Alejandra, Paola y Romina, sanan cicatrices de perritos vulnerables

Alejandra, Paola y Romina, sanan cicatrices de perritos vulnerables

 

Por Janet S.

 

El amor por los animales, la preocupación por su salud, la alegría de un paseo, la ternura de un lengüetazo, la felicidad de sanar heridas o la emoción por hallar a quien esté dispuesto a tener un nuevo acompañante son solo algunas de los sentimientos que experimentan Alejandra Ávila, Paola Rivera y Romina Llorenz, voluntarias del centro de Control Animal Municipal (CAM) un lugar que además les obsequió la oportunidad de hacerse amigas.

Ale, Paola y Romina asisten de forma constante al CAM, aunque no se conocían previo a ello, ahí poco a poco fueron descubriendo sus afinidades y surgió entre ellas una amistad que hoy les permite no solo compartir su interés por los perros en situación de vulnerabilidad, sino otros intereses y momentos.

“No nos conocíamos antes de encontrarnos en Control Animal, ahí coincidimos y descubrimos que tenemos intereses en común, además de que somos las que tenemos más tiempo como voluntarias, porque la gente va en algunas ocasiones o por temporadas”, refirió Alejandra Ávila, egresada de la carrera de Administración de Restaurantes y Hotelería en Le Gordon Bleu College de Pasadena, California.

 

 Generar conciencia es su objetivo

Aportar todo su tiempo, su esfuerzo y su cariño en cada visita que hacen al CAM es solo el principio de su labor, para este grupo de amigas, el interés va más allá, pues conocen de cerca las necesidades de la población de animales que tiene el CAM y también el impacto que en la comunidad tiene el alto número de perros abandonados o maltratados.

“Buscamos cambiar la imagen de lo que es Control Animal, que conozcan lo que ahí se hace. No existe eso de la exterminación de perros callejeros, hay un trabajo de rehabilitación y un programa de adopción”, precisó Ávila.

“Para nosotros es importante que la gente esté informada al respecto y poder canalizar la ayuda de quienes están interesados en brindar apoyo ya sea con medicinas, tratamientos o con el proceso de adopción”.

Y es que desde su experiencia saben que el mayor daño que tienen los perros en situación de calle es la desinformación que se tiene sobre las posibilidades que existen para que la gente ayude a disminuir el número de ellos y sean integrados a hogares donde se les brinde una mejor vida.

Coinciden además en que hace falta mucha difusión sobre lugares como el CAM donde la comunidad puede aportar desde comida, medicinas, recursos para tratamientos, hasta una simple visita y tiempo para pasear a los perros que están ahí resguardados.

 

 Hoy su vida ha cambiado

Alejandra Ávila recuerda que encontró en el programa de voluntariado una alternativa para rehabilitar caninos sin que implique costear de su bolsillo todas las necesidades.

“Yo no soy rescatista ni nada, pero por varios años rehabilité perros y yo cubría todos los gastos, pero llegó un momento en el que me quedé sin dinero, literalmente, fue cuando supe de Control Animal Municipal y desde entonces asisto y colaboro con todo lo que esté a mi alcance”.

Por su parte, Romina Llorenz, egresada de la licenciatura en Mercadotecnia de la UABC, expresó que en lo personal sintió la necesidad de hacer algo que fuera de mayo impacto. “México como país tiene un gran problema de perros en situación de calle y maltrato animal, me movió querer hacer algo más”.

“Por eso decidí inscribirme en el voluntariado y desde el primer día comprobé que fue una decisión correcta, al verles su carita y todas las necesidades que tienen”.

“Hay mucho por hacer y sientes que lo que aportas es poco, pero sabemos que es una suma de buenas voluntades que poco a poco hace eco y espero que más gente se anime a participar como voluntarios o por medio de otras actividades para beneficiar a los perritos”.

En el caso de Paola Rivera, química farmacobióloga egresada de la UABC, la motiva ver que “en equipo hacemos más, es muy satisfactorio, y sabemos que, si a veces no podemos ir de todos modos estamos buscando donativos, apoyo para medicamento, para tratamientos que requieren algunos perros o gatos enfermos”.

“Trabajamos también promocionando el programa de adopción, de esterilización, fomentamos la conciencia en varios temas relacionados”, dijo.

 

Una labor que llega al corazón

Conocer se ve de cerca todo el sufrimiento que tienen los animales en abandono, las enfermedades que desarrollan, el maltrato puede ser una experiencia impactante y eso motiva a trabajar más por ofrecerles mejores condiciones, las emociones pueden verse afectadas, y así les sucedió a ellas.

“No es fácil, las primeras veces regresaba a mi casa llorando al ver casos tan tristes de perros enfermos”, manifestó Alejandra.

“Hay perros con los que te conectas y generas una convivencia, te conviertes en su apoyo, te dan su confianza, porque el maltrato que sufrieron los lleva a ser retraídos o furiosos, y cuando uno los apapacha, los baña, los pasea, ellos recobran su carácter”, explicó Paola.

“A veces no resistes y terminas adoptando a uno o a más perros, te encariñas; otras veces sabes que eres tú quien puede darle la vida y la atención que merece, porque padecen alguna enfermedad o tienen una situación especial”, enfatizó Romina.

 

“Decidí inscribirme en el voluntariado y desde el primer día comprobé que fue una decisión correcta, al verles su carita y todas las necesidades que tienen”

Romina Llorenz

 

“Hay perros con los que te conectas y generas una convivencia, te conviertes en su apoyo, te dan su confianza”

Paola Rivera

 

“No es fácil, las primeras veces regresaba a mi casa llorando al ver casos tan tristes de perros enfermos”

Alejandra Ávila

 

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