¡El vino, a examen…!

¡El vino, a examen…!

¡El vino, a examen…!

POR CLEOFAS ARREOLA

ÚLTIMA DE TRES PARTES

 

Ya les dijimos qué aspectos son los que se evalúan en el café, así que, dado que hemos estado comparándolo con el vino, qué les parece si ahora platicamos sobre los aspectos que se evalúan en el vino, y las fases por las que atraviesa.

 

FASE VISUAL

Primero observaremos el color, nos dará una idea de la edad del vino. Por lo general, en un vino tinto, cuanto más rubí o cereza y brillante sea, más joven será; si es más granate o teja tirando a anaranjado, suele ser un vino envejecido con crianza.

Cuando podemos ver claramente a través del vino diremos que es de capa baja, y si no, de capa alta.

Mediremos la densidad del vino. A mayor densidad, más concentración de alcohol y más graduación. Si al agitar la copa, caen lentamente las lágrimas de vino. mayor densidad, más graduación alcohólica.

 

FASE OLFATIVA

Sin agitar el vino, metemos la nariz y olemos. Primero localizaremos los aromas primarios, propios de la uva, de naturaleza frutal o vegetal.

Luego agitamos la copa ligeramente para que el vino entre en contacto con el oxígeno y desprenda más aromas, los secundarios, originados en la fermentación tanto alcohólica como malo láctica; suelen ser más numerosos en vinos jóvenes.

Agitamos con más energía para dar paso a los aromas terciarios, conocidos como bouquet, y complicados de adivinar. Se desarrollan durante y después de la crianza del vino y se clasifican en diferentes familias: animal, vegetal, torrefactos, y frutos secos.

 

FASE GUSTATIVA

El ataque son las primeras sensaciones que percibimos cuando el vino llega a la boca. Con la lengua lo pasamos de un lado al otro y tratamos de apreciar los cuatro sabores básicos: salado, dulce, ácido y amargo. Un vino redondo es aquel que logra el equilibro perfecto entre los cuatro.

Luego determinaremos la textura, descrita como: seda, terciopelo o satén; usaremos el tacto y notaremos suavidad o untuosidad como factores positivos, o astringencia y rugosidad como negativos.

Luego analizaremos la vía retronasal. Una vez tragamos el vino, o lo escupimos, expulsamos el aire por la nariz. Si percibimos las mismas sensaciones durante largo tiempo, diremos que ese vino es de larga retronasal.

Finalmente destacaremos qué final nos ha dejado el vino: tánico, ácido, etc., puede no tener un final muy definido, o poco agradable (sucio). Según la persistencia de ese final se puede hablar de un vino corto, si dura menos de dos segundos, mediano, largo e incluso muy largo, entre nueve y doce segundos.

Es sorprendente que muchas características consideradas severos defectos en un café, son de las que le dan carácter a un vino.

Por otro lado, la influencia del terreno, “terroir”, es mucho más perceptible en el vino que en el café, y se refleja continuamente en la copa.

Quizá la mayor diferencia que encuentro entre el café y el vino, es que este último empieza a vivir cuando es descorchado, mientras en el café, este comienza a morir en el momento en que termina de ser preparado.

Nos leemos pronto. ¡Buen Café!

 

Comentarios

comentarios