido, pero con la convicción de mudarse a San Diego, llegó al mundo aduanal a través de una oportunidad inesperada. Un amigo de la familia le ofreció trabajo en una pequeña agencia aduanal y aceptó sin conocer a fondo el oficio.

Comenzó desde la operación más básica: trámites, cruces fronterizos y apoyo en bodega. Ese aprendizaje práctico fue decisivo. No solo entendió el negocio desde dentro, sino que descubrió algo fundamental: disfrutaba el trato con las personas.

“Me di cuenta de que tenía un don: llevarme bien con la gente”. Ese reconocimiento marcó su vocación real y definió el eje de su manera de trabajar.

Elegir lo local cuando todos apostaban por lo global

Tras varios años de crecimiento profesional llegó el momento más decisivo de su carrera. Mientras una empresa global del sector le ofrecía una posición directiva con expansión acelerada, recibió la invitación para convertirse en socio de una firma local: R.L. Jones Customhouse Brokers.

El momento exigía claridad y valentía; dudó y sintió miedo, pero decidió seguir su instinto e integrarse como socio a una firma local, convencido de que ese era el camino correcto. Una decisión que le cambió la vida. En 1996 se integró como socio y regresó a vivir a San Diego para abrir la operación.

Hoy, casi tres décadas después, Eduardo Acosta es chairman de la Convención de Agentes Aduanales, vicepresidente y socio de R.L. Jones, empresa con presencia en las principales fronteras entre México y Estados Unidos, así como en Los Ángeles, y con un equipo de más de 600 colaboradores.

“Elegí construir, no sólo escalar.”

Liderar desde la integridad

Para Acosta, el crecimiento empresarial nunca ha estado desligado de los valores. Habla con orgullo de un equipo directivo que lleva entre 20 y 26 años trabajando con él, una señal clara de liderazgo basado en estabilidad, confianza y trato humano.

La integridad es un principio no negociable. Lo aprendió en casa y ha guiado su manera de trabajar.

En 2025, su trayectoria fue reconocida por la Cámara de Comercio de San Diego, que lo distinguió como Líder Internacional del Año en los International Tribute Awards, por su impacto en la región binacional.

El apoyo que sostiene todo

Lo cierto es que hablar de Eduardo Acosta sin mencionar a su esposa sería omitir una presencia clave en su trayectoria personal y profesional. Casado desde hace 32 años con Annie Nenninger, reconoce en ella un pilar fundamental de su vida. Juntos han enfrentado decisiones y cambios, siempre como equipo.

Padre de tres hijos, mira el futuro con gratitud y propósito, reflexionando sobre la transición hacia una nueva generación y el legado que busca dejar tanto en su familia como en la empresa. Para él, el verdadero éxito se construye en el equilibrio entre ambas.

Mirar atrás con gratitud, mirar adelante con propósito

Después de más de 30 años como socio y una vida dedicada al servicio, Eduardo “Lalo” Acosta tiene claro que no hay atajos. A los jóvenes les deja un mensaje sencillo: encontrar lo que les apasiona, darle tiempo y entender que los caminos no siempre son rectos, pero sí formativos.

Porque, como su propia historia lo demuestra, el verdadero don no siempre está en lo que se estudia, sino en lo que se es.

EN BREVE

Una decisión que te cambió la vida: Venirme a vivir a San Diego.

Un valor que no negocias: Integridad.

Un error del que aprendiste: No pedir disculpas a tiempo.

Una palabra que define tu forma de trabajar: Apasionado.

¿Qué te sigue ilusionando hoy?: Ver a mis nietos crecer y dejar un legado sólido para la siguiente generación.

 

Espera un momento…

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