Y tú, ¿cómo te tomas la temporada navideña?

Y tú, ¿cómo te tomas la temporada navideña?

PORMARU LOZANO

Lo primero que pensamos es que cada vez la navidad llega antes, y que es algo positivo, aunque lo cierto es que la época se interpreta de diferente manera dependiendo de la edad y la situación.

Para un pequeño, diciembre se traduce en regalos, fiestas, momentos alegres y diferentes.

Para un adolescente, diciembre se traduce en obsequios, agasajos, pero también en el enfado de obedecer, y quizá visitar o pasar tiempo con quienes se frecuenta poco.  Puede molestar, por ejemplo, que se le restrinja el dispositivo electrónico que tanto le gusta usar.

Por otro lado, un adulto interpreta diciembre como una época de gasto económico, zozobra al recordar lo que “era” y ya no “es”, y en ocasiones, enfado por tener que “ceder”, hasta el grado de que enfermar y resfriarse resulta más soportable.  Pero por supuesto que para muchos, también es sinónimo de alegría; reunirse con los seres queridos, recibir abrazos y comer delicioso.

Para todas las edades es sin duda, un mes peculiar; una fecha que finalmente cobrará el significado que tú quieres que tenga.

Usualmente hay un líder que encabeza la reunión, pidiendo que todos se arreglen bonito, que la mesa esté espectacular y que, por favor, en ese momento se evite discutir porque es un tiempo “especial”.

¡La mejor actitud!

  • Enfatiza con frases positivas la presencia de los demás.  Si haces contacto visual, esto saldrá naturalmente.
  • Agradece el esfuerzo y lo que significa que cada uno esté, y lo que aporta.
  • Expresa lo feliz que te hace estar, ver, dar, recibir, degustar, convivir.
  • Conecta con todos.
  • Siéntete mejor antes, durante y después de la época invernal, poniendo límites a tus gastos.
  • En cuanto a las fiestas, sé realista con tus expectativas. Acepta que cada reunión es diferente porque estamos vivos y nos vamos transformando.
  • Cuidado con no excederte.
  • Pon atención a lo importante.

El balance

Estupendo estimar detalles, pero quizá no es adecuado un ritual de sufrimiento para ello.  Todo se puede ver desde la vertiente del dolor, definitivamente ¡el frío ayuda!, sin embargo, existen perspectivas más provechosas, aleccionadoras y alegres.

Si notas que en la familia alguien está flaqueando, llévale tiernamente al polo opuesto de su lamento.   Por ejemplo, si escuchas: “Todo está muy caro, lleno de gente que ni se puede comprar a gusto…”, como espejo refleja con sinónimos o antónimos para que se sienta escuchado y comprendido:  “Ciertamente  no es una época barata y uno quisiera disfrutar las compras…”, y enseguida, aprueba y apapacha su persona: “…pero tenerte a ti es un lujo. Me encanta que siempre te preocupa conseguir lo mejor… ¿cómo puedo ayudarte?”

No es una época de quedarnos callados ni escuchar pasivamente.  Todos estamos muy sensibles por mil motivos, y acariciar el alma con palabras asertivas podría marcar la diferencia en la memoria de todos.

No es el momento de poner en la balanza sólo dificultades, lo no logrado o engordado…  El mejor peso lo dará siempre la esperanza activa y el regocijo de constatar que somos capaces de hacer un esfuerzo, sentarnos a la mesa, reunirnos, reírnos y vivirnos como merecedores de la felicidad.

Eso es lo que parece decirnos aquella persona en la silla capitana, cuando nos exige respeto por la oportunidad única de estar en paz y valorar.

Propósitos

Todo cambio requiere un análisis.  Si es algo que puedes cambiar tú, entonces resuelve hacerlo a pasitos de bebé, con metas pequeñas y plazos cortos, y disfrutarás grandes logros.  Que lo que desees cambiar sea tan real y tan posible que lo conviertas en ¡un hábito!

Si lo que deseas es que algo cambie, ¡olvídalo!  Sólo se puede transformar lo que depende de ti… si no es así, entonces haz el milagro y cambia de actitud.  Recuerda que tienes en tu vida más control del que piensas. No eres una veleta, pero si te frustras de repente, ¡acuérdate de ti!.

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