En el mes dedicado a la mujer, este especial reúne a tres mujeres en momentos distintos de su camino, unidas por una misma fuerza: la capacidad de tomar decisiones y sostenerlas en el tiempo.
Desde la cultura y la gestión institucional, la defensa de los derechos migrantes y la música, estas conversaciones nos acercan a Miriam García Aguirre, directora del Centro Cultural Tijuana; Blanca Estela Zarazúa, abogada de inmigración y Cónsul Honoraria de México en Salinas, California y Hania Ramos, joven cantante tijuanense con proyección nacional.
Miriam García Aguirre dirigir con sensibilidad y amor
A un año de asumir la dirección del CECUT, su directora reflexiona sobre liderazgo y la institución que quiere entregar a la siguiente generación.
Hay trayectorias que se construyen con tiempo y una mirada atenta. Así ha sido el camino de Miriam García Aguirre, tijuanense, hija de padres migrantes de Michoacán, formada en esta ciudad fronteriza que entiende como un territorio de cruces, donde las historias se encuentran.
Historiadora de formación y gestora cultural por convicción, su recorrido se ha tejido desde esa condición fronteriza. Hoy, a un año de asumir la dirección del Centro Cultural Tijuana, no entiende esta responsabilidad como una meta alcanzada, sino como la continuidad de una historia que entrelaza investigación, arte y comunidad.
El origen de una vocación
Tras ejercer su profesión como historiadora, fue en el propio CECUT donde Miriam comenzó a asumirse plenamente como gestora cultural. Ahí comprendió que gestionar también es una forma de creación: crear espacios de encuentro y tender puentes entre ideas y personas.
En su historia aparecen figuras que la marcaron: el historiador David Piñera, con quien se formó como asistente de investigación, y José Manuel Valenzuela, en El Colegio de la Frontera Norte. A ese camino se suman mujeres fundamentales, como Norma Iglesias y Elizabeth Meyer, cuyas formas de pensar el arte y la frontera dejaron huella en su manera de hacer.
Gestionar con sensibilidad
Al frente del CECUT, Miriam concibe el liderazgo como una combinación de sensibilidad e intelecto. Para ella, dirigir implica planeación estratégica, organización, comunicación y toma de decisiones, guiadas por el amor, la esperanza y la convicción de que es posible confiar en la comunidad, sin perder la escucha ni la atención a las personas.
Hoy es responsable de un equipo y asume esa tarea con la conciencia de que una institución se sostiene desde lo colectivo.
Sostén y acompañamiento entre mujeres
Cuando la conversación se detiene en su trabajo con las mujeres, Miriam vuelve a una idea central: la amistad. “No nos enseñaron a ser amigas”, dice.
Desde su experiencia, habla de acompañar y sostener como prácticas fundamentales. “Sostener es estar contigo incluso cuando no estoy de acuerdo con tu decisión”, afirma. No se trata de avalar todo, sino de no aislar ni dejar sola a la otra.
“Escuchar la historia de la otra y reconocer su palabra es una forma de ternura radical”, dice.
Lo que quiere dejar
Miriam piensa el CECUT como una institución que debe poder entregarse viva y en diálogo con la siguiente generación. Dirigir, para ella, es entender que el paso por una institución es temporal y que lo importante es cuidar lo que se deja: las personas, los procesos y los vínculos que hacen posible una comunidad cultural.
“La sensibilidad también es una forma de amor”, dice.
En breve
Un momento del día que disfruta: Cuando despierto y veo a mi hijo.
Un lugar que la reconforta: El CECUT.
Algo que siempre lleva consigo: Una foto de mi hijo.
Algo que la ayuda a desconectarse: Caminar.
Un placer cotidiano: El café.
Blanca Estela Zarazúa el miedo no es opción una historia que nace del origen
POR ANA PATRICIA VALAY
Hija de un bracero mexicano que llegó a Estados Unidos en 1945, Blanca Estela Zarazúa creció entre la migración, el trabajo duro y una familia humilde que aprendió pronto que los sueños no se heredan: se construyen. Su historia no se explica desde los títulos, aunque los tiene; se comprende, sobre todo, desde la dignidad.
Creció entre el rancho, el servicio doméstico y una disciplina férrea. “No tuve el lujo de tener miedo”, dice, una frase que condensa su manera de mirar la vida y de tomar decisiones.
Una formación construida con disciplina
Blanca Estela fue una alumna brillante. Estudió con becas, sin modelos cercanos, pero con la convicción de saberse capaz y de abrirse camino a través del estudio. Entendió que la preparación era una herramienta para ampliar posibilidades.
Su formación la llevó por Estados Unidos, México, Inglaterra e Italia. Estudió Lenguas Extranjeras en Pitzer College, obtuvo un MBA en la Universidad de California en Berkeley y más tarde se formó como abogada, con estudios de posgrado en Derecho. Cada etapa fue construida con constancia y claridad de propósito.
