Araceli Almaraz Alvarado

Araceli Almaraz Alvarado

Provoca al presente para hacer historia

 

Por Jeanette Sánchez

Liberar su servicio social dedicando horas a recortar periódicos fue tan poco llamativo para Araceli Almaraz Alvarado que la llevó a buscar en el directorio telefónico alguna institución que le ofreciera algo más apto a sus inquietudes y capacidades. Hoy, 25 años después, esta bajacaliforniana es parte del grupo de tres investigadores que representa a la entidad en la Asociación Mexicana de la Historia y una de las pocas investigadoras dedicadas a la historia económica en esta frontera.

Licenciada en Sociología Urbana por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Almaraz Alvarado va hilando sus memorias y poco a poco redescubre los claros mensajes que la vida le daba en sus primeros años de adolescencia respecto a lo que le deparaba el futuro.

“Yo tenía la idea de irme a estudiar sistemas computacionales, que era de las carreras nuevas en ese momento y entré a una vocacional del Politécnico, fue muy duro, aunque yo no era tan mala para las ciencias duras reprobé física y a pasarla en extraordinario; ya en los últimos semestres nos impartían la clase de Desarrollo Socioeconómico, una materia que me encantó y ahí fue cuando descubrí otro mundo”.

“Previo a esos años de universidad recuerdo que mi papá era administrador de la revista del México Agrario y yo le ayudaba al leer las galeras, yo tendría 13-14 años y ya estaba leyendo cosas sobre el reparto agrario, el atraso rural, social, sin darme cuenta eso se fue quedando en mí y revivió años después con aquella materia”, afirma la maestra en Desarrollo Regional.

Con una motivación renovada

La hoy destacada investigadora de El Colegio de la Frontera Norte se convirtió en estudiante de la UAM y cuando debía cumplir con su Servicio Social se negó a recortar periódicos en la sala de maestros.

“Fui muy feliz en mi universidad, me fui por la rama de la sociología rural y queriendo buscar una mejor opción para mi Servicio busqué en el directorio telefónico y ahí encontré lo que en ese tiempo era Sedesol y su área de Participación Ciudadana para el Desarrollo Urbano”.

“Así llegué como becaria y tenía participaciones que me encantaban, incluso me ofrecieron una plaza. Curiosamente mis compañeros me felicitaron por ello, pero al mismo tiempo me dijeron que no aceptara esa oferta porque me estancaría y que yo tenía mucho potencial”.

Fue ese mismo grupo de compañeros que le dio a conocer la convocatoria del programa de postgrados de El Colef. Almaraz Alvarado se postuló y logró que la becaran. Su aventura por Baja California inició en ese momento.

“Ya casi para terminar mi maestría me hablaron mis amigos de Sedesol y me dijeron que, si podía quedarme en Tijuana lo hiciera, porque allá no había oportunidad de integrarme en alguna área. Tuve la fortuna de que El Colef me contratara, eso fue en enero de 1997”, refirió el también miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

 

El competido mundo de la investigación

“Ya cuando realicé mi doctorado, en 2006, 2007, es cuando me vuelco a la historia propiamente. Fue un momento crucial porque dejé atrás los proyectos de otros investigadores para producir los míos y encontré un nicho en el que había pocos investigadores”.

Aunque este crecimiento profesional y de especialización se retrata por Almaraz Alvarado como muy natural: ir de un objetivo a otro, abrir nuevas puertas, generar cada vez proyectos de mayor impacto; el proceso no fue fácil. “Creo que el momento más difícil en mi trayectoria fue tomar la decisión de no tener más hijos, aun cuando como pareja los deseábamos. En mi caso, tener una pareja que también se dedica a la investigación y al tener solamente una hija pude más fácilmente solventar algunos obstáculos que quizás otras compañeras no”.

“Fue un momento donde puse el ámbito profesional por encima de mi vida personal. No me arrepiento… Hoy empiezo a ver los frutos de aquellos años, estamos hablando del 2002 y anteriores, cuando tuve que enfrentar desde ser mujer, ser investigadora y, además, ser joven. No son propiamente las características que te ayudan en ciertos momentos, en varios proyectos te toca hacer el trabajo pesado, estar atrás, atrás, atrás; te tocaba ir al último en las publicaciones, atender el trabajo de campo y, a veces, sin reconocimiento por todo ese trabajo”, expresó la doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Estudios Regionales.

“De 2017 a la fecha he encontrado espacios donde hay oportunidad de aportar y que mi voz sea escuchada desde mis libros, mis artículos, mis capítulos; pero aún hay mucho por hacer, en el Sistema Nacional de Investigadores somos muy pocas mujeres, el total de sus miembros son alrededor de 30 mil y de esos menos del 40% son mujeres; además de que en sus niveles altos son hombres los que están a cargo.

“Hace unas semanas, el dueño de la que fue la casa de Abelardo L. Rodríguez me llamó para transformar la planta baja en un museo; este proyecto tal vez será parte de ese legado que quiero dar a esta generosa tierra que me adoptó”.

“Yo quiero dejar huella en la historia de esta región, no solamente de Tijuana, o Mexicali o de Ensenada sino de Baja California. Quiero ser miembro nivel tres del Sistema Nacional de Investigadores, entrar a ese grupo tan pequeñito de mujeres y con hechos decir: si podemos”.

 

 

 

“A las mujeres nos toca seguir aportando desde donde nos encontremos, eventualmente nos cruzaremos con personas que reconocerán nuestros talentos y nos llevarán a otros puntos donde crecer y compartir experiencias”

 

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