La disciplina como virtud 

VIRTUDES HUMANAS

  Por Marcela Castellanos de De la Vega

 

Hablar de disciplina es algo que usualmente  tratamos de evitar, sentimos que nos saca de nuestra zona de confort, sobre todo cuando la disciplina es impuesta, entonces tendemos inconscientemente a ponerle connotaciones negativas.

La disciplina generalmente está vinculada a la actitud o al comportamiento de la persona, decimos que ésta es buena cuando hemos aprendido a respetar las reglas o cuando hemos tenido un cambio positivo en nuestra manera de actuar,  por lo cual la disciplina es muy importante  para quien se propone alcanzar una meta o cumplir un objetivo.

 

Disciplina y su importancia vital

Sin embargo cuando nos referimos a la disciplina como virtud estamos hablando de la disciplina de la voluntad y su importancia es trascendental para alcanzar la realización plena del ser humano. Esta disciplina es la base que nos va a permitir desarrollar todas las demás virtudes, es la que nos permite dejar los malos hábitos, y cultivar los buenos.

Podemos prescindir de muchas cosas en nuestro caminar por este mundo, pero no  podemos vivir sin las virtudes,  ya que el vicio o la maldad ocuparían su lugar y finalmente terminarían por destruirnos. Lo paradójico es que  hablamos mucho de virtudes, pero no las cultivamos y queremos ver en los demás lo que no somos capaces de desarrollar en nosotros mismos.

 

Autodisciplina

La disciplina de la voluntad va más allá del buen comportamiento, nos ayuda a llevar una vida ordenada de acuerdo con nuestros valores; nos ayuda a ser congruentes, a tener dignidad, a forjar el carácter, a saber manejar nuestras emociones de manera positiva, a no negociar nuestros principios pero ser flexibles en lo accidental; este equilibrio nos lleva a la madurez.

La autodisciplina me permite entender que yo soy el único responsable de los resultados que logro por medio de mis actos, que yo soy el único que puede aceptar o rechazar aquello que me beneficia o me perjudica, por lo que no tengo porque culpar absolutamente a nadie de lo que me sucede.

 

Disciplina requiere Esfuerzo

Disciplinar el propio carácter no es tarea fácil, esto lo podemos lograr con un esfuerzo continuo, y con pequeños actos  en los cuales ejercitemos nuestra voluntad. Vivimos en la era del menor esfuerzo, de querer satisfacer de manera inmediata todos nuestros deseos, he aquí una oportunidad para aprender a postergar el placer, para no ceder ante las tentaciones que continuamente los medios nos ofrecen.

La autodisciplina se convierte en el poder que nos impulsa a hacer lo correcto,  a ser dueño de uno mismo, a no ser esclavo de nadie. “A tener el control de nuestra propia vida para hacer de ella una obra maestra que cumpla con el diseño para lo cual fuimos creados”.

 

 

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