¡Prueba, anota y disfruta!

¡Prueba, anota y disfruta!

 

POR ANA LAURA MARTÍNEZ GARDOQUI

 

Maridaje es un término muy utilizado en la gastronomía, que igual tiene defensores como detractores.  Ya que hay quien dice que no necesariamente un “matrimonio” es buena idea.

Un maridaje es el encuentro entre dos o más elementos culinarios, habitualmente comida y bebida, platillo y vino, que se benefician entre sí, se ayudan, mejorando la experiencia organoléptica al ser consumidos en conjunto.

Es decir, es una sinergia que hace que uno más uno no sea dos, sino que sea más que dos.

 

El arte de armonizar y maridar

Algunos expertos prefieren no llamarlo maridaje, porque limita las posibilidades de unión y prefieren nombrarlo como armonía o acorde, al afirmar que no siempre las similitudes ofrecen placer culinario.

Sin embargo, sí que estamos de acuerdo en que hay un arte en el tema de “armonizar” o “maridar”.

Este arte está al alcance de todo, hay que experimentar. El proceso para iniciarse es sencillo, requiere de un poco de observación y memoria., o una buena libreta para registrar.

 

Decidámonos a experimentar

Imaginemos una reunión de amigos, este es un buen momento para “ensayo y error”; seguramente habrá variedades de vinos y de alimentos.

El vino valoriza cualquier comida…

más para los franceses el vino valoriza la vida.

André Simón

Al poner atención, es decir con plena conciencia, “gustamos” y “sentimos”, “notamos” que este vino con esta comida, puede resultar en una multiplicación de la experiencia sensorial, al resultar que se potencian o, por el contrario, uno sobrepasa o hace disminuir al otro. Ahí empezará nuestro descubrimiento de la magia de la unión de matices.

Encontraremos afinidad entre platos y vinos, por ejemplo:  dos maridajes simples o dos complejos, pero también, los diferentes por contrapunto suelen llevarse muy bien.

Una simple comida puede ser transformada en un placer sensorial e intelectual al aplicar tan sólo algunas reglas de este arte.

 

Analizar a detalle la personalidad de los candidatos como si de Cupido se tratara.

Todos los tipos de vino permiten encontrar una pareja o todos los tipos de platillos permiten encontrar su pareja.

 

Por ejemplo:

  1. Un pescado blanco delicado con hierbas frescas y aceite de oliva, pide una compañía delicada como puede ser un vino blanco Chardonnay que es igualmente delicado, y si fuera de una zona fría seguramente sería fresco, vivo con notas cítricas, haciendo un gran “acorde”.
  2. Analizar la tonicidad de un vino tinto, en donde esa aspereza nos seca la boca, requiere de algo suculento como un corte de carne jugoso, que humedece el paladar. ¡Este es un maridaje clásico!
  3. Que tal el mole poblano e incluso el mole negro de Oaxaca, donde destaca esta suntuosidad y complejidad de la salsa, con una gratitud de lo más agradable y envolvente, que se relacionan muy bien con un buen espumoso seco que es también complejo.

 

Hemos hecho el análisis desde tres perspectivas distintas:

(1) la delicadeza, (2) la tanicidad y (3) la grasitud de una salsa y la efervescencia del vino.

 

Las listas de sugerencias pueden extenderse ilimitadamente, por lo tanto, cada oportunidad de maridar es única e irrepetible.

 

Mi recomendación final como sommelier es que…

Afinen sus sentidos para este juego delicioso, y así lograrán alianzas inimaginadas. Redescubrir los sabores, las texturas, es una realidad compleja y personal.

No obstante, cada uno de nosotros está dotado con su equipo sensorial, su historia gustativa y sus preferencias, así que lo que a ti te haga sentido, lo que a ti te guste, te emocione será siempre correcto. No temas hacer parejas que piensas puedan ser disparejas, aquí lo importante no es pensar, es sentir.

Experimenten y no se cansen de experimentar, a fin de cuentas, los clásicos comenzaron así.

 

 

 

 

 

 

 

 

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