¿Qué tanto ayudará el nuevo etiquetado?, Etiquetas vs. Obesidad

¿Qué tanto ayudará el nuevo etiquetado?, Etiquetas vs. Obesidad

 

Por Alejandra Valdez Camacho

Combatir la obesidad no es tarea fácil. Llevar a México de ocupar un primer lugar en obesidad infantil y un segundo lugar en obesidad en adultos, a un lugar más bajo en esa lista, requerirá de muchos esfuerzos.

La Secretaría de Salud, desde 2016, declaró una emergencia epidemiológica por obesidad, al ver cómo los números iban en aumento año con año. México no se ha quedado cruzado de brazos, y como parte de las acciones que se han realizado se establecieron impuestos sobre las bebidas carbonatadas, conocidas en Tijuana como “sodas”, y se han hecho programas de prevención y educación; se reguló además la publicidad dirigida a los niños, e incluso hasta las cocinas de las escuelas se modificaron, y a pesar de ello, los números han seguido en aumento.

 

Un esfuerzo más por combatir la obesidad

Después de estudios, encuestas y búsqueda de estrategias, México optó por renovar el etiquetado de algunos productos. Volteó a ver qué hacían los demás países latinoamericanos y notó el esfuerzo de Chile y el éxito con el que su nueva estrategia de etiquetado había ayudado a reducir el consumo de alimentos procesados. Hablando en números, Chile logró disminuir el consumo de bebidas azucaradas en un 25% y cereales azucarados en un 14%. Aunque pareciera lo contrario, en México sí existe una norma que regula el etiquetado de alimentos. Sin embargo, la industria alimentaria estuvo muy involucrada y fueron ellos quienes determinaron qué y cómo se plasmaba esa información. No olvidemos que hay mucho dinero de por medio.

 

¿Le entiendes al etiquetado?

Si eres de las que revisa envolturas, sabrás que al frente del empaque se encuentran unos pequeños óvalos en la parte inferior, pero… ¿Realmente sabes qué significan esos números? La información que ves en ese espacio está en kilocalorías y en porcentajes, pero si las matemáticas no es lo tuyo, probablemente no logres entender nada de lo que viene en ese espacio, pues necesitarías aplicar la famosa “regla de tres”.

Ahora que si te gana la curiosidad por entender mejor, seguramente vas a irte a la parte posterior del producto a ver la tabla nutrimental, la cual es muy engañosa pues las porciones a veces son dadas en gramos, en cucharadas o por el paquete completo, pero nos vamos con la finta y caemos en la trampa de la industria alimentaria. Y si te vas a las letritas más pequeñitas del empaque (los ingredientes) probablemente te encuentres con palabras que ni siquiera puedas pronunciar, pues los productos procesados contienen químicos para que sepan ricos y duren mucho tiempo en el mercado.

 

Habrá nuevo etiquetado

Debido a que la información es un derecho, el nuevo etiquetado pasará a ser un etiquetado de advertencia y como su nombre lo dice, te advertirá si el producto que estas consumiendo tiene un exceso de grasa, azúcar, sodio, y hasta edulcorantes artificiales. Encontrarás esta información en unas figuras hexagonales de color negro, con letras blancas y legibles (no como los ingredientes). Así mismo, si un producto tiene más de dos sellos, no podrá contar con avales (asociaciones u organizaciones de salud que promuevan ese producto), así como tampoco podrá tener frases que prometan beneficios o bien, contener elementos atractivos (como personajes o dibujos animados).

El nuevo etiquetado es tan prometedor, que la industria alimentaria está temiendo por su futuro. Pero la incertidumbre está en que, si el mexicano promedio lee 1.5 libros al año, ¿verdaderamente se tomará el tiempo de leer esta información?…

Si el impacto es el esperado, la industria necesitará reformular los productos, que por un lado puede ser bueno, pero por otro puede empeorar todo, pues el uso de más químicos será inevitable.

Sin embargo, aunque la información este ahí, quien toma la decisión eres tú. Si quieres leer la información, la lees; si después de leerla consumes el producto, lo hiciste porque así lo quisiste, y no porque un hexágono te lo impidió.

Recuerda que la obesidad es multicausal. No es provocada únicamente por comida o bebidas procesadas. El sedentarismo, la falta del consumo de verdes y de grasas saludables, la desinformación, la falta de educación, el estrés y entorno laboral, entre otros, son factores que influyen en que una persona sea obesa y enferme. Como nutrióloga, creo en que la educación y el ejemplo es la clave de la prevención, y esto inicia desde casa. No olvides que la comida “de verdad” no viene en empaques, y no necesita advertencias.

 

*La autora es LNCA de Clínica de Nutrición Aplicada.

 

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