¡No me das mi lugar!

¡No me das mi lugar!

 

Sentirte y saberte pareja de alguien tiene muchísimo que ver con cómo te presenta y trata tu pareja ante terceros. Para cuando tu pareja te reclama, muy probablemente se sintió que más de una vez no la trataste como tal”

 

Por David Sotelo Félix

¿Pero que significará eso? ¿Mi “lugar”? ¿Acaso darle su lugar significará postrarse frente a la pareja y brindarle todo tipo de reverencias mientras camina solemnemente hacia su trono? ¿O será algo tan sencillo como ceder el asiento o presentar a tu pareja como tal?
Sentirte y saberte pareja de alguien tiene muchísimo que ver con cómo te presenta y trata tu pareja ante terceros. Para cuando tu pareja te reclama: “no me das mi lugar” muy probablemente se sintió que más de una vez no la trataste como tal. Quizá no fuiste grosero. A la mejor simplemente no la presentaste como tu compañera de vida. O tu trato fue más la de un amigo llevado que de novio o esposo.

A la mejor no le bajas al coqueteo y galantería frente a ella. Estás en modo casería todo el tiempo. Quizá te muestras más amable y le das prioridad a la comodidad de otras personas en lugar de la de ella.

Hay, pues, muchas maneras en las que tu pareja podrá sentir que no le das su único y verdadero lugar como tal. Pareciera sencillo y nada complicado que, sabiéndote en una relación, no resultaría complicado darle su lugar. Sin embargo, muchos se sienten incomodos e insatisfechos en sus relaciones porque sienten que no se les reconoce y trata como pareja.

Pero ¿Cuáles son los motivos de ello?

  1. HACIENDO TIEMPO MIENTRAS LLEGA ALGO MEJOR
    Para muchos, el problema comienza desde el inicio de la relación. Cuando estás con alguien que no te convence del todo, que no lo ves como opción sería a que se convierta en el compañero de tu vida, padre o madre de tus hijos, que no lo admiras, ni al menos te atrae físicamente lo suficiente, es muy probable que estés simplemente haciendo tiempo y haciéndote acompañar por alguien que, en algún sentido, te resulta conveniente o cómodo, pero que no te inspira ese entusiasmo y motivación que te llevaría de manera natural y espontánea a darle y reconocerle hasta con orgullo su lugar como tu pareja. Cuando no es así, tu presencia es diluida, con un ojo al gato (tu pareja) y otra al garabato (otros candidatos).
  2. PRIORIDADES Y LEALTADES
    A veces, el problema no es tanto otros candidatos para el puesto de tu pareja como podría ser darle mayor importancia a tu familia de origen (padres y hermanos) o, incluso, a ciertos amigos. Cuando el apego, dependencia o un equivocado sentido de responsabilidad a otros es demasiado poderoso, dará como resultado una relación de pareja debilitada y de baja prioridad. En las reuniones familiares o sociales podrás sentirte como la persona que menos le importa y a la que menos atiende. En la toma de decisiones podrán participar más o tener mayor injerencia padres, hermanos o amigos que la misma pareja.
  3. La ilusión de la libertad
    En ocasiones, hasta ponerle título o nombre a la relación resulta complicado. El tema se evade y cuando se quiere abordar y definir el “qué somos”, tiende a poner en blanco los ojos o enfadarse rápidamente con el tema. Argumentará que no necesita títulos o definiciones. Que lo que tienen es muy especial y para qué limitarlo con convencionalismos.

La aspiración que no se menciona es la de sentirse sin un compromiso que teme le restará libertad. Aquí se tiene el muy humano pero irreal deseo de tenerlo todo. Quiere las ventajas, deleites y privilegios de tener pareja, pero sin las limitantes y renuncias que implican comprometerse en una relación con otro ser humano. Quiere, pues, tener pareja y ser libre también.

 

Analízate

Cualquiera que sea el motivo, no darle el lugar a tu pareja como tal genera invariablemente resentimientos, frustraciones e inseguridades. Expones y facilitas también el que se le falte el respeto de una y mil maneras. Pues ¿por qué han de respetar y darle su lugar como tu pareja si tú no lo haces? Y la verdad ¿eso es lo que deseas para ella, para ustedes?
Por último, también plantéate esto: ¿Qué tanto yo me doy mi lugar? ¿Qué tanto tomo mi lugar a un lado de mi pareja? Tu lugar no solo le toca otorgártelo tu compañero y los demás. También tienes que de alguna manera reclamarlo, tomarlo y hacerlo valer. También se necesita un buen grado de coraje y asertividad para ello de tu parte. ¡Haz tu tarea también!

 

No darle el lugar a tu pareja como tal genera invariablemente resentimientos, frustraciones e inseguridades. Expones y facilitas también el que se le falte el respeto de una y mil maneras”

 

* El autor es psicoterapeuta de parejas y adultos en consulta privada 664 331 1070.

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