Daniel de la Torre, el locutor que aprendió a comer cebolla

Daniel de la Torre, el locutor que aprendió a comer cebolla

“Mientras estuve en el hospital, me dieron una libretita para que yo escribiera lo que quería porque no podía hablar bien y no me entendían, y ahí empecé a escribir memorias de ese coma, de lo que yo me acordaba y es lo que plasmo en mi libro”

Por Mónica Márquez

Autor del libro El Locutor que Perdió la Voz y Aprendió a Comer Cebolla, comunicador, columnista y conductor de radio y televisión, hablamos de Daniel de la Torre, un locutor tijuanense de 47 años que vivió para contar su historia, compartir sus logros y satisfacciones y seguir colaborando con un semillero de locutores.
Daniel inició su trayectoria profesional en radio y medios de comunicación desde los 18 años; cuando entró a estudiar Comunicación a la Universidad Iberoamericana lo invitaron a participar en el programa Mundo de Niños transmitido por Radio Tecnológico.
Posteriormente, se fue al Sindicato de Radio donde hizo locución en algunas estaciones de regional mexicano y luego en otras más juveniles, cumpliendo así 25 años en los medios de comunicación, compartió Daniel.
En octubre del 2001, arrancó con un importante proyecto: Radio Media Escuela de Locución, de la cual han egresado alrededor de 70 generaciones, siendo sus primeros alumnos Jesse Vázquez y María Elena Vital, ambos considerados como sus “amuletos de la buena suerte”.
Adicional a la locución, Daniel también se ha desempeñado como conductor de radio y televisión, así como columnista del periódico Frontera, aunque aseguró que estar dentro de una cabina de radio es la parte que más disfruta de su profesión.

Su primer contacto con un micrófono
Su primer acercamiento con un micrófono lo tuvo a los 8 años, cuando por azares del destino su hermana perdió sus visas en San Diego y él y su mamá acudieron a la estación 14.20 Radio Ranchito, donde había una tribuna y la gente reportaba documentos perdidos o carros robados.
“Me acuerdo de que fui con mi mamá y ella se puso muy nerviosa, se bloqueó y ya no pudo hablar y yo levanté la mano y dije que quería hablar, tomé el micrófono y dije: ‘se perdieron 2 visas a nombre de… las perdimos en el Mc Donald tal día y nuestro teléfono de casa es…’, volteó a verme Esparza Carlos y me dijo: ‘para tus 10 años, eres muy desenvuelto, a lo mejor vas a ser locutor’”, relató.

Momentos de satisfacción
Durante estos 25 años de carrera, Daniel ha tenido momentos que ha disfrutado mucho, especialmente del 2000 al 2012 cuando tenía un programa de radio en la 107.7 de 2 a 5 de la noche al lado de Nelly Sanoja.
El programa Tocadiscos, que salió del aire en marzo, es otro de los momentos que más ha disfrutado al estar frente al micrófono en la 104.9.
“Otra de mis satisfacciones es cuando me metieron a un concurso, yo pertenecía a una cámara de jóvenes líderes, yo competí con mi proyecto de radio y gané a nivel nacional y me tocó representar a México en Turquía”, agregó, “eran cerca de 100 países y quedé entre los 20 semifinalistas, son los premios Toyp. El simple hecho de representar a tu país es bien importante, no eres Daniel, eres México”.

Lo difícil de la locución
La locución es una carrera de muchas satisfacciones, aunque también tiene sus momentos difíciles, pues no todo es “miel sobre hojuelas”; para Daniel fue complicada su etapa en Grupo Cadena, donde sentía que los locutores no eran valorados y no recibían un trato cordial.
“Por eso abrí la escuela de locución, porque yo le platiqué a mi mamá que estaba muy triste de cómo era el trato en algunas estaciones de radio; en ese momento, yo lo veía mal, pero ya no porque es parte de tu formación, eres un empleado y debes rendir frutos y estar al 100%.
“No me sentía al 100% recibiendo órdenes, estaba en la 107.7, trabajaba como reportero en Frontera en espectáculos y en el suplemento La Brújula con Hugo Fernández, ya era independiente, pero no me sentía bien con la dirección que teníamos en la emisora porque no había ni pies ni forma, aguanté dos años, renuncié y después abrí la escuela, apoyado por mi madre”, expuso.

Después de la tormenta viene la calma
En febrero de 2019, Daniel se enfrentó a una de las pruebas más difíciles de su vida: ingresó al hospital con un diagnóstico de neumonía atípica que lo mantuvo 30 días en terapia intensiva y 7 días en estado de coma, aunque él siempre mantuvo una actitud positiva frente a la vida.
Tras esta lucha intensa y con el cuerpo atrofiado por la neumonía, salió del hospital, pero sin voz, su cuerda vocal izquierda estaba paralizada; así, entre tratamiento y descanso transcurrieron 6 meses hasta que pudo volver a hablar.
“Mientras estuve en el hospital, me dieron una libretita para que yo escribiera lo que quería porque no podía hablar bien y no me entendían, y ahí empecé a escribir memorias de ese coma, de lo que yo me acordaba y es lo que plasmo en mi libro “El locutor que perdió la voz y aprendió a comer cebolla”, ya está a la venta o lo pueden obtener en formato digital, refirió.
Después de este suceso, Daniel tuvo un cambio de chip, el de ahora es menos impulsivo, es más despreocupado por las cosas económicas o el estatus social, es muy sentimental y, sobre todo, alguien que ama la vida.

En breve…
● Artículo indispensable: Celular
● Música favorita: Pop rock y música de los 80’s
● Libro favorito: La Increíble y Triste Historia de la Cándida Eréndira y su Abuela Desalmada de Gabriel García Márquez.
● Mayor debilidad: Los tacos
● Mayor fortaleza: Mi carácter
● Frase favorita: “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.

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