Sano es valorar a los hombres de nuestras vidas

POR LORENA CELINE DHIR

Yo muchas veces lo hice, lo reconozco y no lo digo con orgullo; muchas veces minimicé el cansancio de mi esposo poniendo de pretexto mi doble turno, el de la casa y mi trabajo. Hice que tomara decisiones solo, y si se equivocaba, me gustaba confirmarle que yo era la que tenía la razón. He usado la palabra machismo, discriminación, y he tratado de invertir los roles tantas veces como si de eso se tratara el feminismo, y al final como siempre, he buscado su hombro protector para llorar, y no sé si se lo he agradecido lo suficiente.
¿Qué de malo tiene aceptar que también las cosas se nos van de las manos,
y reconocer en algún punto, que la verdad es que exageramos y no
nos va del todo mal a un lado de la figura masculina?
No justifico para nada el machismo, las mentiras, ni la infidelidad, ni por otro lado alabo a la mujer que confunde el poder con nuevos tiempos y equilibrio; ni siquiera soy feminista, pues creo en la armonía y en la reciprocidad no nada más en la pareja sino en todas las relaciones de interacción, pero me gustaría resaltar sobre todo en este mes del padre, el esfuerzo, la dedicación, el amor y el trabajo de los hombres de nuestra vida.

Como Terapeuta me he topado con hombres dignos de reconocer…
• Quiero platicarles de “Don Federico”, un hombre fuerte, sonriente, de 91 años que no se pierde ir a terapia semana con semana. Maneja solo hasta mi consultorio y tiene excelente conversación, una familia armoniosa, y cuida junto a su esposa, a una de sus hijas de 50 años a la que los doctores han desahuciado desde hace años. Todos los días Don Federico la saca al parque, la pasea en su silla de ruedas, y le lleva a su mascota para que ‘la niña’ juegue y se distraiga. Podrá sonar a rutina y podrá sonar cansado, pero en su mirada hay puro amor a la vida, amor a su hija y amor a su familia; me lo cuenta con orgullo y no como queja.
• Quiero contarles también de Don Pol de 84 años. Mide 1.93. Enviudó, tuvo un derrame cerebral y estuvo en cama 8 años. Con fe y motivación volvió a caminar, y justo cuando dejó de creer en el amor, se enamoró de una joven madre soltera con una niña, a quien le dio su apellido y figura paterna amorosa. Todavía trabaja, no le gusta la palabra jubilado.
• Y qué les puedo decir de Rob. A él le cancelaron la boda tres días antes de la ceremonia civil, y quiere encontrar qué hay de malo en él y no en ella; un acto de amor y un proceso que duele.

¿Y qué hay por valorar de los hombres de nuestra vida?
Y así, y aún más cotidiano es reconocer en voz alta de repente, a quien llega y come casi siempre después de nosotros; reconocer ese abrazo, esa bendición de niña que tuvimos antes de dormir; reconocer a ese novio que puso la cara ante tus padres o ese esposo que en domingo manejó para hacer un día familiar, o ese padre que te dijo: ¿ocupas algo?, aun cuando ya no duermes en ese techo.
Que fácil y reconfortante es saber que existen hombres de pequeñas luchas, y que no están lejos de nosotros.
Que fácil y reconfortante es saber qué hay mujeres que se levantan el cuello no sólo por el linaje materno, sino también por el paterno; por ambos.
Porque esta revista está hecha por mujeres que luchan y destacan, que aman y pierden, que siguen en batalla y forjan sus propios caminos; mujeres que jamás devaluamos la importancia, el amor, el valor, el hombro y la palabra de quien hace más de la mitad de nuestros días: Los hombres de nuestras vidas.
Gracias por el balance de alcance, y por ser siempre un espacio donde encontramos un lugar.

*La autora es psicóloga clínica, especialista en Terapia Corporal

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