Abstracción culinaria

Abstracción culinaria

 

Sacando las cualidades del arroz con leche -muy mediterráneo-, el té matcha, -japonés- y como perfume la vainilla de Papantla, Veracruz y el chocolate de Oaxaca resultó este postre, que te invitamos a preparar: arroz con leche, té matcha, vainilla y chocolate

 

Por Ana Laura Martínez Gardoqui

 

Según la Real Academia Española de la Lengua, abstraer es “separar por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción”.

Tras la llegada de la fotografía en el siglo XIX, la necesidad de reproducir el mundo exterior mediante la pintura comenzó a difuminarse y la representación gráfica de las emociones del artista ganó más y más importancia.

Primero fue el impresionismo a través de los efectos de luz y color empleados para retratar fugazmente a la naturaleza y el hombre; luego, la distorsionada fantasía expresionista del genial va Gogh y el ingenuo primitivismo simbolista de Gauguin; y finalmente, el cubismo de Picasso, el arte abstracto de Kandinsky y el expresionismo radical norteamericano fueron los que introduciendo novedosas técnicas y materiales transformaron radicalmente la pintura contemporánea.

Una revolución análoga que aún continúa se produjo en gastronomía con la irrupción de la nouvelle cuisine en Francia y sobre todo pasados más de 20 años, tras las revolucionarias propuestas de cocina de vanguardia lideradas por Ferran Adrià, para cuya designación quizás el calificativo más idóneo sea el de abstracción culinaria.: “La cocina es un lenguaje mediante el cual se puede expresar armonía, creatividad, felicidad, belleza, poesía, complejidad, magia, humor, provocación, cultura”.

Así que abstrayendo las cualidades del arroz con leche -muy mediterráneo-, el té matcha, -japonés- y como perfume la vainilla de Papantla, Veracruz y el chocolate de Oaxaca resultó este postre, que te invitamos a preparar.

 

Arroz con leche, té matcha, vainilla y chocolate

Arroz con leche, té matcha, vainilla y chocolate, un postre para disfrutar con cuchara en cualquier ocasión, pues es muy fácil de hacer. 

Ponle tu toque según sea tu gusto en cuanto a consistencia, cremosidad y dulzor.

Ingredientes:

Agua                                                                    700 ml

Arroz, ojalá del edo. De Morelos              175 gramos

Leche entera                                                    1 litro

Vainilla                                                                1 vaina

Mantequilla                                                      25 gramos

Azúcar                                                                 140 gramos

Té matcha                                                          6 gramos

Chocolate mexicano rallado                        cantidad suficiente

Procedimiento:

  1. Poner el agua en una olla, calentar, ya que hierva incorporar el arroz y dejar cocer aproximadamente 10 minutos, y escurrir.
  2. En otra olla, poner la leche con la vaina de vainilla abierta y llevar a fuego suave hasta que suelte el hervor y retirar del fuego.
  3. Separar una taza y disolver ahí el té matcha y el azúcar, reservar.
  4. Agregar el resto de la leche a la olla del arroz escurrido hasta que esté en el espesor y consistencia deseada.
  5. Sin retirar la olla del fuego, agregar el azúcar y el té matcha disueltos, mezcla bien durante un par de minutos mientras continúa en el fuego e incorpora la mantequilla, mueve suavemente con la espátula y retira del fuego. Retirar la vainilla.
  6. Colocar en vasitos transparentes y dejar enriar. Llevar al refrigerador hasta el momento de servir en donde previo hay que rallarle el chocolate.

 

Una vez que lo tienes listo para ser servido, propón a tus invitados el deleitarlo con conciencia plena o mindfulness que es una parte muy importante del matcha y aquí te explico por qué.

En japonés «cha» significa té, y «ma» significa polvo, por lo que la palabra Matcha se traduce literalmente como té verde en polvo. Se cree que las primeras semillas de té verde fueron traídas a Japón desde China por el monje zen Monk Eisai en 1191 d. C., quien las plantó en los terrenos del templo en Kyoto. Eisai, quien introdujo la filosofía Zen en Japón, fue la primera persona en moler y consumir hojas de té verde en forma de polvo.

Así, el Zen y el Matcha se unieron, en la forma de la exquisita ceremonia del té. La ceremonia del té celebra la profunda belleza de las cosas simples, lo extraordinario en lo ordinario, y tiene la intención de traer a todos los participantes al aquí y al ahora.

El consumo de té Matcha como el punto focal de la ceremonia del té fue una elección perfecta, ya que el Matcha estimula la presencia de la mente, el estado de alerta mental y un estado meditativo y tranquilo al mismo tiempo.

Comer es un acto cultural.

 

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