Alexandra Cecilia Dibble

Alexandra Cecilia Dibble

De alma incansable y aventurera

 

Tijuana me dio libertad para ser quien he querido. Estoy plena, encontré mi lugar en una comunidad donde soy muy feliz”

 

Por Jeanette Sánchez

 

La fractura de un pie hizo que Alexandra Cecilia Dibble pensara en jubilarse luego de casi 40 años de labor profesional como periodista, pero fueron esas mismas cuatro décadas de experiencia las que le dieron un vuelco a su vida.

“Me fracturé un pie, eso me dejó en casa varias semanas y al regresar a trabajar me tocó cubrir la caravana centroamericana, ahí vi que el periodismo es una actividad para gente joven, no vi con tristeza la posibilidad de retirarme, simplemente lo acepté”, expresó.

Mejor conocida como Sandra Dibble, recordó que cuando habló sobre su jubilación con los editores del San Diego Union Tribune, le dieron una noticia inesperada.

“Me propusieron hacer un podcast que tuvo su lanzamiento en abril, este proyecto me tomó por sorpresa, ¿por qué yo?, me pregunté. Me explicaron que narraría la historia de Tijuana a través de mis experiencias, Border City es parte de Nuestra Voz Today, una colaboración entre San Diego Union Tribune y Los Angeles Times; es un gran compromiso y me obliga a salir de mi zona de confort, a exponer mi voz y mi persona”.

“Hoy me siento más libre para expresarme, nunca en la vida soñé con hacer algo así al final de mi carrera, no veía posible tampoco trabajar con esta tecnología, aprender a manejar el audio y la imagen, yo he sido de la escritura en papel”.

Sandra llegó a Tijuana en la primavera de 1994, pocas semanas después del asesinato de Luis Donaldo Colosio y es también en primavera cuando este 2022 sale a la luz el podcast que la lanza a una nueva etapa en su vida profesional, una vida que no imaginó jamás.

Jamás una princesa

Debido al trabajo de su papá, un diplomático estadounidense, Sandra nació en Egipto, siendo la segunda de tres hijos. “Soy la única mujer, he sido la más rebelde, la más peleonera, jamás fui una princesa, soy muy independiente”.

Dibble recordó la vida nómada que llevó durante sus primeros años de vida por el trabajo de su padre. “Vivimos en Turquía, Austria, Estados Unidos, Suiza, ahí estudié la primaria. Viajar era lo normal para nosotros, así crecí hasta casi los 13 años cuando nos asentamos en Washington”.

“Era buena para los idiomas, tuve una maestra española refugiada, ella sentó en mí las bases de este idioma, me despertó el amor por su literatura, Lorca, Borges, la generación del 98, luego entré a la universidad con poca idea de lo que quería estudiar, terminé con un bachillerato en árabe, eso fue fácil por mis antecedentes”.

 

Por encima de sus privilegios

Apasionada del baile y el canto, Dibble recordó que buscó estudiar una maestría en Relaciones Internacionales. “No tenía idea de lo que quería, veía la carrera diplomática de mi papá y creía que esa podría ser una posibilidad para mí; estudié en Columbia University en Nueva York.  Tuve privilegios, pero me faltaba rumbo, tomé un curso en la Escuela de Periodismo y descubrí mi pasión”.

“Quería andar en la calle, conocer gente, hacer entrevistas, escribir, ya tenía 25 años y fue cuando le vi el sentido a mi gusto por la escritura, los idiomas, la literatura. Encontré el periodismo y nunca lo solté”.

“Tuve algunas colaboraciones sin pago, como aprendiz, en Naciones Unidas y en una agencia de noticias en México, mi primer trabajo formal fue en el Miami Herald, desde ese momento yo me enfrenté con el fenómeno migratorio, me tocaba cubrir la llegada de cubanos en balsas improvisadas; esos sacrificios de la gente por buscar una mejor vida me confrontaron con mis privilegios”.

“Con el tiempo mi pasión por el periodismo se reflejó en historias diversas, incluso en lo más cotidiano, como el primer día de escuela, las sesiones de cabildo donde discuten por el presupuesto, porque te das cuenta que todas las acciones afectan a un grupo, a comunidades enteras, son vidas”.

En este recuento de memorias, Sandra compartió que logró uno de los sueños que tenían los niños de su generación: “Soñábamos que un día trabajaríamos para National Geographic y viajaríamos por el mundo, yo trabajé para esa revista y tuve oportunidad de conocer muchos países, pero no fue tan fantástico y renuncié. Yo buscaba más libertad para escribir y ahí los enfoques estaban muy marcados, editorialmente hablando”.

 

Una nueva oportunidad

Con casi 40 años de edad, Sandra tuvo una oferta para ser corresponsal del San Diego Union Tribune en Tijuana. “Yo estaba soltera, sin hijos, así que aposté por esa nueva oportunidad. Vine en cierta forma buscando empezar de nuevo. Mi plan era estar un año, pensaba que era algo bueno para mí porque era una zona multicultural, igual que yo”, ríe.

Llegó sin conocer a nadie, enfrentó la soledad. “Recuerdo la historia de una escuela construida por los propios padres de familia, a mí me pareció gente muy valiosa, necesitan una escuela y la construyen. Pasé mucho tiempo explorando comunidades, recorriendo sombrerudas, eso no se ve en Washington, había tanto color y tanta vida, me dio la oportunidad de convivir con la gente de verdad, en el camión, en el mercado, en la calle. Aquí uno convive más.

“Llegué a Tijuana y me reencontré a mí misma, con el paso de los años me liberé, generé una familia con personas que elegí como hermanos, comadres, ahijados que me hacen sentir plena y feliz, la familia también es la que creas, no solo la que procreas”, concluyó.

 

Sandra Dibble

Reportera fronteriza

Podcast: www.sandiegouniontribune.com/bordercity

 

 

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