“El matrimonio no es para ti”

Por Daniel Vázquez

Somos egoístas por naturaleza. Esta característica humana nos lleva a cometer las peores ‘burradas’ en el matrimonio o relación de pareja en la que estemos. Nos guiamos por el principio, “primero yo, después yo, y al final yo.”

Al menos es una actitud muy frecuente que veo en consulta, y por la que principalmente tengo mucho trabajo como terapeuta de parejas.

Un valor que me gusta fomentar tanto en consulta como en las pláticas que imparto, es que para hacer funcionar una relación de pareja o un matrimonio, debemos volver prioridad las necesidades de nuestra pareja.

Ante esta afirmación, la mayoría de las personas me miran con signos de interrogación, y ya sé lo que están pensando: “¿Y yo?, ¿y mis necesidades qué?”. Y cuando me llegan a hacer estas preguntas de forma explícita, simplemente les respondo: “el matrimonio no es para ti.”  Entonces hacen bizcos.

Permíteme explicarte a qué me refiero con una pequeña historia. En una ocasión, un joven que estaba a poco de casarse empezó a tener muchas dudas sobre llevar a cabo la boda. “¿Era la decisión correcta?, ¿era ella la mujer correcta para él, ¿lo haría ella feliz?”. Preguntas que muchas personas (hombres y mujeres) nos llegamos a hacer antes de casarnos.

Este joven estaba tan preocupado que se vio en la necesidad de ir a consultar sus miedos con su papá, quien lleno de sabiduría le respondió: “Estás siendo completamente egoísta. Así que te lo pondré muy sencillo: el matrimonio no es para ti.

No te casas para hacerte feliz a ti, te casas para hacer feliz a otra persona. Y más que eso, tu matrimonio no es para ti, te casas para una familia. No sólo para la familia política y esas tonterías, sino para tus hijos futuros.

 ¿Quién quieres que te ayude a criarlos? ¿Quién deseas que influya en su educación? El matrimonio no es para ti. No es sobre ti. El matrimonio es sobre la persona con quien te casas  (Smith, 2013).

Eso es precisamente volver prioridad las necesidades de tu pareja y de tu familia. De hecho, una definición psicológica del amor lo resalta:

“Cuando la seguridad y la satisfacción de otra persona se vuelve tan importante como la seguridad y la satisfacción propias, entonces el estado del amor existe” (Sullivan, 1953).

Agrega Sullivan (1953), “bajo ninguna otra circunstancia está presente el amor, por más que se pronuncie el término.”

La actitud contraria a esta forma de ver y expresar  el amor (y causa de muchos problemas) es el “¿qué hay para mi?”, “si me das, te doy. Si te doy, debes darme algo a cambio.” De esta manera convertimos el amor en una interacción comercial o lo que es lo mismo: en prostitución.

Cuando hacemos algo por la otra persona por el mero hecho de que sabemos vamos a regalarle un momento de alivio, de gusto o de felicidad, entonces estamos practicando el amor y no vendiendo servicios o favores.

Y lo que es bonito y paradójico es que cuando hacemos esto, motivamos a nuestra pareja a dar de sí igualmente o muchas veces más, lo cual genera un círculo virtuoso en el que ambas partes refuerzan mutuamente lo mejor de sí.

El amor real es contrario a nuestros instintos y a nuestros apetitos, y por ese motivo nos cuesta trabajo aprender a ponerlo en práctica. Aun así, muchos ya lo hacen. ¿Por qué no lo pruebas?

 

 

Bibliografía

Sullivan, H. S. (1953). The interpersonal theory of psychiatry. New York: Norton.Marriage Isn’t For You | Seth Adam Smith. (n.d.). Fuente https://sethadamsmith.com/2013/11/02/marriage-isnt-for-you/

 

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