Dos cocinas viajeras que encontraron hogar

POR ANA LAURA MARTÍNEZ

 

En Baja California, las tendencias gastronómicas rara vez llegan solas. Viajan por rutas culturales más profundas: migraciones, intercambio comercial, cercanía con California y una relación constante con el Pacífico. En ese contexto, dos preparaciones de origen asiático se han instalado con naturalidad en ciudades como Tijuana, Mexicali y Ensenada: el ramen y los poke bowls.
Más que una moda pasajera, ambos platos responden a una lógica territorial. La cocina bajacaliforniana ha demostrado su capacidad para absorber influencias globales y reinterpretarlas localmente.

 

EL RAMEN: UNA SOPA CON HISTORIA VIAJERA

El ramen, hoy considerado uno de los emblemas de la cocina japonesa, tiene en realidad un origen híbrido. Sus primeras versiones derivan de sopas de fideos de trigo llevadas a Japón por migrantes chinos durante el siglo XIX. Con el tiempo, los cocineros japoneses transformaron aquella sopa en un sistema culinario complejo que combina caldos largos, fideos específicos y acompañamientos como huevo, cerdo o algas.

Su presencia en la región no resulta sorprendente. Desde finales del siglo XIX, ciudades como Mexicali albergan comunidades chinas que dejaron una huella profunda en la cultura gastronómica local. A ello se suma la cercanía con California, donde la cocina japonesa contemporánea se desarrolló con fuerza.

Hoy el ramen forma parte del repertorio urbano. Restaurantes especializados conviven con versiones más casuales, mientras algunos cocineros locales experimentan con ingredientes del territorio: pescados del Pacífico, caldos más ligeros y combinaciones que dialogan con el gusto local.

POKE: EL SABOR DEL PACÍFICO

El poke, por su parte, proviene de Hawái y tiene un origen ligado al mar. La palabra “poke” significa cortar en trozos y originalmente describía una preparación sencilla de pescado fresco mezclado con sal, algas y condimentos básicos.

Con el tiempo, evolucionó bajo la influencia de distintas migraciones, incorporando arroz, salsas, semillas y vegetales. A partir de la década de 2010, se popularizó globalmente como una opción fresca y práctica, cruzando naturalmente la frontera desde ciudades como Los Ángeles y San Diego.

Su integración en Baja California fue inmediata: hay producto fresco, una cultura gastronómica abierta a lo crudo y un público que busca comidas ligeras y personalizables.

En muchos sentidos, el ramen y el poke funcionan en la región porque comparten principios ya presentes en su cocina: respeto por el producto, cercanía con el mar y una identidad influenciada por el Pacífico. Más que tendencias, reflejan la vocación fronteriza de una cocina que siempre ha sabido dialogar con el mundo.

 *La autora es fundadora y directora adjunta de Culinary Art School en Tijuana, sommelier y chef.

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