Durante años ejerció como especialista fiscal, hasta que la crisis económica de 2008 marcó un punto de quiebre. Fue entonces cuando decidió cambiar de rumbo y dedicarse al derecho migratorio. No fue casualidad: fue memoria, conciencia y compromiso.
La ley con rostro humano
Hablar de migración, para Blanca, nunca ha sido un asunto abstracto. Acompaña familias, procesos complejos y decisiones que marcan vidas enteras. Por eso su manera de ejercer la ley parte siempre del respeto y de la escucha.
Más que expedientes, acompaña personas. Más que números, entiende historias. Su ejercicio profesional se sostiene en la empatía y en una profunda vocación de servicio.
Trayectoria,
sin estridencias
En 2003, Blanca fue nombrada Cónsul Honoraria de México. La notificación llegó a través de una carta oficial firmada por el entonces presidente Vicente Fox.
Blanca se la llevó a su padre. Al leerla, él rompió en llanto. No hizo falta decir nada más: en ese silencio estaban contenidos años de trabajo, sacrificio y una vida entera cruzando fronteras.
Ese momento íntimo explica mucho de su forma de entender el éxito.
Para ella, los logros no se miden en cargos ni en reconocimientos públicos, sino en coherencia, gratitud y responsabilidad. Cuidó a su padre durante años y hoy acompaña a su madre, de 93 años. Honrar su historia es parte de su manera cotidiana de vivir.
Un mensaje para
otras mujeres
A las mujeres les deja un mensaje claro: el miedo no es opción. Soñar exige estructura, compromiso y respeto por uno misma.
“Las posibilidades se convierten en probabilidades, y luego en realidades”.
En breve
Un momento del día que disfrutes:
Llegar a casa y ver a mi gato y a mi caballo.
Un lugar favorito:
La playa.
Algo que siempre llevas contigo:
A mi padre.
Algo que te ayuda a desconectarte:
La música. Estudié piano clásico y aprecio todos los géneros.
Un placer cotidiano:
Cocinar, aunque hoy lo considero un lujo.
Hania cantar, escribir y soñar en voz alta
POR ANA PATRICIA VALAY
Hania Ramos tiene 22 años, nació en Tijuana y hoy divide su vida entre la universidad y la música. Estudia Contabilidad en San Diego State University, mientras escribe canciones, graba nueva música y sostiene un sueño que comenzó desde niña: ser artista.
LA MÚSICA COMO ORIGEN
En su hogar, la música siempre estuvo presente. Su mamá, Alissa Rosangel Aguirre Thomas, cantautora, impulsora y productora de su hermana, la cantante Lynda, ha sido la principal influencia en su formación y en su manera de entender la música. Desde casa, Hania creció observando la disciplina y los procesos que implica hacer de la música un camino de vida.
Pero fue a los once años cuando llegó un momento clave. Al recibir como regalo un teclado, empezó a escribir y a escucharse con atención. Aprendió sola, probando acordes, palabras y melodías. Hoy lo dice con naturalidad: en su casa siempre hay una guitarra cerca, “en cada cuarto”, como si la música necesitara estar siempre al alcance de la mano.
ESCRIBIR LO QUE SE SIENTE
A Hania la inspiran sus propias vivencias y también las historias de otros. La amistad, el amor, las despedidas y la esperanza aparecen una y otra vez en sus canciones. “La música siempre me ha acompañado”, dice, tanto en momentos dolorosos como en momentos positivos. Escribir se ha vuelto una manera de decir lo que siente y de compartirlo con honestidad.
En sus canciones busca dejar algo que acompañe. Incluso cuando aborda emociones complejas, cuida que cada historia tenga un cierre que se quede y deje una sensación que permanezca.
APRENDER DEL
ESCENARIO
En 2024 participó en el concurso La Academia. Compitió con más de mil aspirantes y llegó a la etapa final, colocándose como la número 20 del proceso. Aunque no logró quedarse dentro del programa, la experiencia confirmó su decisión de seguir.
SOÑAR EN VOZ ALTA
Hania dice que se ve como artista representando a México. Quiere cantar en español, incorporar algo de inglés y construir una carrera desde lo que ha vivido entre Tijuana y San Diego. Habla de sus canciones como un espacio para contar historias.
Uno de sus grandes sueños es ganar un Grammy, y reconoce que la inspiran los artistas que logran conectar con la gente desde la autenticidad. Para ella, hacer música implica seguir aprendiendo y continuar trabajando.
En breve
Un momento del día que disfruta: el atardecer.
Una canción que la acompaña siempre: Love You for Sentimental Reasons, de Natalie Cole.
Algo que la hace sentir bien: hacer ejercicio.
Algo que la ayuda a desconectarse: la música y componer.
Un sueño hoy: seguir siendo artista.
Actualmente graba la canción “Into the Night”, de su autoría, junto a su amigo Andrei Gleason.
REDES
Instagram,TikTok y Facebook:
@_soyhania
YouTube: http://www.youtube.com/@hania1213
Spotify: https://open.spotify.com/artist/3E9oi9brA2hMEbJhrtLmKb