Cata Vino VS Café

POR CLEOFAS ARREOLA

SEGUNDA DE TRES PARTES

En nuestro artículo anterior hablamos de la cata, y en qué consiste específicamente la de café, hoy la contrastaremos con la del vino, y tocaremos los puntos a saborearse, degustarse, y calificarse, porque también de eso se trata la cata.

En el caso de querer catar al elixir de la vid, la técnica es fácil de aprender, pero es difícil dominar su arte.

Los instrumentos típicos necesarios para una cata son:

  • Una mesa cubierta de mantel blanco.
  • Una lámpara que provea buena iluminación.
  • Un recipiente para el vino que se descarta (escupe).
  • Copas que deben ser de cristal incoloro y fino y de pie largo, con una boca más estrecha que su cuerpo (forma “de tulipa”).

Aroma o fragancia

En el Café los aromas deseados son dulces, florales, ácidos agradables, frutos secos, etc. Los que no deberíamos percibir son aromas a goma, químicos, cuero, plata o madera seca.

En el Vino los aromas deseados son frutales, florales, herbáceos, tostados y especiados, valorando su limpieza, complejidad e intensidad

Cuerpo con el tacto de la boca y paladar percibirás la sensación que produce la densidad de la bebida y de sus elementos.

  • En un café el cuerpo puede ser cremoso, ligero, lleno o redondo.
  • En el vino se cata: la astringencia dada por los taninos, materia y cuerpo, equilibrio, etc.

 

Sabor

El sabor de un café puede ser ácido o dulce, y en función de estos puede ser de acidez brillante, suave, balanceante o de dulzura frutal, floral, achocolatada, almendrada, etc. El sabor del café varia a medida que este va avanzando por el paladar, percibiendo primero los dulces, después los salados, y finalmente los ácidos y amargos.

El sabor del vino la menor o mayor graduación alcohólica se percibe en boca también, porque el alcohol produce una sensación cálida y dulce.

Para distinguir los aromas se clasifican las diferentes gamas

Los aromas primarios o varietales son muy característicos e identificables, predominan las series florales, frutales, vegetales, minerales y a veces especiadas.

Los aromas secundarios procedentes de las levaduras, de la transformación del azúcar en alcohol o de la fermentación malo láctica son los más frecuentes y abundantes en los vinos. En esta gama predominan las flores, las frutas, las especias y las notas vegetales.

Para los aromas de crianza o bouquet las gamas se multiplican: florales, frutales, miel, madera, café, chocolates, y otros.

Luego se buscan solo las sensaciones ácidas y amargas, los ácidos se notan en los laterales de la lengua, y los amargos en la parte posterior.

Esos sabores amargos se deben a los taninos, donde en el caso de los vinos tintos, los taninos ponen la lengua rasposa y los labios tirantes.

Cuando el vino se calienta en la boca, se comienzan a apreciar más los aromas, ya que la boca y la nariz están íntimamente ligadas.

Por lo pronto, ahí la dejamos: Buen café o tendré que decir también ¡¿salud?!