POR ADRIANA REID
Hay sucesos que no solamente cambian tu vida. Cambian la pregunta desde la que la estás viviendo.
Durante una crisis, todas tus voces internas hablan al mismo tiempo en torno a una sola misión: saber qué hacer.
Cuando lo urgente pasa, puede aparecer algo más difícil de reconocer: ¿quién soy ahora y qué quiero para mí?
Una separación, una pérdida, un fracaso profesional, un cambio inesperado o cualquier experiencia que sacuda tus certezas puede poner en duda la sensación de seguir siendo quien eras.
Gran parte de lo que creemos que somos se forma a través de nuestras experiencias. Por eso, nuestra identidad también puede atravesar un proceso de reconstrucción.
Aprendimos qué significaba ser una “buena mujer”, una buena hija, una buena madre, una profesionista exitosa. Aprendimos qué debíamos tolerar, qué debíamos demostrar y hasta qué emociones eran aceptables.
Mientras todo funciona, rara vez cuestionamos esa estructura.
Hasta que algo la rompe.
Entonces aparece una sensación incómoda: estamos dejando de ser quienes aprendimos que teníamos que ser.
Desde la perspectiva de Be2Be-Coaching, -Sé Tú para SER TÚ-, una crisis no es necesariamente mala. Provoca un cambio y puede convertirse en un punto de inflexión porque nos lleva a distinguir entre identidad y adaptación: entre lo que realmente somos y lo que aprendimos a hacer para sentirnos seguras, aceptadas o suficientes.
Por eso, reconstruirnos significa reconocer qué parte de nosotras elegimos conservar y qué parte podemos integrar como sabiduría.
Cuando alguien llega a consulta en medio de una crisis, mi primera sugerencia es hacer una lista de valores.
Pueden ser los mismos con los que creciste, con un matiz: revísalos, actualízalos y elígelos como propios. Esa elección se convierte en aquello que vas a defender.
A partir de ahí, toca identificar qué patrones ya cumplieron su función y qué decisiones comenzarían a reflejar a la persona en la que te estás convirtiendo.
La identidad también se elige
La nueva identidad no se construye con pensamientos positivos. Se construye con pequeñas decisiones: un límite claro, una conversación pendiente, una necesidad que decides dejar de ignorar, un “no” que ya no justificas.
Ahí empieza la integración: cuando lo que piensas, sientes y haces deja de estar en conflicto y empieza a responder a una misma versión de ti.
Tal vez por eso algunas crisis terminan revelando algo que necesitábamos saber:
No siempre necesitas reconstruir la vida que perdiste. A veces necesitas construir una vida que tenga sentido para la mujer en la que te has convertido.
Para tu caja de herramientas
Cuando atravieses una etapa de cambio, escribe tres listas:
YA NO SOY:
¿Qué roles, creencias o expectativas dejaron de representarme?
SIGUE SIENDO MÍO:
¿Qué valores, cualidades y partes de mí quiero conservar?
AHORA ELIJO:
¿Qué quiero comenzar a hacer diferente para que mi vida sea congruente con quien soy hoy?
No necesitas tener todas las respuestas.
A veces, reconstruir la identidad comienza simplemente con dejar de vivir desde una versión de ti que ya cumplió su función.
La autora es coach emocional, consultora y conferencista. Si te interesa explorar más sobre tu autosuficiencia emocional, te espero dentro de nuestra membresía ReprogrAmandoAndo. Visita bio.site/AdrianaReid