Más de tres décadas de trayectoria han dado forma a un camino donde la creación artística se entrelaza con la docencia, la promoción cultural, el activismo y el compromiso social. Convencido de que el arte puede convertirse en un espacio de diálogo, inclusión y comunidad, Antonio Escalante dedica su vida a abrir caminos dentro y fuera de los espacios de exhibición.
POR ANA PATRICIA VALAY
Hay artistas que encuentran una sola forma de expresarse. Antonio Escalante ha preferido recorrer muchas. Pintor, grabador, escenógrafo, promotor cultural, docente, activista y gestor de espacios independientes, durante más de tres décadas ha construido una trayectoria difícil de encasillar, siempre impulsado por una misma necesidad: crear y encontrar nuevas formas de expresión.
Su historia comenzó siendo un niño en la Casa de la Cultura de Guaymas, Sonora. Ahí descubrió la pintura, el teatro y la danza, disciplinas que despertaron una curiosidad que nunca volvió a abandonarlo. “Cuando eres niño no sabes por qué haces las cosas. Simplemente te gusta y lo exploras”, recuerda.
Esa inquietud lo acompañó hasta Tijuana, ciudad donde desarrolló su carrera y desde la que ha llevado su obra a México, Estados Unidos y Europa. Sin embargo, los reconocimientos nunca ocupan el centro de la conversación.
“Hay cosas que no podemos expresar verbalmente, pero sí a través de la pintura, la música, la danza o el teatro. El arte es una manera de comunicarte con los demás”.
EL ARTE COMO COMPROMISO
Su producción ha transitado por la pintura, el grabado, la escultura, la cartonería y la instalación. Pero su historia va mucho más allá de la creación de obra. También ha impulsado artistas, promovido espacios culturales y acercado el arte a nuevos públicos.
Ha impartido talleres para niñas y niños, adultos mayores y personas privadas de la libertad. Pero una de las experiencias que más lo marcó fue trabajar con niños con discapacidad visual dentro del programa Arte en Territorio del Centro Cultural Tijuana. Ahí confirmó algo que hasta hoy sigue recordando con asombro.
“Te das cuenta que esos niños traen muchísimo, muchísimo talento. Te das cuenta que la forma en que ellos se expresan es completamente a través del arte. Te quedas sorprendido cuando hay niños de seis años que tocan extraordinariamente el piano, otros la batería, pero también otros cuentan cuentos.”
Esa convicción también lo llevó a impulsar proyectos donde el arte se convirtió en una herramienta para generar conciencia. Durante uno de los momentos más dolorosos que vivió Ciudad Juárez por los feminicidios, impulsó junto con la artista juarense Azul Luna, una colectiva que reunió y movilizó a más de cien artistas de Tijuana y Los Ángeles. El propósito iba mucho más allá de exhibir una obra.
“No solamente existe el arte como un artículo decorativo. También está el arte como una forma de denunciar las injusticias que ocurren en nuestro entorno”.
NUNCA DEJAR DE APRENDER
Su necesidad de seguir aprendiendo lo llevó, después de una larga trayectoria profesional, a cursar una licenciatura en Desarrollo del Arte y posteriormente una maestría en Arte Multidisciplinario. No buscaba validar una carrera consolidada, sino ampliar su mirada. “Estudiando no te haces artista, pero sí adquieres conocimientos que enriquecen tu trabajo”.
Antonio reconoce el talento de las nuevas generaciones en Baja California, pero considera indispensable generar más espacios de encuentro entre artistas, instituciones y sociedad. Sueña con una comunidad cultural más unida y con una ciudad donde el arte ocupe un lugar más visible.
Hoy continúa preparando exposiciones, impartiendo talleres y colaborando en proyectos con causa. Vive el presente, trabaja sin compararse con nadie y deja que las oportunidades lleguen como consecuencia del trabajo constante.
Antes de despedirnos le pido que defina su obra con una sola palabra. “Honesta”, responde. Después de más de tres décadas como artista, esa palabra parece resumir también su manera de vivir. “Yo siempre he sido de los que piensan que tienes que trabajar y lo demás se da por añadidura”, dice. Y quizá ahí radica la honestidad de su obra: en la fidelidad con la que ha recorrido, sin prisas y sin comparaciones, un camino que sigue construyendo todos los días.
EN BREVE
- Artistas que admira: Remedios Varo, Leonora Carrington y Willem de Kooning.
• Un lugar de Baja California para inspirarse: Cataviña.
• Sueño pendiente: Una instalación con materiales orgánicos recogidos en el mar.