POR ANA LAURA MARTÍNEZ
¿Y después de la vendimia… qué?
El otoño en los Valles del Vino
Me encanta el otoño. Es, probablemente, mi estación favorita. Me gustan sus colores, la luz, los días que empiezan a acortarse y esa sensación de que la naturaleza baja un poco el ritmo.
Quizá por eso me gusta tanto visitar los Valles del Vino de Baja California en esta época del año.
La vendimia ya terminó. Se fueron las fiestas, las mesas largas, las copas, la música y el movimiento de los días de cosecha. Los caminos están más tranquilos y los viñedos comienzan a cambiar de color.
Pero en las bodegas sucede todo lo contrario.
Cuando la cosecha apenas comienza
La uva que hace unas semanas vimos llegar en cajas ahora está en proceso de convertirse en vino. Comienza la fermentación, se revisan temperaturas, se realizan distintos movimientos y se prueban los mostos. Algunas uvas pasarán por barrica; otras seguirán caminos diferentes. Cada enólogo empieza a acompañar una nueva cosecha cuyo proceso apenas comienza.
Es una parte del vino que pocas veces vemos.
Estamos acostumbrados a pensar en la vendimia como el gran momento: cortar la uva, celebrar, brindar. Pero la verdad es que la cosecha apenas es el principio.
Después viene el tiempo.
Y mientras el vino comienza su transformación dentro de las bodegas, afuera la vid también entra en otra etapa.
Las hojas cambian. El paisaje verde del verano empieza a llenarse de amarillos, ocres y algunos tonos rojizos. La planta, después de haber dado sus frutos, comienza a prepararse para descansar.
Me gusta esa imagen.
La vid no está creciendo hacia afuera ni dando frutos. Está guardando fuerzas.
Nuestros propios otoños
Y pienso que quizá nosotros también tenemos nuestros propios otoños.
Hay momentos en los que dejamos de querer que todo suceda rápido. Empezamos a entender que no todas las etapas tienen que ser de crecimiento, de proyectos, de conquistas o de hacer más.
También hay una etapa para mirar lo que hemos vivido.
Para reconocer lo que salió bien y lo que no. Para agradecer lo que llegó, aceptar lo que se fue y, sobre todo, aprender a soltar algunas cosas que ya cumplieron su ciclo.
Me gusta pensar que el otoño no habla de perder, sino de cambiar.
La vid no deja de estar viva porque sus hojas caigan. Simplemente se prepara para otra primavera.
Tal vez eso es lo que más me gusta de esta estación: nos recuerda que la vida tiene ciclos y que cada uno tiene su propia belleza.
Mirar nuestra propia cosecha
Después de la vendimia, los Valles del Vino se sienten diferentes: más silenciosos, más pausados. El trabajo continúa, aunque ya no sea tan visible.
Y quizá nosotros necesitamos algo parecido de vez en cuando.
Bajar el ritmo. Guardar silencio. Mirar nuestra propia cosecha.
Porque también llega un momento en la vida en el que lo importante ya no es cuánto falta por hacer, sino poder sentarnos, mirar hacia atrás y decir:
¡Esto es lo que he cosechado!
Y, sobre todo, disfrutarlo.
¡Salud por muchos otoños más!
La autora es: Fundadora y directora adjunta de Culinary Art School en Tijuana, sommelier y chef. Correo: analaura@culinaryartschool.edu.mx