Acciones para una vida más sustentable

Acciones para una vida más sustentable

Prácticas sencillas que impactan en la cosina

Por Ana Laura Martínez Gardoqui

Cocinar de manera más sostenible contribuye a reducir el impacto ambiental y a ahorrar dinero.

Al cocinar, además de pensar en cómo hacer los platos más deliciosos, sanos y nutritivos, se puede también ser más consciente y sostenible con nuestro planeta.

Acciones como ahorrar energía o agua, consumir productos locales o evitar el desperdicio de alimentos contribuyen a reducir nuestro impacto ambiental y, de paso, ahorrar dinero.

Aquí se señalan algunos consejos para cocinar de forma más respetuosa con el medio ambiente.

1. Ahorra energía

La gran mayoría de los consumidores destinan a cocinar casi el 10% de la energía de sus hogares, según datos del Instituto de Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).

Para reducir este gasto se pueden asumir varias medidas: Intentar que la cocina se ajuste a nuestras posibilidades reales; instalar sistemas eficientes, como placas de inducción; tener ollas o sartenes que encajen con el tamaño de la placa para evitar pérdidas de calor; elegir ollas exprés o, al menos, poner tapas en las cazuelas para que no se vaya el calor; aprovechar el microondas para calentar los alimentos e, incluso, para hacer platos sencillos (consume menos energía que el horno); dedicar el horno a lo imprescindible aprovechando al máximo su espacio y ajustando lo mejor posible los tiempos de cocinado, etc.

2. Reduce y reutiliza el agua

En la cocina, al igual que en el resto del hogar, se pueden instalar diversos dispositivos para ahorrar agua, como atomizadores en los grifos (y arreglar sus fugas y goteos), así como lavavajillas de alta eficiencia, que consumen menos agua que lavar a mano.

Si se opta por esta última opción, al menos utilizar barreños o cuencos, y si se cuenta con dos pilas, una se puede usar para enjabonar la vajilla y otra para aclarar. El agua utilizada para cocinar o fregar (aguas grises) se puede reutilizar, al igual que el agua de la lluvia.

3. Consume productos locales, de temporada y ecológicos.

Si no se tienen ganas de cultivar un huerto urbano, la mejor manera de conseguir alimentos más frescos y cercanos es mediante los productos de “kilómetro cero”, también conocidos como de “proximidad” o de “cadena corta”. Productores y consumidores están en un radio de acción de 100 kilómetros como máximo, de manera que se reduce la huella ecológica asociada al transporte, el uso de embalajes o el desperdicio de alimentos.

Los mercados locales son un buen lugar para encontrar estos productos de kilómetro cero. No obstante, siempre podemos fijarnos en sus etiquetas, donde se informa de su origen.

Además de locales, conviene que sean de temporada. De esta manera estarán en su momento óptimo de maduración y serán más frescos, sabrosos, duraderos y, normalmente, más económicos.

La producción con certificación ecológica se basa en unos criterios que respetan el medio ambiente, sus tiempos, su equilibrio, etc., y al consumirlos se contribuye a una alimentación más sostenible.

4. Cocina recetas más respetuosas con el medio ambiente.

Una vez que se tienen los alimentos, el siguiente paso es cocinarlos con recetas que tengan un enfoque ambiental. Durante el reciente Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama), se celebró un concurso con este objetivo.

Los ganadores fueron una “coca de trigo forment con rebozuelos, acelgas y anguila ahumada”, “boronía” y “tortilla de papas”. Merece la pena también pasarse por el blog del congreso que recopila el resto de las recetas propuestas.

5. Evita el desperdicio de alimentos.

La Comisión del Parlamento Europeo calcula que unos 179 kilos de alimentos en buen estado se desperdician por persona al año y que hasta el 50% de los productos aptos para el consumo que se desechan se convierten en residuos a lo largo de la cadena alimentaria.

Para evitar este impacto ambiental y económico, se pueden seguir varios consejos: comer la fruta con piel bien lavada; aprovechar las sobras para cocinar otros platos (sopas, huevos rellenos, canelones, croquetas, empanadillas…); organizar bien las compras y programar el consumo de alimentos para que no se estropeen; guardar alimentos en topers en el refrigerador y el congelador para alargar su vida, etc.

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6. Recicla los residuos.

Los residuos de materia orgánica generados al cocinar pueden aprovecharse con sistemas como el compostaje, del que se obtiene un material capaz de enriquecer plantas y cosechas, o de luchar contra la contaminación.

El aceite doméstico usado también se puede reciclar, una sencilla acción que favorece al medio ambiente por partida doble: Además de evitar que contamine ríos, suelos o perjudique las tuberías, se aprovecha para crear productos ecológicos como biodiésel o jabones. Y por supuesto, los envases de los productos también se reciclan en sus correspondientes contenedores.

7. Utiliza una cocina solar.

Ya sea para las típicas parrilladas al aire libre, o como alternativa en países del Sur, los hornos o cocinas solares son una buena opción para preparar alimentos de manera más sostenible. En la actualidad, se pueden encontrar modelos y tamaños muy diversos, si bien todos evitan la electricidad o el gas al captar la energía del sol.

Diversas iniciativas en todo el mundo se organizan para promover estos sistemas y se pueden encontrar recetas de todo tipo para cocinar con ellos.

8. Prioriza los alimentos vegetales. Modera el consumo de carne y derivados y lácteos.

La producción de alimentos animales (sobre todo carnes rojas, derivados cárnicos y lácteos por procedimientos intensivos) produce una huella medioambiental mayor que la de los elementos vegetales (cereales, frutas, verduras, hortalizas, legumbres y frutos secos) especialmente por la mayor emisión de gases de efecto invernadero, mayor consumo de agua y recursos energéticos y mayor utilización de superficie terrestre.

Además, tu salud lo agradecerá.

9. Consume alimentos de temporada, preferentemente.

Los alimentos de temporada respetan las estaciones y las condiciones climáticas propicias, proporcionando productos con mejo-res características organolépticas y nutricionales. Además, los alimentos adquiridos en su temporada suelen ser más económicos y sostenibles.

10. Revaloriza alimentos y recetas tradicionales y locales

La educación alimentaria es un elemento fundamental para la cultura e identidad de los pueblos y, por ende, la protección del patrimonio gastronómico y culinario en la comunidad debe suponer una prioridad para la propia sostenibilidad alimentaria.

11. Aprende a comprar y cocinar en compañía.

En familia o con amigos, el aprendizaje de unos hábitos alimentarios saludables pasa por conocer los alimentos, las técnicas culinarias y las habilidades básicas para comprar e incluso para producir los alimentos e ingredientes.

12. Interésate por la sostenibilidad y la equidad de los procedimientos agrícolas, ganaderos y pesqueros.

La sostenibilidad es importante a lo largo de toda la cadena alimentaria (producción, transformación y distribución), tanto en productos animales como vegetales.

El medio ambiente suele ser más vulnerable a la producción intensiva que a los sistemas tradicionales de producción, cría o pesca y, por ello, hay que fomentar los sistemas alimentarios armónicos y sostenibles.

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