¿Cómo te levantas estas triste?

¿Cómo te levantas estas triste?

El dolor y la tristeza a veces son necesarios, pero no hay que detenernos ni estacionarnos ahí

 

por Becky Krinsky

 

La tristeza es un sentimiento temido, descalificado, y en lo posible, ignorado o evadido.   Nadie disfruta sentirse triste; el desánimo aísla y desconecta. Cuando uno se siente triste, la sensación de soledad y desapego llenan el alma; la tristeza roba las ilusiones.

La persona afligida, pierde las ganas de seguir luchando, ya que le cuesta trabajo restablecer su energía; su atención se dispersa y es difícil poner atención.

Vivir triste es como vivir en una nube de humo gris que no permite moverse, ni ver más allá de la nariz.

 

Se necesita valor para reconocer cuando uno está triste

Hay más de mil razones que entristecen a las personas. Cada razón es válida y no es justo juzgar o exigir que otro deje de sentirse triste, sólo porque uno considera que su razón NO es motivo para sentirse así de mal.

Pero, no se puede vivir triste toda la vida, ya que la tristeza a la larga: amarga y ocasiona problemas de salud más serios.

Ofrecer una mano amiga, dar una sonrisa o algunas palabras de ánimo, son acciones de compasión y de responsabilidad humana.

Es injusto decir que la tristeza es mala. Los sentimientos no se deben de calificar. Éstos ubican el estado de ánimo y la forma en cómo se integran las experiencias y las emociones en la mente.

A medida que uno reconoce, valida y permite que los sentimientos incómodos existan, sin pena, sin culpa y sin rechazo, entonces uno adquiere una visión panorámica de lo que le sucede y de cómo está reaccionando ante lo que está sintiendo.

 

El valor que la tristeza da es la reflexión

Además de poder reconocer que hay personas que están cerca y que se preocupan. Gracias a la tristeza uno aprende a ser más atento, más noble y más compasivo con los demás. Cuando uno se siente feliz, rara vez se toma el tiempo de apreciar lo que es obvio y preciado.

Sólo cuando uno se siente derrumbado o solo, entiende el valor de la amistad, del amor y la alegría; puede ver la bondad escondida, y aprecia las cosas diminutas.

La única manera de enfrentar a la tristeza es dándole la cara, de frente. Encontrando el tiempo para reconocer el dolor, aceptar la pérdida y el vacío que se siente, para luego reconciliarse con gratitud por lo que se tiene, lo que se tuvo y lo que se perdió.

Cuando se acepta la tristeza como una parte del sentir,  entonces se puede sanar una porción de dolor, se aprende a ver con más claridad y sabiduría lo que es; y lo más importante, se reconoce el amor propio y la compasión, sin sentir pena por uno mismo, y ese es el regalo más grande que la tristeza puede ofrecer.

 

LA RECETA

Aceptando la tristeza

Ingredientes

Valor – fortaleza para sobrepasar los momentos de soledad.

Compasión – bondad con uno, amor propio, palabras nobles, aceptación.

Paciencia –  darse el tiempo para reflexionar y sanar.

Confianza – certeza que todo se puede mejorar o cambiar.

Calma – meditar, reflexionar y dejar fluir.

 

Afirmación Positiva para aceptar a la tristeza

Me permito sentirme triste. No le temo a la tristeza porque sé que este sentimiento me enseña a apreciar los detalles que la alegría no me deja ver. Respiro profundo y lleno mi corazón de esperanza y fe. Sé que la tristeza no es permanente y tengo el valor para aprender mi lección, recuperar mi ánimo y mi equilibrio. Dejo fluir libremente mis sentimientos. Mañana saldrá el sol y otro día será.

 

Aprendiendo de la tristeza:

 

  1. Aceptar a la tristeza y las cosas que causan dolor no quiere decir que uno las está aprobando. La aceptación evita que la tristeza paralice o encienda el enojo que puede intoxicar al alma, y exponerla a problemas más serios.
  2. La tristeza no es un castigo, y nadie puede decir el por qué hay personas que sufren más. La tristeza es un sentimiento que hace a la persona que sufre más tolerante, más sensible y más sabia. Puede ser que la tristeza sea un medio para desarrollar el carácter personal.
  3. Las pérdidas y las decepciones son inevitables; no luchar para sobreponerse es opcional. Permitir que la tristeza rompa el ánimo sólo aumenta la pena y el dolor. Hay que luchar para que la tristeza no se robe la fe y las ganas de seguir adelante.

 

“La tristeza es el mejor testimonio del crecimiento espiritual y del trabajo personal que forja el carácter para ser mejor”

 

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