POR GABRIEL BELLO

 

El alumno con TDAH enfrenta dificultades significativas para mantener la atención y controlar sus impulsos. A menudo no presta atención en clase, no completa sus trabajos y tiene problemas para seguir instrucciones.

Además, puede tener dificultades para trabajar en equipo y mostrar desinterés por realizar tareas. Este panorama es común en muchos adolescentes, ya sea que estén diagnosticados o no.

 

Conductas que se malinterpretan

Las dificultades por el TDAH generan frustración en el alumno y lo llevan a comportamientos disruptivos, como hablar sin permiso, cambiarse de asiento, caminar por el aula, interrumpir a compañeros, no respetar turnos, hacer ruidos extraños y distraer la clase.

Es importante entender que estos comportamientos no son intencionales, sino una consecuencia directa del trastorno.

 

El impacto de las palabras

A pesar de que la mayoría de sus compañeros lo tienen en buen concepto e incluso son sus amigos, algunos hacen comentarios hirientes que tienen un impacto significativo en él:

“¿Por qué no te callas un rato?”, “Eres tonto, ¿cómo no entiendes eso tan fácil?”, “Ya deja de moverte, ¡estás distrayendo a todos!”, “No pones atención, por eso no entiendes”, “¿Por qué siempre llegas tarde?”, “Eres un menso, no puedes hacer nada bien”, “¿Para qué preguntas si no vas a entender?” y “Cómo molestas, siempre estás interrumpiendo al profe”.

Comentarios así hacen que el alumno, que ya se siente mal por no entender y aprender como sus compañeros, se sienta peor consigo mismo y dude de su capacidad para hacer las cosas bien.

Estos comentarios dañan su autoestima y confianza, limitando su desarrollo y crecimiento académico y personal.

 

¿Y los maestros?

Algunos experimentan una mezcla de emociones que afectan su estado de ánimo: frustración por la falta de respuesta del alumno, ansiedad por no saber manejar su conducta intensa o hiperactiva y un sentimiento de impotencia al ver pocos resultados a pesar de sus esfuerzos.

A esto se suma la inclusión, que implica atender necesidades específicas, adaptar el plan de estudios, gestionar conductas disruptivas y mantener un entorno de aprendizaje favorable no sólo para el alumno con TDAH, sino para todos los alumnos de la clase.

Estas emociones pueden ser abrumadoras, haciendo que el papel del maestro sea aún más desafiante.

 

Estrategias para apoyar a tu alumno con TDAH:

No te lo tomes personal: El comportamiento desafiante de un alumno con TDAH no es una cuestión personal, sino un síntoma de su condición. Aborda la situación de manera objetiva.

Evita confrontaciones innecesarias: Cuando el alumno esté en crisis, no lo desafíes ni lo presiones para que “entre en razón”. Sé tolerante y espera a que se calme para abordar la situación; de lo contrario, mostrará lo peor de su carácter.

Empatiza y comprende: Recuerda que tu alumno con TDAH tiene un trastorno que no puede controlar.

Refuerza el buen comportamiento: Proporciona retroalimentación positiva y reconoce el avance, la mejoría o el buen desempeño en clase, en el examen o en sus calificaciones.

Fomenta la autorregulación: Cuando tu alumno maneje adecuadamente el estrés en una situación difícil, hazle un comentario positivo y refuerza su capacidad para autorregularse.

Sé paciente: Los cambios en la conducta y el aprendizaje de un alumno con TDAH llevan tiempo; los procesos terapéuticos son lentos.

Canalízalo a terapia: Si sospechas que un alumno tiene TDAH, canalízalo a psicología para que reciba un diagnóstico y tratamiento adecuados. La detección temprana permite implementar estrategias de apoyo oportunas.

 

* El autor es psicólogo clínico con enfoque cognitivo-conductual y especialista en la atención de adolescentes y orientación a padres.

 

CONTACTO

Psic. Gabriel Bello

Ced.6357192

www.yacrecera.com

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