Crisis de regresión no resuelta

Crisis de regresión no resuelta

Por Maru Lozano Carbonell

Irresponsabilidad, truene, tema que sucede más de lo que imaginamos. Básicamente hay dos razones que llevan a la crisis: La simbiosis -asociación con la madre- y el narcisismo -excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras-.

Decimos que es una crisis porque estamos hablando de la regresión a estas dos fases de desarrollo personal que nos han marcado considerablemente y que, inconscientemente, buscamos vengar en la pareja cuando somos grandes. En el caso de un matrimonio simbiótico, estamos refiriéndonos a que cuando se es pequeño, la fusión con la madre hace que sea vista como una realidad única, imposible de vivir uno fuera del otro, ¡somos ambos dependientes! Cuando nos enlazamos en matrimonio bajo esta frustración infantil, se buscará que la pareja cubra ese rol maternal de fusión, de dependencia, de cadena, de dedicación absoluta (irreal). Como que consideramos a la pareja parte de uno mismo y habrá sufrimiento cuando esa disposición no se dé.

Un ejemplo clásico puede ser cuando la mujer se enoja porque el marido se va con sus amigos o cuando el hombre enfurece si la cena no está lista. Esta manera equivocada de concebir al otro es como cuando una madre nos atiende cuando chiquitos y hace que tengamos reacciones infantiles de caprichos que llevan a conductas traviesas que después hieren profundamente. En este tipo de matrimonios se ignora que el otro tiene un mecanismo separado de operar, que funciona según su propio ritmo. El sentirse poco comprendida por la pareja es el “timbre de alarma” para atender la crisis en la que se vive.

El otro tipo de unión que llamamos “narcisista” es la que uno vive de niña pensando que los de afuera “deben” satisfacer nuestras necesidades. Esta etapa cuando no se supera y se transporta al matrimonio, hace que demandemos la satisfacción propia desde fuera y no desde nuestro interior. Además, se presume que merecemos aprobación de todo el mundo y que nos digan cosas lindas todo el tiempo. El tipo de gente que necesita ser amada más que amar se puede considerar narcisista porque creen que su cuerpo, lo que dicen y lo que hacen es magnífico, ¿por qué no alabarlo entonces? Por esta razón no se buscó una pareja sino un instrumento que dé placer en todos los sentidos: Emocionales, corporales y materiales.

Por uno u otro tipo de unión, los llamados de atención que debemos escuchar y que pueden avisarnos que se vive una crisis de regresión no resuelta, son:

  • Expectativas exageradas.
  • Falta de diálogo.
  • Falta de expresión de los propios sentimientos.
  • Deseo de cambiar al otro.
  • Falta de pequeñas muestras de amor.
  • Falta de estar tiempo juntos.
  • No hablar durante días.
  • Sensación de amar intensamente y luego nada de eso.
  • Sensación de que el otro pone en peligro el matrimonio.
  • Limitarnos a existir junto a la pareja solamente.
  • Tener dudas serias de si estamos con la persona adecuada.
  • Problemas sexuales.
  • Problemas de adicción serios.
  • Problemas relacionados con los hijos.

Cuando atendemos estas señales y sentimos un “sufrimiento” quiere decir que el hilo que nos une todavía está ahí y puede que, con ayuda de un terapeuta, sea posible reorientar la relación. Cuando ya nada importa, la crisis se vivirá.

Lo que puede llevar al éxito es enfocarse en las cosas que unen, no en las que los separan, es pensar que se vive con alguien compartiendo todos los entornos. Un matrimonio funciona si “decidimos hacer que funcione”, si desde nuestro interior vivimos en paz y que se construye día a día cada momento con el objetivo de hacer feliz a los nuestros, no de demandar felicidad. Dar sin esperar nada a cambio, haciéndonos responsables de nuestras propias necesidades. Ver al otro como es, no como quisiéramos que fuese. Renunciar a querer tener siempre la razón, dejar espacio para los demás, eliminar la idea de la posesión, no comprender… mejor “aceptar a pesar de…” Escuchar, no pretender, construir una relación y no una muralla para nuestro orgullo.

Y si el divorcio se da, empezar a vivir libremente podría significar el inicio de un goce de madurez que nos dará tranquilidad, recordando que el cambio puede ofrecernos una manera de vivir adulta, ¡grande! diferente pero alertas y receptivas a la gente que por algún tiempo no pusimos atención. La crisis supone una situación complicada o difícil, así que si evitamos los pensamientos negativos y nos enfocamos en la realidad que nos marcará lo sencillo y fácil que es vivir, rescataremos nuestra seguridad emocional y nos orientará a convivir con gente que piense de la misma manera.

Ya nos lo dijo el autor irlandés George Bernard Shaw: “La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto”.

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